Eso siempre será así

Con frecuencia oigo a la gente quejarse de la corrupción de la administración. No solo de la corrupción pura y dura de aquellos que engordan su bolsillo a costa del contribuyente, explotando el cargo publico que ostentan, sino de las decisiones injustas de prevaricadores agradeciendo favores, los siempre clásicos «enchufes» que colocan a uno de los suyos en puestos claves, al «amiguismo» y al manido «tocar unos palillos» o «mover unos hilos», o de la burocracia y la incompetencia de la administración en general y de los funcionarios en particular, de la falta de justicia y de la lentitud en la administración de la injusticia.
Pero a esos mismos que protestan, si les pregunto que es lo que ellos hacen para remediar esta situación, como reclamar, protestar o hacer saber a los políticos que solo les votarán si intentan corregir estas lacras sociales, obtengo con mucha, demasiada frecuencia, una respuesta enervante: que «da igual», que «eso siempre será así».

A mi lo que me parece es que esas son excusas para no hacer nada y que todo siga igual. Claro que importa cada cosa que hagamos, si cada una de las injusticias que se cometen es denunciada, si cada uno decide no aprovecharse de la injusticia, de los favores, de las ventajas, de las mentiras, en sus estudios, en sus negocios, en la política, la sociedad se vería transformada de una forma revolucionaria.

Entre los enemigos más siniestros de una sociedad imperfecta se encuentra el conformismo, expresado en una actitud de sus individuos, que consideran que la injusticia o la corrupción son inevitables, por que según te espetan en la cara cuando las señalas «eso siempre será así». Esta actitud no acepta resignada la realidad e inmutabilidad de la imperfección y señala la inutilidad de cualquier intento de cambio. Como lo que no se cambia siempre sigue igual si aceptamos que la imperfección es invariable al menos por nuestra acción, la sentencia seguirá cumpliéndose, pues efectivamente las injusticias se seguirán sucediendo si nadie actúa para impedirlo.

Es cierto que el mundo siempre será imperfecto, pero no es cierto que la imperfección no pueda reducirse y algunos defectos subsanarse. Cuando eso suceda aparecerán sin duda otros, pero esa lucha contra la injusticia el dolor la avaricia, la corrupción y el mal en general, es precisamente lo que da sentido a la vida: dejar a los que nos sucedan un mundo mejor, sin duda imperfecto pero en el que ellos podrán seguir mejorando la situación, es decir, progresando. Ese es el sentido de la vida y la evolución. Aceptar que es inevitable un mundo injusto e imperfecto supone no solo el fracaso de un modelo de sociedad sino nuestro suicidio como especie, algo antinatural pues, no ya la nuestra, sino todas las especies llevan grabado en su ADN el instinto de conservación.

Los conformistas, los complacientes, los tolerantes son ramas podridas de la evolución, la fruta estéril de la sociedad y deben ser ignorados. Su apatía y tristeza no puede impedirnos luchar por el bien común, por una vida mejor en una sociedad más justa, este esfuerzo es una exigencia de nuestra propia naturaleza y triunfemos o fracasemos en el empeño como individuos, el hecho de haber luchado constituye una victoria para la especie.

La bondad. la generosidad y la nobleza siempre son actos fructíferos que justifican nuestra propia existencia

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