Organizocracia

Acaso nadie haya pensado nunca que el gobierno de los pueblos es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de los políticos. A mi sin embargo me parece que la política de las ideologías es completamente incompatible con el buen gobierno. Los partidarios de unas u otra facción frecuentemente están demasiado escorados hacia los afectos y pasiones que estas les despiertan como para percibir la realidad, pensar con claridad y buen juicio, adoptar resoluciones justas y desarrollar medidas eficaces.
El gobierno es una cuestión de organización. El hecho de que los aspectos organizativos raramente aparezcan explicados en las crónicas políticas descalifica por completo a los políticos.
Por otra parte a nadie se le escapa que en realidad los políticos, entretenidos en las discusiones teóricas sobre sus ideas, en realidad acaban haciendo lo que dicta el poder económico que es quien les permite llevar esa vida ociosa sin un trabajo productivo, irresponsable y ostentosa.
Una cuestión evidente a todas luces es que dejar las cuestiones del gobierno al arbitrio de la ambición económica ha de derivar en situaciones injustas y catástrofes sociales en medio de las mayores injusticias pues la más cruel de las tiranías es la de aquellos que no buscan otra meta que la acumulación de riqueza.
Hay una paradoja en la comparación de la política y la economía que consiste en que si bien todas las soluciones propuestas por los ideólogos políticos son en teoría buenas, como todas las soluciones propuestas por las diferentes escuelas económicas, la realidad es tozuda y en la práctica son todas malas. La democracia parlamentaria osa definirse como el menos malo de los sistemas políticos y mientras la economía capitalista deja desvalidos en manos de los ricos al resto de los ciudadanos, la economía totalitaria deja desvalidos a casi todos por igual menos a la aristocracia burocrática.
PolibioLlegó a pensar Polibio que en realidad las imperfecciones de los diferentes sistemas de gobierno llevaba a una alternancia entre ellos y así la monarquía derivaría en una tiranía y después en aristocracia, oligarquía, democracia pasando de esta a la demagogia para caer de nuevo en la monarquía…
Un profesor que tuve en mis años mozos decía que todos las formas de gobierno tienen los mismos principios y que las grandes diferencias entre ellos proceden del orden que prioridad que les conceden. Así -nos decía- la dictadura considera como valores fundamentales «el orden, la justicia y la libertad» mientras que la democracia considera «la justicia, la libertad y el orden» como sus principios fundamentales.
De esta forma hay que ser muy cuidadoso al pedir que la eficacia en la administración de lo común pase a ser un principio fundamental del gobierno, pues podría ser que al trastocar el orden de los principios buscando un mejor gobierno produjéramos un desastre similar al que supone pasar de una democracia a una tiranía.
Pero lo que resulta intolerable es que la buena organización de la administración no se considere entre los objetivos de un estado. Procurar el bien común, objetivo del gobierno, resulta un concepto vago que requiere más definición que el número de votos en las pasadas elecciones. Deberíamos poder contar con unos parámetros medibles que indiquen si la acción de los electos está cumpliendo, no ya los objetivos prometidos en su campaña, sino los mínimos exigidos a cualquier gobernante.
Pero ¿como medir la eficacia?. Un gran número de factores externos afectan a la ejecución de cualquier proyecto y es posible que la competencia de los dirigentes no sea únicamente producto de su voluntad o sus conocimientos.
Pero las acciones de gobierno si que deberían ajustarse a los principios de economía, calidad y suficiencia para poder ser considerados eficientes pero deberán atenderse de forma equilibrada estos principios para poder afirmar que la acción de gobierno es eficaz porque una vez más, el orden de los factores altera el resultado y no es lo mismo la economía, suficiencia y calidad que la suficiencia, calidad y economía.
A esta forma de gobierno que tiene como característica la eficacia yo la denonimaría organizocracia, diferente de la tecnocracia en que debe atender a un equilibrio entre los principios de las buenas formas de gobierno y la acción eficaz de los mismos. Una vez más debemos coincidir con Polibio que el éxito está basado en el equilibrio.

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