House no estaba
Fue una extraña sensación. Me desperté en medio de la noche y no podía moverme. No era como en la novela de Kafka, solo me daba un latigazo la espalda cuando lo intentaba. Era de madrugada y pensé que era muy temprano para montar el numerito. “mañana no me quedara otro remedio que ir al médico”, pensé.
Cuando Mercedes se despertó le informé de las novedades y decidimos llamar a España para consultar con nuestra compañía de seguros, el RACC. Nos dijeron que pidiéramos en el Hotel que nos proporcionasen un médico. Lo hicimos y en el Hotel todo el mundo se movilizó de inmediato, un empleado subió a la habitación a comprobar si estaba bien y en unos minutos apareció un equipo de emergencias, una muchacha bajita y fornida y un musculoso hombre de color.
Después de una serie de preguntas y examen preliminar, me sacaron del Hotel en una silla y me llevaron en la ambulancia a un Hospital que no me pareció que estuviera muy lejos. En realidad era el NYU Hospital, en la 32th con la 1st. Ave. Allí ocurrió lo que ocurre en urgencias en cualquier país civilizado: después de un interés inicial por tu presión y temperatura y el estado de tu tarjeta de crédito ($650), te arrinconan en cualquier sitio y esperas unas horas hasta que alguien se ocupa de ti.
Eso ocurrió dos horas después. Un médico que había llegado una hora antes con un vaso de café en la mano me realizó un examen completo con exploración rectal incluida. Quiero decir que me metió el dedo en el culo. Y después de darme unas pastillas, allí me quede de nuevo. Sobre las doce y pico aparece otro médico con muchas prisas y para mi asombro repite el examen y las preguntas. Y me volvió a meter el dedo en el culo. Digo yo que le podía haber preguntado al otro que sabor tenia y haber dejado mi esfinter en paz.
Se ve que el Dr. House no estaba, así que el gilipollas de turno me despachó con unas recomendaciones de que volviera si me dolía más o se me dormía la pierna o tenia dificultades para orinar.
Versión corregida de la enviada por correo electrónico a algunos amigos el día 19/08/2007 desde NY

Abril 13th, 2008 at 19:50
[…] Mientras que numerosos efectos físicos, de los cuales mi hito más próximo y aun recordado fue el latigazo de la ciática en Nueva York, parecen ir anunciando unos saldos por derribo, otros hacen sospechar una lucidez en la comprensión de determinados temas asociados al funcionamiento de la vida para los que para mi desesperación no siempre dispongo de una elocuencia paralela con la que expresarlos. Y por otra parte, quizás como un traicionero aviso de la llegada inexorable de la segunda niñez, me embarga una alegría vital y una ilusión y curiosidad por muchos temas que muchos no dudarían en calificar de “poco serios” sin que yo pueda afirmar categóricamente que están equivocados puesto que su efecto principal en mi ánimo es, precisamente, el de la diversión y la alegría. […]