Aunque la Real Academia solo recoge como acepción de entintar la de «manchar o cubrir con tinta» o como sinónimo de «teñir», los aficionados a las estilográficas llamamos «entintado» o «entintar» a la operación y acción de rellenar de tinta el depósito de la estilográfica y las plumas «entintadas» son las que tienen sus depósitos con tinta y, por tanto, como norma general, las que tenemos en uso.
Esta operación es diferente según los diferentes sistemas de carga de la estilográfica. Yo diría que estos sistemas pueden ser por medio de cartuchos, convertidor, cuentagotas y sistemas integrados. Cada sistema tiene sus peculiaridades, ventajas e inconvenientes, pero a mi modo de ver, el «sistema ideal» depende, la mayor parte de las veces, de las necesidades y opinión del usuario.
Los cartuchos hoy en día son recipientes de plástico sellados que se abren al presionarlos en su alojamiento en la pluma y que están fabricados para ser desechables, pero pueden reciclarse limpiándolos y rellenándolos con una jeringa. Los cartuchos no son todos iguales. Su principal característica es la forma y diámetro de la boquilla de encaje con la estilográfica. Hay un llamado «estándar internacional» que es probablemente el más común, y que podemos encontrar en dos tamaños: 38 y 73 milímetros de largo.
Aunque el «estándar internacional» es el más frecuente, especialmente en Europa, desgraciadamente, no es el único. Muchas marcas tienen sus propios modelos de cartuchos, y por eso reciben el nombre genérico de «propietarios».
No entraré, porque no las entiendo muy bien, en cuáles son las razones que animan a los fabricantes a crear su propio modelo de cartucho, pero desde el punto de vista del usuario, es algo molesto como un grano en el culo que multiplica la logística y limita la libertad de elección de sistemas de entintado, a menos que quieras pasar por el aro del fabricante.
Entre las ventajas de los cartuchos está la facilidad para encontrarlos en cualquier comercio que venda productos relacionados con las plumas, incluso supermercados. Sin embargo, no es tan fácil encontrar colores diferentes al azul, rojo o negro. Y el más común, que es el azul, es de tono «sorpresa». El que tienen es el que hay y cuando lo pones en la pluma y escribes, lo ves. Por contra, es fácil llevar uno o varios cartuchos de repuesto. Muchas plumas permiten llevar un cartucho de 38 mm. puesto y otro de repuesto dentro del cuerpo de la pluma.
Los cartuchos tienen menos variedad de colores que los tinteros, pero pueden ser reciclados y rellenados con una jeringa de tinta de tintero. Hay tintas en frascos de diferentes tamaños, desde 10 centímetros cúbicos a un litro, de más colores de los que puedes imaginar o distinguir. Un célebre blog sobre tintas publicaba esta semana su revisión 2904: Casi tres mil informes sobre otras tantas tintas diferentes.
He leído en otro blog que poder probar tintas diferentes es el principal aliciente para usar plumas estilográficas. No estoy de acuerdo en que sea el «principal» pero si creo que encontrar el color de tinta que te produce mayor placer al escribir y leer lo escrito es una motivación importante, así como poder usar tintas diferentes según la ocasión, el estado de ánimo o la finalidad del escrito.Así que si te gustan las plumas, es muy probable que tengas una colección paralela de tinteros.
Y para entintar desde un tintero pueden usarse cartuchos recargados con jeringuillas. Las hay de diferentes tamaños y características. La más frecuente es la de farmacia. Es barata y muy fácil de obtener. El principal inconveniente es que la aguja pincha y hay que andar con ojo. El segundo es que el flujo de tinta es reducido y hay que ser paciente y no tener prisa al cargar o descargar la jeringa. Las jeringas para usos industriales pueden encontrarse con agujas romas y de mayor diámetro, lo que permite una carga y descarga más rápida y evitar los pinchazos.
Por último hay unas jeringuillas en miniatura que se venden específicamente para recargar plumas. Son baratas y yo las compro en el gran comercio chino de internet por docenas. Facilitan una costumbre muy sana: tener una jeringa diferente para cara tipo de tinta. Además de lavarlas después de cada uso, esta costumbre nos permite evitar la «contaminación» de los tinteros que consiste en que una tinta se mezcla con restos de otra, lo que puede dar lugar a que cambie el tono del color o se estropee.
Si el uso de cartuchos permite un fácil transporte, la costumbre de reciclarlos y rellenarlos elimina esa ventaja y complica un poco la operación de entintado. El usuario @DekaBlak en Mastodón me dijo que el usaba una gota de silicona en la boca del cartucho y eso le permitía transportarlos con seguridad, pero yo no lo he probado nunca.

Sobre los cartuchos propietarios habría para escribir un tratado. Yo uso irremediablemente los de Lamy, Sailor, Platinum, Pilot, Junhao y Tachikawa. Y tengo cartuchos de otras marcas para las plumas respectivas: Sheaffer, Cross, Waterman,… Algunas de las cuales no uso, precisamente para no usar los cartuchos propietarios.
Los convertidores, por una parte, solucionan el problema de los cartuchos, pero por otra lo considero la forma más sucia y desagradable de entintar una pluma. La simple idea de meter la punta de mi pluma en una botella con tinta me produce rechazo. Por no hablar de la posibilidad de contaminar el frasco o de las irremediables manchas de tinta que siempre acaban en tus dedos, el papel absorbente y ocasionalmente en la mesa o en lo que tengas sobre ella. Mi uso de convertidores es lo más reducido que puedo y es, a mi modo de ver, el peor sistema habitual de entintado. Los convertidores pueden ser de émbolo movido a rosca o por deslizamiento. En cualquier caso, succionan la tinta por el mismo principio que lo hace una jeringa.
Integrados en la pluma, además de los sistemas de émbolo mencionados, está el de vacío. Este es un curioso sistema en el que el movimiento del émbolo crea un vacío en la cámara hasta que, llegado a un punto, se abre el acceso de la tinta y esta es succionada por el vacío creado.
A los inconvenientes de los convertidores, los sistemas integrados añaden la dificultad de limpieza de la estilográfica, ya que desmontar el mecanismo no es fácil; a veces requiere herramientas especiales y el ajuste de las piezas que han de mantener la estanqueidad requiere cierta habilidad.
De los sistemas antiguos como el de saco de goma que succiona por presión manual o de una palanca, el «snorkel» u otros no hablaré, porque los que he usado no los quiero ver ni en pintura y los que están en desuso, por algo será. Hay sistemas muy ingeniosos, pero, aparte de saciar la curiosidad, sirven para poco más.
Y solo me queda mencionar el sistema de entintado que suele proporcionar mayor reserva de tinta en la pluma: el «cuentagotas» o «Drop Eye» en inglés. Se trata de usar el puro de la pluma como depósito para la tinta. Solo puede usarse en plumas cuyo cuerpo sea estanco, sin agujeros para ventilación u otros fines y con un cierre que proporcione la seguridad de que no dejará filtrarse la tinta. En algunas plumas viene instalada y a otras conviene añadir una junta tórica muy fina de goma en la rosca del cuerpo con la sección si la pluma va a usarse con este sistema. El entintado consiste en verter la tinta del tintero al cuerpo de la pluma, normalmente con un cuentagotas, y de ahí el nombre. No lo he usado nunca. Tengo plumas en las que podría usarlo, pero la curiosidad siempre ha sido vencida por el temor a montar un desastre en forma de escape de tinta.
Y estos son los diversos sistemas de entintado. Yo uso, preferentemente, la recarga de cartuchos con jeringas individuales y, ocasionalmente, el alimentador, como en la Jinhao 9019 que viene con la pluma y es difícil de sustituir o la Asvine P.20 que tiene el sistema de émbolo integrado.


