Festa al Cel marinera

Hacía algunos años que había renunciado a ir a la Festa al Cel. Las grandes ciudades, el tráfico y las aglomeraciones no me van mucho y en Barcelona había que sufrir todo eso para finalmente ver la exhibición a contraluz, por imperativos de la geografía y el horario. Las fotografías siempre eran decepcionantes y monótonas.
En la Asociación Aire habíamos hablado hace bastantes años de la posibilidad de alquilar una ‘golondrina’ de las del puerto para colocarla al otro lado de la caja de la exhibición y hacer las fotos desde el mar, con la luz a la espalda. Lo desechamos por la dificultad de asumir el riesgo de pagar de nuestro bolsillo la importante cantidad que costaría fletar el barco.
Por eso me interesó muchísimo cuando Esteban Linares -un par de días antes del desgraciado accidente que le costó la vida- comentó que la organización del festival de este año 2008 estaba pensando en fletar un barco. Hice mis averiguaciones y finalmente me apunté a través de la web de la Festa al Cel.

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Hubo que madrugar, pero como la noche anterior había una cena en Barcelona, nos fuimos allí a dormir y por la mañana solo tuve que levantarme y coger el metro. A las 7:30 embarqué en el paquebote «Santa Eulalia» y a las 8:00 salíamos del puerto.
Yo, que soy «de tierra adentro» y muy poco marinero, había decidido que no me marearía y ni siquiera me aprovisioné de Biodramina. La verdad es que pensé que me costaría más mantener este propósito. No fue asi, durante todo el trayecto disfruté enormemente, a pesar del movimiento continuo del barco.
Desde luego el mar estaba en calma: ni siquiera se veía un rizo blanco que delatase una ola y aunque los «lobos de mar» se rían, para mi el barco se movía «mucho». El único efecto fue una leve torcedura de tobillo y un poco de agujetas e las piernas al día siguiente de intentar contrarrestar el bamboleo del barco.
Las fotos que hice me parecen interesantes aunque escasas pues iba con la cámara de Luis (Nikon D50) y se acabó la pila a media exhibición. Otro problema de las fotos es que dado que todos íbamos en el mismo barco, las fotos de unos y de otros son casi idénticas.
Al acabarse la batería me agarré un piñón sordo de tres pares de narices y para no amargarme demasiado decidí aprovechar el tiempo.

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Había una cuerda -que dicen que en el mar se llaman cabos, pero yo no le vi los galones- enrollada en una sombra a una medida que según pude comprobar era la justa de mi espalda. Me acurruqué como en una cuna y me pegué una siesta de pastor impresionante solo interrumpida por el ruido atronador del Eurofighter.
En definitiva una experiencia interesante y un esfuerzo de la organización que es muy de agradecer y que espero que el año que viene mejore. Yo por mi parte, llevaré baterías de recambio.

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2 respuestas a Festa al Cel marinera

  1. Jaume Canals dijo:

    La única cuerda que hay en el barco es la de tocar la campana.
    Los cabos no llevan galones, pues al primer remojon se perdieron. No los cabos, sino los galones.
    Un abrazo

  2. Roberto Pla dijo:

    Manías de los marineros de llamar a las cosas diferente, mamparas a las paredes, cámaras a las habitaciones, escalas a las escaleras, cabos a las cuerdas….yo como ni soy marinero ni por tí seré, me quedo con la terminología de ‘terra endins’.

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