Los hippies aburgesados

Crónica del miércoles 28/07/2010
Si hay alguien que aún no se ha enterado de que viajar a Ibiza en busca del paraíso Hippy es un esfuerzo inútil, si alguien cree que aquellos ideales de libertad, paz amor y flores aun existen en la isla, es posible que acabe en el mercadillo de Punta Arabi en Es Canar. Alli podrá encontrar la auténtica esencia burguesa de los hippies actuales, medrando en compañía de algún veterano de los que clamaban por el fin de la guerra del Vietnam y ahora venden espejismos de artesanía a precios de sablazo.

mercadillo

Aprovechando la proximidad de Es Canar, decidimos ir al mercadillo por el camino de la costa, lo que en casi todos los sitios se conoce por el camino de la ronda porque por él hacían la ronda los Guardias Civiles que custodiaban nuestras costas cuando esa tarea se hacia a pié y por parejas sin hembra.
Todo ha ido bien hasta que hemos encontrado en medio del camino un complejo turístico. Hemos preguntado por el camino de ronda y nos ha señalado una cancela en la valla. Allí el camino se ha convertido en un suplicio, angosto y estrechado aún más por vegetación agresiva que nos ha señalado con múltiples arañazos, nos ha hecho recordar a cuantos pobres desgraciados les habrán tirado su casita junto al mar mientras en otros sitios se mira hacia otro lado mientras se ocupa y explota la zona Marítima Terrestre.
Cuando después de dar un importante rodeo hemos llegado al mercadillo, nos hemos dado cuenta de que el complejo era el Club de Vacaciones de Punta Arabi, origen y sede del mercadillo Hippy a donde íbamos y que habíamos estado a treinta metros escasos de evitar los arañazos si hubiéramos hecho la pregunta correcta.
El mercadillo es bastante previsible. Bisutería, trapitos, cuero, artesanía de madera y poca cosa más, eso si en múltiples variaciones y distribuida en unos quinientos puestos en un espacio abarrotado por miles de cuerpos sudorosos. Y precios algo más caros que en otros puestos menos renombrados de Santa Eulalia, ya de por si más caros que los precios de los comercios que venden exactamente lo mismo.
Un mercadillo de artesanía publicitado en folletos impresos en offset a todo lujo, no podía ser menos ni más que un sacudidero de bolsillos de turista. Empeñados en considerarnos viajeros hemos hecho una compra testimonial -un pincho para sujetar el pelo- a la que parecía la abuela de todos los hippies del mercadillo y nos hemos ido a Es Canar donde hemos apalabrado el coche de alquiler para mañana, me he zampado dos jarras de cerveza mientras mercedes se bañaba en la playa y hemos comido de forma bastante decente a un precio razonable, algo sorprendente en primera linea de playa.

Cervezitas

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