En las redes se comenta las últimas «innovaciones» de Microsoft como una deriva que hace cada vez menos atractivo el sistema operativo todavía mayoritario en los ordenadores personales. A mi, la supuesta deriva de Microsoft no me parece tal, sino una evolución lógica del desarrollo de la compañía.
Microsoft ha tenido siempre por aspiración crear y vender «todo» el software que se ejecutase en los ordenadores de empresas y comercios. Este objetivo explica bastante bien su obsesión por el control.
Durante años Microsoft ha ido canibalizando todo el software útil, comprando las empresas que lo producían o hundiéndolas ofreciendo «gratis» programas sustitutivos integrados en su propio sistema.

Para que este control sea completo, Microsoft no necesita clientes independientes que analicen opciones. Busca prisioneros forzados a elegir entre las opciones que ellos producen. Su «cuasi monopolio» del mercado les ha ofrecido la posición ideal para conseguirlo. Y no han dudado en utilizar cualquier tipo de estrategia para consolidarlo.
La facilidad para conseguir sus aplicaciones y sistemas de forma gratuita, aunque ilegal, no ha sido en realidad ni perseguida ni impedida. Me atrevería a decir que incluso fomentada aunque su «politica oficial» lo desmiente fervientemente.
De esa forma han conseguido una gran base de usuarios educados en centros, oficinas y hogares que usaban programas de Microsoft porque era lo que venía con el ordenador, lo que se usaba en el colegio, incluso lo que usa la administración, resultando en ocasiones sumamente difícil realizar gestiones virtuales si no se dispone del software apropiado del omnipresente fabricante. Y además, durante mucho tiempo, era muy fácil copiarlo.
Esto se ha promocionado con generosas ofertas y «regalos» (envenenados regalos, diría yo) a la administración de turno. ¿Por qué esforzarse en pensar en otras opciones si te «regalan» la solución? ¿Cómo puede ser malo usar lo que usa «todo el mundo»?
Ignorando el peligro que supone confiar en un proveedor único (poner todos los huevos en la misma cesta), negarse a desarrollar soluciones propias y dejar «que inventen otros» y sobre todo dejar que el acceso a nuestra información, incluso la más sensible, dependa de organizaciones o empresas extranjeras, las administraciones europeas, no solo España, se han «dejado querer» por las multinacionales americanas, cediéndoles en gran medida nuestra «soberanía digital» y de tras de ella las llaves de nuestros derechos, nuestra economía, defensa y libertades.
En el mundo privado, las alternativas a Microsoft han sido el ecosistema de Apple y Linux. Ambos requieren un esfuerzo.
En el caso de Apple, un esfuerzo económico. Hay que decir que la empresa de la manzana no es muy diferente de Microsoft, por eso hablo de «ecosistema». Apple también quiere reinar en tu casa: la TV, el teléfono, la música y el ordenador funcionarán de maravilla juntos si son Apple.
Linux tiene fama de ser un sistema para «frikis», para aficionados a la informática con conocimientos o con habilidades para adquirirlos. Ciertamente, eso hace ya muchos años que no es así y hay muchas distribuciones de Linux que son tan sencillas de usar por un usuario básico como un sistema de Apple o Microsoft. Pero a veces, y sobre todo en temas de consumo, lo importante no es la verdad, sino lo que la gente piensa que es verdad. Adentrarse en Linux se ve por muchísima gente como un riesgo o al menos una aventura.
Y así llegamos a las aparentemente absurdas decisiones de Microsoft. A nadie se le escapa que son medidas de abuso de poder: todos tus datos dependen de mis programas y mis formatos, que necesitas para seguir trabajando, así que esto es lo que vas a hacer:
- Cambiarás de sistema cuando yo lo decida, porque necesito vender para ganar más dinero; si cada versión durase 20 años o se actualizase gratis, dejaría de aumentar mis beneficios.
- Cuando cambies de sistema, tendrás que cambiar, probablemente, las versiones de mis otros programas que usas, no para que yo gane más dinero; es por tu bien.
- Como eres idiota, te lo pondré todo muy fácil.
- Por si acaso no fueses idiota, no te dejaré que toques nada del sistema o aplicaciones; solo puedes cambiar las opciones que yo te dejo cambiar porque soy generoso.
- Tendrás una IA presente en todas tus acciones porque es más fácil para ti y más lucrativo para mí, que así podré venderte con más eficacia lo que yo te diga que necesitas.
- Es muy probable, casi seguro, que para correr las nuevas versiones necesites comprar nuevo hardware. Es normal, pues nuestros amigos que venden sus ordenadores con nuestro sistema instalado también tienen que ganar dinero, y es lógico que nosotros se lo facilitemos.
- Como hay gente que se resiste a estos cambios, aunque son por su bien, en lugar de venderte el software, te voy a alquilar el acceso a él a través de la red. Además de hacer más caja, sabré mejor lo que haces con él y podré cortarte el acceso si no pagas o lo usas como a mí me conviene.
- Tus datos estarán más seguros en mi nube: solo tú (y yo, por supuesto) conoceremos tus secretos y estos irán aumentando, de forma que pronto será imposible que los muevas de ahí.
Es evidente que Microsoft trata a sus clientes como si fueran idiotas. Lo sean o no, y sin aventurar en qué porcentaje lo son, saben que aunque algunos «despierten» y les abandonen, quedarán los suficientes para mantener su nivel de ingresos, o incluso aumentarlo.
Ayuda el hecho de que la mayoría de las personas son reticentes al cambio y perezosas. No tener que pensar o actuar favorece el mantenimiento del «status quo». Las personas tienden a seguir la ley del «mínimo esfuerzo».
Ahora nos sorprende que haya más gente que abandona Windows y se pasa a Linux, pero eso ocurre en porcentajes asumibles para los de Redmond porque la subida de ingresos supera las pérdidas por defecciones que, por otra parte, cada vez serán más difíciles, porque lo que están haciendo es reforzar los grilletes.
Y esto es así. La vida nos plantea un dilema: ¿Quieres ser libre o irresponsable? Es decir: ¿Quieres tomarte el trabajo de saber y decidir, o quieres pasar y vivir sin preocupaciones?
Ser libre implica informarse, tomar decisiones, probar cosas nuevas, arriesgar. Muchas veces solo a cambio de satisfacción, autoestima y dignidad.
Vivir sin preocupaciones te evita pensar, esforzarte y decidir, a cambio de dinero, dependencia y ser objeto de abuso.
Entonces ¿A quien le importa?