El vuelo

Tenía que salir de viaje. Iba a hacerlo en avión, no sé a dónde tenía que ir ni por qué, ni si estaba huyendo de algo. El avión que visualicé era una Cessna de ala alta y, sin transición, ya estaba volando sin que notase nada anormal en el vuelo.
Tenía que salir de viaje. Iba a hacerlo en avión; no sé a dónde tenía que ir ni por qué, ni si estaba huyendo de algo. El avión que visualicé era una Cessna de ala alta y, sin transición, ya estaba volando sin que notase nada anormal en el vuelo.
Volaba sobre la tierra y llegué a la costa que apareció como un acantilado al final de la llanura que sobrevolaba. Al llegar a él, sentí que caía muy rápido, pero pude recuperarme y subir. Entonces me di cuenta de que no iba volando en un avión, sino que llevaba el avión en la mano. Era del tamaño de una maqueta y parecía un avión de la guerra civil; monoplano de ala baja, como de bombardeo, pero con un solo motor en el morro. Mi mano ocupaba todo el espacio entre el ala y la cola. Pero su hélice, cuyo diámetro sería más pequeño que la palma de mi mano extendida, giraba a toda velocidad y tiraba de mí. Volaba, pero el aire me movía y me hacía dar bandazos y momentáneos descensos. Me preocupaba que me separase de mi ruta y estaba asombrado de cómo me había podido equivocar de avión y haber cogido eso, que solo era una maqueta, y que así no iba a llegar nunca porque era muy inestable. Pensé en dar la vuelta y volver para coger el avión correcto, pero como tenía prisa, quería seguir y no perder más tiempo. También veía que siguiendo con aquello iba a ir más despacio y no sabía qué hacer: si volver atrás a coger un avión de verdad o seguir con aquel juguete que, al fin y al cabo, me mantenía en el aire.
En ese punto abandoné el sueño o me desperté.

El avioncito

Este sueño me ha resultado muy curioso. En primer lugar, porque, a pesar de que los sueños suelen olvidarse, este se ha quedado grabado en mi memoria. De hecho, lo escribí al día siguiente. Por otra parte, siempre he sido el intérprete de mis propios sueños. Entiendo que los sueños reflejan conexiones que el cerebro hace durante el sueño, mezclando las experiencias del día con las lejanas, reflejando aquello que en uno u otro momento te ha impresionado con el producto de la imaginación, las historias o sentimientos que quizás ni siquiera recuerdas en la vida consciente. Si recuerdas el sueño, puede ser que a veces encuentres mensajes que tu subconsciente te envía sobre cosas que te preocupan, aunque tú ni siquiera sabías que estabas preocupado, o soluciones a problemas en los que creías que no pensabas demasiado, pero que seguían procesándose en tu interior.
En mi sueño yo no estaba agobiado ni angustiado. Solo la sombra de duda que me queda sobre si huía o simplemente tenía que hacer un viaje. El viaje, obviamente, es la vida, o una parte de ella. Significa el cambio en este pasar continuo del tiempo. El avión es el deseo de cómo quieres hacer el viaje, y la caída por el acantilado es alguno de los problemas que se nos presentan y, al recuperarte de ellos, te das cuenta de que lo que llevas durante el vuelo no es un avión, sino un trasto no más grande que una batidora, y sin embargo con eso, sigues volando.
Dudar si volver a buscar el avión es el deseo de estar mejor preparado para afrontar nuevos problemas, pero la imposibilidad de volver es la realidad de la vida: lo hecho, hecho está; la maqueta de avión te mantiene en vuelo y, con bandazos y pérdidas momentáneas de altitud, te mantiene en el camino a tu destino.

El avioncito

Me sorprende que en ningún momento estuviera preocupado por que se me pudiera cansar la mano que agarraba el avioncito; no sé si llevaba equipaje o cómo iba vestido, solo me preocupaba la calidad del vuelo y no retrasarme demasiado en el viaje. La sensación de vuelo era agradable. Siempre me ha gustado volar y, por tanto, verme en vuelo no me producía ninguna inquietud, sino más bien al contrario, me sentía seguro, sobre todo al comprobar que tanto la caída al sobrevolar el acantilado como los vaivenes producidos por el viento los había podido superar controlando el aparato que llevaba en la mano.
Mientras pensaba en ello, se me han ocurrido los dibujos. El primero corresponde a mi visión durante el sueño, ya que solo veía mi mano agarrando el avioncito. El otro es una recreación de cómo se vería la escena por algún observador externo.

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