Controlador universal

Roboteam. un proveedor de sistemas robóticos terrestres tácticos con sede en Maryland, EE. UU., ha presentado una unidad de control capaz de controlar numerosas plataformas y cargas útiles simultáneamente a distancia. El control puede llevarse a cabo desde diferentes dispositivos, según las necesidades o situación táctica, gracias al software dotado de inteligencia artificial que puede correr en tablets o en terminales específicos, como el que ya disponía la compañía y que es similar a un controlador de videojuegos.

Controlador Universal

Denominado AI-CU por las siglas en inglés de “Unidad de Control – Inteligencia Artificial”. La unidad permite realizar maniobras complejas predeterminadas con un solo comando, navegación autónoma, reconocimiento facial, acepta órdenes por voz y otras habilidades relacionadas con la IA. El dispositivo responde a los estándares del ejército norteamericano para unidades de control operacional múltiple (MOCU). También permite borrar los datos de la plataforma remota en caso de que esta se vea comprometida, por ejemplo si un vehículo de reconocimiento aéreo fuera abatido o el enemigo avanzase ocupando el terreno donde un robot explorador terrestre pudiera quedar aislado y ser capturado, los datos que contenga el vehículo no se verían comprometidos.

Este software permite realizar el control de unidades pilotadas remotamente de una forma más sencilla, con un aprendizaje más rápido y teniendo que transportar menos impedimenta, aumentando la eficacia de las unidades en un ambiente de combate. El hecho de que con un solo terminal se puedan controlar diferentes vehículos lo hace especialmente útil: sencillo de transportar y más fácil de reparar o reponer.

AI-CU

En muy poco tiempo veremos aumentar la capacidad de controlar auténticos enjambres de vehículos tripulados remotamente, que realizarán sus funciones con gran autonomía gracias a la inteligencia artificial. Esta capacidad de los vehículos-robot de coordinarse y realizar maniobras básicas sin necesidad de recibir órdenes específicas para ello,  descarga al humano que los controla remotamente del trabajo de dar instrucciones detalladas para cada maniobra, limitándose a la  supervisión de la información y la asignación de objetivos. Por otra parte, el reducido coste así como la capacidad de coordinarse en grandes enjambres, serán, en un futuro inmediato, el factor decisivo en los combates en cualquier medio. El concepto que tenemos del combate actualmente quedará tan anticuado como las filas de fusileros con coloridos uniformes del siglo XVIII y la capacidad militar de un ejército se medirá por el número y nivel tecnológico de los robots que sea capaz de poner en combate. 

Diigo #raa875Nota: Este artículo fue originalmente publicado en “Revista de Aeronáutica y Astronáutica” en su número 875 correspondiente al mes de julio-agosto de 2018. Los enlaces referentes a este artículo pueden hallarse en Diigo siguiendo el enlace asociado al código QR de la izquierda

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Opentangle

Reconozco que en cualquier centro comercial me atrae la sección de papelería. Sé que no soy el único y es menos incómodo de explicar que la atracción por la sección de lencería, pero estas y otras intimidades y su relación con el consumismo quedarán para otro día.

Hoy quiero escribir sobre un descubrimiento que hice revisando el material artistico disponible en una gran superficie. Me llamó la atención un opúsculo sobre caligrafía y a su lado otro que hablaba de ‘Zentangle’. Yo no sabía que era eso y lo ojeé. Vi que era algo así como hacer garabatos con un método y estuve tentado de comprarlo, pero los mecanismos de autodefensa contra el ansia consumista funcionaron y pospuse la compra a la espera de informarme sobre el tema.

En una segunda visita le presté más atención y alguna de las cosas que leí encendieron mis alarmas. Propugnaba el dibujo de garabatos como un método de meditación, casi curativo. Toda la majadería esotérica me pone malo. Me parece que meditar sobre el ser, la verdad o la vida, como sobre cualquier otra cosa que sea de nuestro interés es algo muy positivo, pero me indignan los mercaderes que quieren venderte resinas olorosas imanes o piedrecitas, en definitiva, “espejitos y avalorios” con la promesa de que te conducirán a “un plano superior”.

En definitiva lo del Zentangle es una marca registrada de una pareja de avispados norteamericanos que recomiendan hacer los garabatos con una serie de normas y eso si: en los papelitos que venden con su marca, con los rotuladores que recomiendan, a los vendedores y gurús locales autorizados y demás parafernalia de mercadotecnia. Además del dinero, eso lo hacen por tu felicidad, para que medites mucho mientras trazas garabatos. Incluso se permiten ofrecer modelos con nombres que no sabemos si también estarán patentados.

Y por curiosidad, ¿cuales son estas ‘normas’ del Zentangle?. Habla, por ejemplo de dibujar en un papel cuadrado de 89mm. de lado. Unas dimensiones que no son caprichosas, son 3,5 pulgadas y es el tamaño de los papelitos de notas. Lo sé porque yo los uso mucho, de hecho mi serie “Garabatos” está dibujada en esos papelitos y muchos de los retratos que he hecho en el grupo “La Fiesta del retrato de Julia Kay” . Eso si, te recomiendan comprar sus papelitos, de una calidad superior. Es cierto que los papeles de los bloques para notas son de mala calidad, pero con usar papel bueno, os aseguro que puede ser de cualquier marca. Para muchos garabatos servirá el de los bloques de notas, para otros basta con usar folios de los buenos y en cualquier papelería que vendan material artístico encontrareis hojas de todas las calidades que se pueden recortar a cualquier tamaño.

Una de las cosas más graciosas es la especificación de las líneas que se pueden-deben usar. Básicamente son líneas rectas, curvas, dobles curvas, puntos gordos y círculos. Me parece tan ridículo que voy a incluir una foto, porque sospecho que a quien lea esto le parecerá que exagero.

Así de fácil. Otra de las recomendaciones es limitar con unas líneas el espacio de dibujo. Y realizar un dibujo que no tenga orientación. Es decir que pueda ser visto usando cualquiera de sus lados como base.

También recomienda no borrar líneas, sino aprovecharlas para integrarlas en el dibujo, usar preferentemente le línea negra y ocasionalmente algún toque de color. Y por supuesto una marca de rotuladores (por cierto, es una marca de calidad, es verdad) y sus kits para practicar.

Todo esto no pasaría de ser una técnica o un método para hacer garabatos más o menos útil o interesante. Lo que le confiere el carácter de tomadura de pelo son frases como:

“Haciendo Zentangle siguiendo nuestros patrones conseguirás una alta concentración mental que te aportará un agradable estado de relajación y tranquilidad. Esto se traducirá en bienestar personal.”

Aprende Zentangle por María Pérez-Tovar

Es difícil encontrar tantas estupideces juntas en una sola frase. No se trata de sugerir que medites mientras garabateas o que garabatees mientras meditas. Se trata de que sigas el método patentado (mejor pagando, claro) y obtendrás todos esos efectos benéficos para tu mente, pero ¡ojo!, si usas sus patrones, en otro caso no se puede asegurar el éxito.

Lo que me repugna de toda esta panda de magufos, curanderos, profetas, gurus de pacotilla, adivinos de nada y esquilmadores de todo es el uso de la mentira, el abuso que supone disfrazar su negocio de altruismo trascendente.

Me parece muy lícito vender material de papelería, estimular a la gente a dibujar, decirles que no hay que ser un genio como Velazquez para pintar, igual que no hay que ser campeón olímpico para hacer deporte.

También creo muy interesante meditar. Pensar sobre nuestros actos, el sentido de la vida, poner en orden nuestros pensamientos, repasar los recuerdos e intentar aprender de ellos para tomar nuestras decisiones en el futuro es algo realmente positivo. Nos aparta del ajetreo diario, nos permite dedicar un tiempo a nosotros mismos y sin duda nos ayuda a buscar la felicidad. Ni siquiera me atrevo a decir que a encontrarla, pero desde luego no conozco muchas referencias sobre consecuencias negativas de la meditación.

Y está claro que hay muchas cosas que pueden ayudarnos a meditar. Relajarse, un paisaje agradable, la música… casi cualquier cosa que nos resulte agradable y nos permita evadirnos del bombardeo de nuestros sentidos, nos predispondrá a estar atentos a esa persona a la que queremos tanto: nosotros mismos.

Y puede que unos de esos medios sea el dibujo. Aunque al tratarse de una actividad que requiere un cierto grado de atención, creo que sería más adecuado decir que se trata de un buen sistema para relajarse. Una especie de refugio donde resguardarse de los problemas diarios, el estrés, el ruido y en general ese bombardeo de los sentidos que supone la vida diaria.

Igual que escribir y otras tareas creativas, la mente se abstrae en mayor o menor medida de la realidad para concentrarse en la tarea y si los resultados nos satisfacen, o simplemente nos satisface intentarlo, se liberan esas endorfinas que nos hacen sentir bien.

Este fenómeno puede producirse con cualquier tarea que nos guste hacer. El problema que tiene el dibujo es que mientras que casi toda la humanidad se considera capacitada para hacer actividad física, llamarle deporte y sentirse unos campeones, frecuentemente renuncian a dibujar porque “no saben” o “no se les dá bien”.

Hay muchos argumentos para animar a dibujar y desterrar esos prejuicios, pero mostrar que se puede hacer fácilmente es uno muy bueno. Todos sabemos hacer garabatos. Y si no, el aprendizaje está al alcance de todo el mundo. Unas rayas, unas sombras, un garabato. Da igual si es grande, pequeño, gordo o fino, si quedó derecho o torcido si es curvo o recto. Es un garabato.

¿Por que no damos unas pequeñas directrices para garabatear? Quizás eso ayude a la gente a encontrar satisfacción en el dibujo y a descubrir que después de todo, si tenían ciertas habilidades plásticas.

Esta idea de que todos podemos dibujar es la parte positiva que he encontrado en Zentangle, aunque obviamente no la pueden incluir en su patente, es una idea generalizada.

Como no soy negociante, me gusta compartir lo que sé o lo que aprendo, y también respetar las propiedades de los demás, por eso dejaré que los dueños de la marca registrada sigan con su modelo de negocio. Eso si, les recomiendo vivamente a todos que no paguen por el aire que respiran, y que no gasten dinero en hacer ricos a aquellos que dicen tonterías.

Yo os propongo hacer garabatos. No por ninguna razón especial, sino por lo que hacemos todas las cosas: para ser felices. Y voy a hacer unos apuntes, no tanto como un método, sino como un conjunto de ideas que a mi me han sido útiles, y podéis hacerlas vuestras y hackearlas, compartirlas, ampliarlas, podéis incluso venderlas porque hasta el nombre va a ser dominio público. Le voy a llamar Opentangle, la técnica opensource hacer garabatos.

Estas ideas surgen de mi interés por averiguar en que consistía Zentangle. Mientras lo hacía iba tomando unos apuntes que se convirtieron en la definición de Opentangle. Un nombre que a pesar de mi animadversión por los barbarismos, me parece adecuado por su sentido contradictorio ( enredo abierto) y su relación con el movimiento opensource. Y no deja de ser un guiño de humor, que es una de las formas más sensatas de tomarse la vida. Aquí el documento del que ha nacido Opentangle:

Opentangle

Y por último, ¿existe un método para hacer Opentangle?. Sin duda alguna, se pueden hacer muchos comentarios sobre hecer garabatos. Y se pueden adoptar muchas actitudes al respecto. Dejarse llevar, seguir unas normas rígidas, solo usar lápices de colores, nunca usar lápices de colores…en realidad creo que no se deben limitar los estilos ni imponer el orden ni el caos. Cada uno tendrá su punto de vista, habrá quien lo considere un arte y quien lo vea como una técnica o un simple entretenimiento, y sin duda alguien está ya pensando que es una chorrada. Yo tengo mi propio punto de vista al respecto y sin duda lo explicaré. Estoy pensando en un texto sobre Opentangle al que no me gustaría llamar ni método ni manual ni nada que suene a limitación. Creo que me pondré a escribirlo y lo publicaré aquí mismo, bajo dominio público como el reto de mis ideas sobre Opentangle. Y espero que la idea os haya interesado tanto como para leerlo y empezar a hacer garabatos.

Cubículos Hojas Organico

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Soporte para el móvil

Me encanta ese pequeño trípode: pesa poco y me permite colocar una pequeña cámara en sitios increíbles. Sin embargo sospecho que no se trata del modelo original. Este me costó realmente barato y con el tiempo las articulaciones de sus patas han perdido fuerza y por tanto la capacidad para quedarse en una determinada posición o agarrarse a un soporte. 

Lo conservo porque en determinadas ocasiones sigue siendo insustituible, y es poco aparatoso. Además puede adaptarse a otros usos.

Me gusta más encontrar usos alternativos para los objetos cotidianos. Solucionar una necesidad con algo que tienes a mano es como hackear la vida. Una mezcla de satisfacción a lo Robinson Crusoe con toques de Nikola Tesla

Soporte de ciscunstancias
Un soporte de ciscunstancias

En casa tenemos soportes para el teléfono. Son ese par de placas unidas en forma de bisagra donde al abrirla se encaja el teléfono, manteniendolo como un atril para ser visto.

Pero en nuestra situación actual, es difícil saber donde están las cosas. Nunca están a mano o incluso, nunca están en la misma casa que tú y tu teléfono.

Eso me ha hecho ver con otros ojos este trípode de patas flexibles. Un “punto de vista” que me ha sido me ha sido muy útil y que quiero compartir por si os resulta de utilidad. 

¿Alguien más ha usado o creado un soporte de teléfono de ciscunstancias? Me encantaría tener noticias de ello.

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Un misil contra drones

La empresa norteamericana Lockheed Martin ha realizado pruebas con éxito de un nuevo tipo de misil en miniatura denominado MHTK (Miniature Hit-to-Kill) que resultaría idóneo para defender instalaciones o fuerzas en el campo de batalla de proyectiles de mortero, cohetes o pequeños aparatos tripulados remotamente, drones de pequeño tamaño que pudieran acercarse transportando una pequeña carga explosiva o portando cámaras para la realización de un reconocimiento cercano.

Lockheed y otras firmas del sector de la industria de defensa compiten en el programa “Indirect Fire Protection Capability” del ejército estadounidense, puesto en marcha para dotarse de sistemas defensivos contra ese tipo de amenazas. Entre las capacidades requeridas está que los sistemas sean capaces de reaccionar rápidamente, compactos, y precisos.

El modelo presentado por Lockheed Martin mide 72 centímetros, pesa 2.2 kilogramos y puede ser lanzado verticalmente. Eso elimina la necesidad de lanzadores oblicuos que deben colocarse sobre un soporte giratorio para dirigirse en la dirección aproximada del blanco. Simplemente, una vez lanzado, el misil gira en el aire hacia el objetivo.

La miniaturización se ha obtenido en base al aprovechamiento de la experiencia de la industria de equipos electrónicos de consumo civil. La presión del mercado ha hecho que los dispositivos móviles como teléfonos inteligentes tengan cada vez más potencia y sean a su vez muy resistentes, tanto a impactos como a interferencias exteriores o de sus propios componentes entre si. Esto ha permitido meter todo el sistema electrónico que controla el vuelo del misil dentro de un tubo de menos de 4 cm. Como propulsores se utilizan los mismos motores cohetes que impulsan asientos eyectables en los aviones de caza.

Hasta el momento, los misiles se acercaban a su blanco y una vez en su proximidad estallaban creando una nube de metralla. Eso hacia el misil más efectivo sin necesidad de asegurar la precisión de un impacto directo. La evolución de los sistemas de guiado permite que el sistema MHTK  destruya su objetivo por impacto directo. Este sistema de destrucción por impacto directo disminuye casi por completo la probabilidad de causar daños entre las fuerzas propias, a las que pretende defender, al no dispersar metralla.

Aunque la empresa no ha desvelado completamente la tecnología usada para conseguir el seguimiento de gran precisión que requiere está técnica se sabe que ha sido inspirado por la tecnología utilizada para obtener imágenes médicas a partir de rayos X, ultrasonido y endoscopia.

Después del periodo de pruebas, a principios del próximo año (2019), se resolverá a que empresas se considera finalistas para mejorar aún más sus sistemas que podrían estar en servicio en 2022. 

Nota: Este artículo fue originalmente publicado en “Revista de Aeronáutica y Astronáutica” en su número 874 correspondiente al mes de junio de 2018. Los enlaces referentes a este artículo pueden hallarse en Diigo

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Pequeños artistas

Han venido de vacaciones, a pasar unos días en la playa con nosotros, mi hermana y tres de sus nietos.
Aunque yo les conocía desde pequeños y les he visto con frecuencia en fotos, ellos no se acordaban mucho del tío abuelo, un parentesco muy lejano para tan corta edad. En cualquier caso es cierto que habíamos tenido pocas oportunidades de convivencia.
La piscina ha sido el gran atractivo de estos días. Vienen de Menorca y el mar, entiendo, no es una gran novedad. Yo también prefiero las calas de la isla a la playa de Barcelona y la piscina al mar.
Al plantearnos que actividades podíamos compartir, y dado que habían mostrado curiosidad por mis dibujos les hice una propuesta que aceptaron encantados: dibujar y pintar unas postales para enviarlas por correo a sus padres.
Saqué un cuadernillo que había comprado en el Tiger-store de Oporto, y utilizando los lápices, plumas, pinceles y pinturas que uso habitualmente, nos pusimos manos a la obra.

Postales

Creo que se lo pasaron bien, y desde luego demostraron unas cualidades excelentes. Sobre todo, como casi todos los niños, una gran imaginación y pasión por el color.
Intenté explicarles que la expresión es más importante que la exactitud de las formas y que el sentimiento supera a la técnica.
Como guía, se me olvidaron algunas indicaciones. Una de ellas, que apretar el lápiz contra el papel no mejora los resultados. Sin embargo su entusiasmo superó mis capacidades docentes, y a la vista están los resultados de Paula (12), Sergio (12) y Julia (6).
Las hemos franqueado con un sello y salieron con el correo, aunque es posible que sus padres, que ya han visto los resultados a través de las redes sociales, reciban antes a sus hijos que las postales: cosas del correo en los tiempos modernos.

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Story Telling

Me produce un cierto respeto comentar un libro que trata de como escribir bien. Me preocupa pensar que al leer la reseña, los lectores piensen que no lo he entendido en absoluto. Pero, quien no se atreve, no triunfa.
PortadaMe impulsa a hacerlo la emoción del hallazgo, ese deseo natural de compartir las cosas buenas que descubrimos.
Lo más interesante es la facilidad con la que se lee el libro, escrito en capítulos completos y breves, que pueden leerse de forma independiente y escritos de una forma muy didáctica. Cuando se acaba un capítulo uno tiene la sensación de haber aprendido algo, o al menos haber captado la idea que el autor quería transmitir.
Como nada es perfecto, hay algunas cosas que no me han gustado del libro.
En primer lugar el propio anglicismo del titulo. Por mi profesión y mi afición a la tecnología vivo rodeado por muchos anglicismos. Se, que elegir con cuales hay que transigir puede ser difícil. Muchos de ellos no se traducen por comodidad, ya que la mayoría de las personas a las que se destina el mensaje conocen su significado y suplantar su uso con un término en nuestro idioma puede ser difícil. Pero me gustaría defender una lengua tan rica como la nuestra y que hubiera un termino español para este concepto, como “Redacción historiada”, “Contar historias”, “Redacción de Relatos” o simplemente “Relatar”.
El segundo aspecto del libro que encontré francamente mejorable es el capítulo dedicado al llamado método de la Pirámide. Su esencia queda clara. Poner primero lo que engancha para captar la atención del público y evitar las introducciones tediosas. Pero mi siguiente deducción es que el método en si debe ser bastante complicado porque el autor que se muestra hábil y asequible desentrañando conceptos y poniendo ejemplos en otros capítulos,tiende un confuso velo sobre este.
Hechas las objeciones hay que insistir, en recomendar la lectura del libro a aquellos que quieran mejorar sus técnicas de redacción.
Personalmente he encontrado una gran satisfacción al encontrar desarrolladas y explicadas algunas ideas a las que había llegado por deducción y experiencia propia. Muchas veces los libros resultan interesantes, no tanto por que te descubran grandes misterios sino porque exponen de una forma ordenada y congruente cosas que ya sabías de forma desordenada. Ordenar las ideas no solo permite entenderlas mejor, también fijarlas y reforzarlas.
A esas pequeñas pero numerosas satisfacciones de ver ideas propias confirmadas, he añadido muchas otras nuevas, explicadas de forma clara y con referencias a fuentes para ampliar conocimientos.
Es de esos libros que después de leerlos los sigues disfrutando, volviendo a leer capítulos sueltos, tratando de resumir otros, buscando las referencias en la web que sugiere en sus capitulos y analizando textos propios y ajenos a la luz de sus páginas.
Algo que me ha gustado mucho es que la última linea del libro es la dirección de correo del autor. Me parece un detalle estupendo, algo así como dar la cara sin esconderse, haciéndose responsable de cuanto ha escrito.
Supongo que como docente, el autor está acostumbrado a hacerse responsable de sus afirmaciones ante sus alumnos, y debe ser de los que admiten preguntas en clase, pero ampliar la audiencia de posibles ‘preguntones’ a todos sus lectores, me parece un gesto digno de un valiente y también de alguien que ama profundamente aquello que hace.
Creo que el libro puede resultar interesante no solo a los que nos gusta escribir, a muchos profesionales que por su profesión tienen que escribir textos comerciales o científicos.
Aquellos que leen también podrán hacerse una idea de como afrontar textos pesados y disfrutar los textos bien escritos y estructurados.

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Guerra de minas

Existen referencias escritas desde la época de los romanos a la guerra de minas. La simple excavación de un túnel para provocar el derrumbe de la muralla o cuando se dispuso de ellos el uso de explosivos situados mediante un túnel bajo las defensas enemigas fue una táctica eficaz contra fortificaciones tan simples como una empalizada o tan perfectas como las fortificaciones abaluartadas del siglo XVII. Sin embargo la minería a la que quiero referirme nada tiene que ver con la poliorcética en el terreno práctico, aunque como concepto táctico no tiene tantas diferencias.
Cambridge Analytica es una compañía de minería de datos. Big Data es un concepto descrito por Viktor Schönberger en el ensayo “La revolución de los datos masivos” y que en una entrevista a eldiario.es afirmaba “Los datos masivos (o big data) son el nuevo oro”. Este concepto hace referencia a una cantidad de datos tan grande que aplicaciones informáticas tradicionales diseñadas para procesamiento de datos no son suficientes para procesaros y encontrar patrones repetitivos o establecer relaciones dentro de esos conjuntos de datos. Como en la minería, la obtención del preciado metal supone una técnica para hallar la veta, un sistema para separar la mena de la ganga y obtener el mineral útil. A esta técnica de recopilación y selección de datos se la denomina “minería de datos”. El desarrollo de la minería a través de los siglos y la importancia económica de esta ha obligado al desarrollo de leyes sobre la propiedad del subsuelo y las reglas de explotación o los conflictos entre partes. En la minería de datos estamos un poco como en el lejano oeste americano. Hay leyes, pero no siempre es posible aplicarlas, porque los mineros andan muy al oeste del Pecos, donde no siempre llega la Ley.
Y la verdad, ya que estamos en el Oeste, no me puedo resistir a mencionar que en este cuento nosotros somos los pieles rojas. Hasta ahora hemos disfrutado de nuestros datos en armonía con el universo compartiendo información con nuestra tribu y los pueblos amigos, pero los rostros pálidos ( y duros, diría yo) aparecieron un día y abusando de nuestra confianza nos están expropiando de los recursos sobre los que nunca creímos necesitar ejercer un derecho de propiedad. Una vez apoderados de nuestros datos, que muchas veces nosotros mismos les hemos entregado de buena fe los utilizan para vendernos baratijas y abalorios de escaso valor en un intercambio completamente injusto que nos empobrece y nos deja cada vez más indefensos.
Cuando hemos descubierto el valor de nuestros datos, hemos pensado que sería mejor protegerlos. Leyes, normas y empalizadas digitales se han levantado para proteger nuestro derecho a una vida privada, a la propiedad de nuestras ideas, a no desvelar nuestras intenciones o a que estas no sean descubiertas incluso antes de que nosotros sepamos que tenemos esas intenciones. Y a obtener información veraz con la que formarnos un criterio objetivo. Todos estos bienes los hemos protegido dentro de la empalizada.
Y aquí llegan los mineros de datos. Unos se acercarán a la puerta a pedir un derecho de explotación, pero otros no como los buscadores de oro, sino como como los atacantes de fortaleza excavarán por debajo de la empalizada para volarla y saquear nuestro datos, violando nuestra intimidad, matando nuestra iniciativa, destruyendo nuestra economía y arrasando nuestra democracia. Luego nos apresarán y nos venderán como esclavos.
Este más o menos es el argumento de esta historia. Los detalles morbosos los podéis encontrar en la prensa: cuantos millones de cuentas de Facebook capturadas, cuantas asaltadas desde la confianza otorgada a los contactos, cuantas manipulaciones, falsedades y bulos dispersados para crear estados de opinión, tendencias y juicios, no en beneficio de la justicia y la verdad, sino en beneficio de intereses espúreos, políticos o económicos, da igual. Pero solo son los detalles. Lo fundamental es que ahí fuera hay alguien cavando otro túnel hacia nuestros datos. Y que protegerlos adecuadamente es la única vía para librarnos de la miseria y la esclavitud.

muralla de datos


Nota: Este artículo fue originalmente publicado en “Revista de Aeronáutica y Astronáutica” en su número 873 correspondiente al mes de mayo de 2018. Los enlaces referentes a este artículo pueden hallarse en Diigo

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Qué aprendimos en la Academia

Con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, se celebró una recepción en el Palacio de la Merced de Barcelona, sede de la Inspección General de Ejército, cuyo titular es el representante institucional de las Fuerzas Armadas en Cataluña Aragón, Navarra y Baleares.
Me pidieron que en el marco de este acto dijera unas palabras sobre el 75 aniversario de la Academia General del Aire, que se conmemora este año.
Y este fue mi discurso:

Un momento del discurso Hola, buenas tardes.

Me piden que hable de la Academia General del Aire porque este año se cumplen setenta y cinco años de su fundación y de los que un día nos formamos allí, es probable que yo sea el más antiguo en activo que tienen a mano.
Quiero advertir que de los setenta y cinco años que conmemoramos, yo pertenezco a la primera mitad. Mi promoción es la número 34 de la Academia y egresamos como tenientes de la misma en el año 1982. Echen cuentas, hace 36 años. También es cierto que aunque la Academia de hoy es muy diferente a la que yo conocí, , hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian.

Entre las efemérides y las anécdotas con las que podríamos extendernos toda la noche, he pensado que lo más importante sería hablar de aquello que aprendimos en la Academia.

Como la mayoría de los paisanos que han ingresado en cualquier ejército, Yo y mis compañeros encontramos, aquel mes de septiembre de 1976, un montón de cosas que nos resultaban nuevas y a veces muy sorprendentes y los primeros días corríamos de un lado para otro como pollo sin cabeza.

Aprendimos a no decir “señor”, porque nos decían, allí no había señores, sino tenientes, capitanes,…comandantes, …y presentarnos ante un superior con la fórmula adecuada: “a la orden de usted, mi capitán, se presenta el caballero cadete…” cuadrado, en posición de firmes, la mirada al frente, voz alta sin gritar, cara de mala leche, también a no hablar si no te preguntan y a “clavar tacón” al marcar el paso.

Contada a través de anécdotas, la vida en la Academia resulta casi absurda debido a una disciplina y exigencia que resulta impensable en la mayoría de las unidades y se diría que no responde a la realidad. Y así es, porque en realidad se trata de una serie de mentiras. O acaso las maniobras no son una guerra de mentira, la simulación por ordenador no ocurre en realidad y es una mentira, los juegos de guerra son de mentira y en los simulacros hay fuegos, accidentes y muertos de mentira.
El entrenamiento y la preparación física se basa en la simulación de la competición y la repetición. Se trata de endurecer el cuerpo para que llegado el momento en que el esfuerzo sea necesario, este se realice con eficacia.

Este era el principio de vida en la academia. Vivíamos internos, aislados del mundo y sometidos a un régimen disciplinario severísimo. Los gorros tenían que estar en la taquilla de pié y con el escudo hacia afuera, las perchas con el gancho hacia adentro y la abertura de la chaqueta a la derecha, los zapatos con la punta hacia afuera, y el cenicero -si, teníamos un cenicero individual, incluso aquellos que no fumaban- limpio y boca abajo. Mil y un pequeños detalles cuya inobservancia provocaba arrestos que comprometían el tiempo libre o las salidas del fin de semana.

Teníamos asignaturas de materias muy diversas, las más cortas duraban un mes, otras un trimestre y otras se dividían en tres partes durante todo un curso. Ciencias y tecnologías asociadas con la aeronáutica eran la parte más importante, pero también había otras materias como derecho penal militar, normas y reglamentos, contabilidad, geopolítica, investigación operativa, inglés, psicología, sociología, didáctica, y así hasta 36 asignaturas en primero, otras tantas en segundo. 18 en tercero más el curso de observador y el de piloto para la escala del aire. Ya en el último año de academia, el curso dividía entre 12 asignaturas y las prácticas, de vuelo para los pilotos y de mando de tropa y ejercicios en el campo para nuestra escala que entonces se llamaba de “Tropas y Servicios”.

Como he dicho, los alumnos de vuelo efectuaban sus prácticas en tercer y cuarto curso. Para subirse al avión había que pasar el examen de procedimientos con un 85%, es decir debías saber donde estaba cada botón y secuencias de unas doce a veinte acciones en cada situación determinada antes de haberte subido jamás al avión. Cualquiera puede volar, pero en la academia había que demostrarlo en un número de horas determinadas, al cabo de las cuales si no se te consideraba apto para volar solo, eras baja en vuelo. Los Alumnos que causaban baja en Vuelo se incorporaban a la escala de Tropas.

Horarios estrictos, disciplina severa, arrestos frecuentes, actividades militares y deportivas extenuantes, …la Academia te obligaba a plantearte muchas veces si merecía la pena estar allí.

Cuando llegabas a casa en vacaciones, si se te ocurría dar unas pinceladas de tu vida a tus compañeros de bachiller, te miraban como a un marciano. En los primeros ochenta la vida de los universitarios era muy diferente a la nuestra.

Si tenías novia, normalmente solo la veías los fines de semana y un alud de obstáculos se interponían en tus citas: arrestos, servicios, ejercicios tácticos, incluso alguno se quedaba a preparar algún examen.

En una ocasión, durante un ejercicio de tiro, el capitán que lo dirigía me empujaba y ne daba cachetes en el brazo mientras yo disparaba, y me abrumaba con sus criticas y amenazas por que -según él- lo estaba haciendo fatal.
Cuando finalizado el ejercicio, cantaron la puntuación, y yo había hecho un 70% de impactos en la silueta. “Puedes hacerlo mejor”, me dijo. Yo protesté,
– “Pero mi Capitán!, si me estaba empujando e incordiando”, …su respuesta fue
– “Y tú que crees, ¿que el enemigo os va a echar piruletas?: Yo os entreno para sobrevivir en una situación de combate”.

Y esta es la cuestión. Los líderes ¿nacen o se hacen?. La Academia se basa en el convencimiento que el liderazgo puede aprenderse. A veces cuando conocíamos a alguna chica universitaria y nos preguntaba “¿y vosotros, qué estudiáis?” alguien contestaba en broma: “Ciencias Bélicas”.

Yo siempre he creído que si hubiera que resumir la esencia de la ciencia militar, esta sería la ciencia de la decisión.
Nuestra profesión nos obliga, sobre todo, a decidir. A veces con datos incompletos, asumiendo graves riesgos, que podrían implicar nuestra propia vida o la de nuestros hombres. Por eso en la Academia se nos entrenaba para tomar decisiones correctas en situaciones de estrés.

Se puede enseñar a resolver un problema de física o matemáticas, se pueden aprender leyes de interminables artículos, países del mundo y hechos históricos, se puede simular la gestión económica o la organización de una unidad, se puede disparar contra dianas que no se defienden, o a montar y desmontar el armamento o equiparse en un tiempo récord pero ¿como se simula una situación de tensión?. No se puede. Para que alguien responda como si estuviera estresado, tiene que estar estresado. Y ese era el objetivo de la Academia. Se nos sometía a una disciplina incluso exagerada, se nos cargaba de trabajo físico e intelectual y se nos obligaba a buscar siempre el limite de nuestra resistencia moral y física y se nos recordaba que la puerta de entrada era pequeña y estrecha y la de salida muy ancha y que además estaba abierta para cualquiera que quisiera renunciar.

El tratamiento era muy efectivo: Pasábamos una gran parte del tiempo encendidos como antorchas, pero también creábamos unos lazos fortísimos con aquellos que sufrían a nuestro lado, porque la presión sacaba lo mejor y lo peor de todos y nos permitía conocernos como puede que no conozcamos ni a nuestros propios hermanos. También hay que decir que los triunfos sobre la presión producían torrentes de satisfacción, autoafirmación y seguridad en nosotros mismos.

Muchos años después nos enfrentamos a las dificultades con una frase sencilla que resume esa formación: “en peores garitas hemos hecho guardia”.

Así que si tengo que decir que aprendí en la academia, diré que lo mas importante que aprendí es

Que el limite de una persona siempre está más lejos de donde uno mismo cree, que la mente domina al cuerpo y cuando crees que no puedes más, siempre puedes seguir adelante si tu mente quiere.

Que el estudio, el esfuerzo y el entrenamiento son la base del conocimiento y que este conocimiento se transforma en decisiones acertadas cuando también hemos entrenado al espíritu a permanecer sereno en medio de la locura.

Y que combinar esto con honradez, justicia y respeto por el prójimo te suele convertir en un líder respetado.

Si a esto le añades la convicción de que siempre te queda por aprender más que lo que sabes y que de cualquier persona y cualquier situación se puede aprender algo, es probable que pases la vida en camino de convertirte en sabio.

Estoy convencido que los alumnos de la Academia aprenden hoy en día estos mismos principios que para aquellos que pasamos por la Academia General del Aire, han marcado nuestra vida.

AGA75

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El cuaderno de bocetos de Auschwitz

Cuando visité el antiguo campo de prisioneros de Auschwitz-Birkenau dudé mucho sobre que tipo de recuerdo llevarme. No me gustan los recuerdos morbosos o tristes, quisiera poder sacar algo positivo o esperanzador de cada experiencia por triste o trágica que sea.
Durante la visita había estado haciendo dibujos en mi cuaderno de viaje, la mayoría poco detallados, porque no podía, sin descolgarme del grupo, entretenerme en los rincones que habría dibujado ni podía desplegar más utensilios que el cuaderno y la pluma estilográfica.
Estuve rebuscando en la tienda de recuerdos y sobre todo en la librería el libro que leería, no el que quedaría aparcado en la estantería diciendo simplemente “estuve allí”. Supe que era lo que estaba buscando en cuanto lo ví.

Portada

Inmediatamente pensé: “esto es el cuaderno de un Urban Sketcher en Auschwitz”. Una rápida ojeada al mismo me confirmó que el libro se vendría conmigo. Estaba en varios idiomas, también en español, pero me lo habría llevado aunque solo hubiera estado en alemán, al fin y al cabo, los dibujos son un lenguaje universal.
Y estos son profundamente expresivos. Suponen un testimonio excepcional de los crímenes cometidos en el campo, realizado con un cuidado y una precisión espeluznante y dotados de una estructura de reportaje gráfico que los convierten en un documento único.
Del autor solo se sabe que firmaba “MM” y se especula que pudiera ser un prisionero. Sin embargo a mi me sorprende la aparente libertad de movimientos con la que buscaba sus puntos de vista y la variedad de los mismos. ¿Sería un miembro del Sonderkommando? Así se denominaba el grupo especial de prisioneros al que los nazis obligaba a hacerse cargo de las tareas de exterminio, acarreando cuerpos en las cámaras de gas y otras tareas similares. Estaban aislados de los demás prisioneros para que no pudieran revelar el secreto que por su función conocían y hablar con los prisioneros que conducían a las cámaras de gas suponía pena de muerte, normalmente aplicada con suma crueldad. Los miembros del sonderkomando de Auschwitz consiguieron realizar en 1944 cuatro fotografías que son el único testimonio gráfico del proceso de los asesinatos en masa cometidos en los campos. El autor de los dibujos podría haber intentado lo mismo a través de sus detalladas escenas, en las que se recogen detalles mínimos de los uniformes o las matriculas de los vehículos. Podría haber sido un miembro del ZOW, la organización clandestina de resistencia creada dentro del campo por Witold Pilecki, un singular personaje que se infiltró y luego escapó del campo.
¿Se trataría de uno de los guardias del campo?, tampoco sería extraño que alguno de ellos sintiera removerse su conciencia ante aquellos crímenes. En cualquier caso, quien fuera, se jugaba la vida al levantar testimonio de las atrocidades que se cometían con los prisioneros.

Rampa

Como he dicho los dibujos forman un relato construido con la maestría de un autor de novela gráfica, y dibujados con una precisión de declaración sumaria. Los dibujos son la obra de un testigo de cargo contra los crímenes del nazismo.
Tras la guerra fueron hallados entre un montón de escombros, dentro de una botella. Es poco probable que su autor los abandonase o los perdiera. Tristemente lo más creíble es que conocedor de su final, buscase donde enviar un mensaje al futuro.
Toda esta historia resulta emocionante por su valor humano. Es precisamente el enfrentamiento de los peores crímenes con el sacrificio heroico, de lo peor y lo mejor del alma humana enfrentados, lo que da dimensiones épicas a los hechos acaecidos en los campos de exterminio.
¿Qué sentimientos recorrían la mente del dibujante de Auschwitz?, quienes dibujamos sabemos que el dibujo nos reconforta, nos permite evadirnos de los problemas, pero a veces también meditar sobre ellos, al tiempo que decidimos hasta donde ha de llegar la línea, cuanta sombra hay que aplicar en una zona o como representaremos ese detalle diminuto pero significativo.
También me he acordado, leyendo el libro y observando los dibujos, del manifiesto de los Urban Sketchers. Cuando se habla de que “Nuestros dibujos cuentan la historia de nuestro entorno, de los lugares donde vivimos y donde viajamos” (Pto 2) y que “Al dibujar documentamos un lugar y un momento determinado” (Pto. 3), pero sobre todo, “Somos fieles a las escenas que presenciamos” (Pto. 4). No me caba duda de que muchos años antes de que Gabi Campanario enunciase su manifiesto, el desconocido MM fue un practicante del mismo, levantando testimonio del holocausto “dibujo a dibujo”. Mi homenaje de respeto a todas las víctimas y agradecimiento para él.

Actualización 04/02/208. Naturalmente tenía claro que no soy el único al que se le había ocurrido hacer una reseña de este magnífico libro en su blog. Sin embargo al hacer una búsqueda por la red para satisfacer la petición de Lluisot de que ampliase las imágenes con vistas a incluirlas en su ya famosa newsletter que informa de novedades y calendario de atividades en el ámbito de los Urbansketchers en Cataluña, encontré dos datos que creo que no puedo dejar de mencionar en esta reseña.
El primero es constatar que como humanos estamos acostumbrados a la ley del mínimo esfuerzo. Por eso, después de buscar el libro en Amazon.es y no encontrarlo, pensé que no sería posible comprarlo a través de la red. Craso error. No solo le he encontrado en la librería online polaca E&M Books sino que además está a un precio fantástico, y que incluso con los gastos de envío incluidos sale a 6,23€ más barato de lo que a mi me costó en la librería del campo.
El otro dato es un artículo de el diario El Pais titulado “El arte que se escondía en Auschwitz, la mayor fábrica de la muerte de la historia” y en el que se hace referencia, no solo a los dibujos de “MM” recogidos en este libro sino también a otros artistas, de los cuales muestra en la galería de fotos algunas obras preciosas y testimonios igualmente impresionantes sobre el holocausto.

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