Hispanidad

Es cierto que España duele. El espectáculo de nuestra nación es tan triste y lamentable que plantearse celebrar la fiesta de exaltación de la Hispanidad requiere un esfuerzo de concentración. El ruido es tan intenso que ahoga la señal. Resulta difícil pensar con serenidad en medio del torrente de estupideces con las que nos bombardean a diario.
En medio de la tormenta pienso que da igual cuan absurda sea una idea, al pueblo soberano se le puede convencer para abrazarla. La verdad es que ese esa es una zona oscura de la democracia que no ha sido resuelta. Hitler convenció a los alemanes de que la culpa la tenían los judíos. Y Hitler llegó al poder a través de unas elecciones.
Este terrible ejemplo debería bastar para advertirnos que no todo aquello que democráticamente se aprueba es moralmente bueno o verdadero. Pero aquí tropezamos con una paradoja para la que yo confieso no conozco solución. Si no todos los resultados de la democracia son válidos, ¿Debe permitirse suprimir los resultados ‘malos’? Y sobre todo ¿Quién decide cuales son los malos?. La autoridad que tuviera ese poder estaría por encima de la mayoría del pueblo soberano, que por esa misma tutela, dejaría de ser tan soberano y como consecuencia, el sistema no sería democrático.
Si una autoridad electa decide incumplir la ley en lugar de seguir el proceso reglado para cambiarla, ¿Es una autoridad democrática?. Si se justifica ese incumplimiento en un “clamor popular” que lo respalda, lo que se está postulando es un proceso no democrático, sino revolucionario. Pero mientras que los procesos democráticos se atienen a unas normas para poder determinar si son realmente democráticos, los procesos revolucionarios solo tienen una norma que los valide: el éxito. Si triunfan, son liberadores; si fracasan, eran bandoleros.
¿Puede un Estado de Derecho tolerar un proceso revolucionario en su seno? Evidentemente, no, pues dejaría inmediatamente de ser un Estado de Derecho. “Lex dura, sed Lex”. La ley es dura, pero es la ley. Su cumplimiento no admite excepciones porque la excepción pervierte el sistema. Si alguien cree que puede saltarse aquellas partes de la ley que no considera justas, otros podrían pensar que las partes que obligan a respetarle también son susceptibles de ser ignoradas y el encadenamiento de razonamientos de este tipo, lleva de forma inexorable al caos.

Escudo de España

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2 respuestas a Hispanidad

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  2. Roberto Pla dijo:

    Sorprendentemente, -o no- el Sr. Montilla, ex-presidente de la Generalitat está de acuerdo conmigo cuando en la entrevista que le hacen para El Diario, responde:

    Si la legalidad se puede dejar de lado con un argumento estás posibilitando que haya otros que puedan hacer lo mismo. ¿Cómo negarás a otros el violar las reglas del juego si tú lo haces?

    En otras cosas no estaremos de acuerdo, claro.

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