Arenas Movedizas

«…debes hacer tu Verdadera Voluntad. Y no hay nada más difícil.»
«La historia Interminable»

Hay determinadas tareas que se comportan como arenas movedizas. Y determinados exploradores tienen la habilidad de encontrar siempre el camino hacia el centro, la parte más peligrosa y profunda de las arenas movedizas.

El caso es que siempre se empieza como Alicia en el País de las Maravillas, siguiendo a un Conejo Blanco. Algo te llama la atención y con esa curiosidad intelectual de la que piensas -orgulloso y equivocado- que ha dado momentos de descubrimiento tan brillantes a la ciencia, decides investigar algo más sobre el tema. Pero las cosas no son tan fáciles y pronto una dificultad sigue a la otra obligando a consumir el ímpetu inicial en superarlas. Estas dificultades actúan como los matorrales que ocultan el camino a sus pies mostrándonos solo el paisaje de un bosque espeso, igual de atractivo y peligroso en todas direcciones.

En ese momento en que pensamos si deberíamos dedicar los esfuerzos que nos quedan a encontrar el camino de vuelta o nos queda aún un margen para intentar sacar algo de provecho de la aventura, en ese momento, …en realidad ya estamos perdidos y con los pies en las orillas de las peligrosas arenas movedizas. A partir de ahí, cada esfuerzo, cada movimiento nos hunde un poco más, nos lleva al centro del pantano sea cual sea la dirección que tomamos.

Creemos estar lúcidos y realizando frecuentes paradas tratamos de tomar en cada una de ellas el camino que de la forma más fácil nos sacará de la espesura, nos devolverá al camino o incluso supondrá el descubrimiento de un atajo magnífico. En realidad estamos dando palos de ciego y el resultado es una trayectoria, más que en círculo, en espiral, hacia el centro inexorable de la zona profunda y peligrosa. Eufóricos por el alarde de sentido común que creemos estar haciendo y anonadados por la belleza del recorrido, seguimos adentrándonos y cuando ya hemos sobrepasado el punto de no retorno seguimos creyéndonos seguros, a punto de encontrar el camino que según creemos «ya debe estar cerca». Con el fango por la cintura pensamos que algún día contaremos divertidos la aventura ante contertulios admirados y cuando nos hundimos inexorablemente manteniendo con dificultad la boca fuera para seguir respirando, no pensamos en donde nos equivocamos, sino que si tanto nos hemos hundido, es que forzosamente pronto haremos pié y empezaremos a salir de la marisma.

Hay veces que como despertando de una pesadilla, podemos deshacernos de todo cuanto nos ahoga para darnos cuenta que todas las amenazas, pero también las promesas, eran simplemente un sueño, y no solo no estamos perdidos en el camino sino que aún no hemos empezado a recorrerlo. Al emprenderlo conviene no olvidar el peligro de las arenas movedizas y seguir nuestra ruta ayudados del sentido común de la información que tenemos sobre el camino y de los instrumentos de navegación, aplicando disciplinadamente el método de avance, realizando solo las tareas que nos llevan en el sentido correcto por dentro del camino, dejando los conejos blancos correr por el bosque para otra ocasión en que volvamos a realizar el recorrido con escopeta y sabueso.

Para recorrer el camino, como para hacer cualquier tarea en la vida, hace falta planeamiento, método, esfuerzo y voluntad. El Azar no premia a los que trazan paseos caóticos por el bosque sino a los que lo distinguen de lejos por el camino y lo saludan educada y cortésmente, sabedores que no hay atajos hacia la fortuna, porque la fortuna está en el camino y quien no la recoge para marchar ligero o para adentrarse descuidado en el bosque, al final encuentra que no puede volver a por las oportunidades que dejó atrás y que el tesoro al final del camino no es otro que el que los caminantes llevan consigo.

Toda historia es una historia interminable

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