Vigna di Valle

Me gusta vivir en una época como esta en la que resulta fácil viajar. Las experiencias que nos aporta el conocer otros países, otras culturas, otros sitios, nos enriquece y nos hace más sabios.
Aun pensando así, creo que muchas veces no somos conscientes de como han cambiado las distancias y que cerca tenemos los lugares que un día estudiamos como lejanos.

Los amigos que me acompañaron en la visita

Alguien propuso en la Asociación Aire hacer una visita al Museo Histórico de la Aviación Italiana en Vigna di Valle, cerca de Roma. Se trataba de hacerlo con ida y vuelta en un día para evitar los carísimos precios del alojamiento en Roma y aprovechar las tarifas económicas de Ryanair u otra LCC.

Finalmente el viaje de la Asociación se programó para noviembre, pero desde Girona los vuelos de ida y vuelta en el mismo día se suspenden a partir de octubre, así que decidí hacer el viaje por mi cuenta en el mes de octubre y a ser posible en día de diario, para minimizar aún más el coste del billete. Pedí permiso para tomarme ese día y seguro de que en compañía sería más divertido, comenté el proyecto con algunos amigos. Pudieron apuntarse Luis, Chimo y José Antonio.

Y por fin, el día 20 nos embarcamos, cerca de las ocho de la mañana en el avión con destino al aeropuerto romano de Ciampino. José Antonio se lo había comentado a su amigo Mauricio, que vive en un lugar próximo a Roma y que se ofreció a recogernos en el aeropuerto y acompañarnos en la visita, de forma que el traslado hasta Vigna di Valle fué rápido y cómodo.

El museo es una antigua base de hidroaviones, a la orilla del lago Bracciano, en el municipio del mismo nombre y en la población de Vigna di Valle. No nos costó mucho encontrarlo, aunque un antiguo acceso ha sido cortado al suprimirse un paso a nivel sin haberse suprimido las indicaciones. Solo hay que tener un poco de fé y continuar adelante para encontrar la puerta principal del Museo.
El acceso es gratuito y junto a la puerta de entrada hay un pequeño aparcamiento desde el que se camina hacia el frente de los hangares que constituyen el Museo, a la orilla del lago.

CR-32, en realidad un Hispano Ha-132

A partir de ese momento las emociones y sensaciones que pueden asaltar a cualquier aerotrastornado son indescriptibles, por un lado la admiración del cuidado y atención con el que el material ha sido dispuesto o la impresionante visión en la primera sala de los hidroaviones participantes en la copa Schneider con sus formas aerodinámicas y su impactante color rojo seguidos del ejemplar de CR.32 con los colores de la XVI Escuadrilla Cucaracha de la Aviazione Legionaria que participó en nuestra guerra civil.
Hice un montón de fotos que he puesto en Flickr y disfruté de mala manera. Nos dió tiempo a comer -muy bien- en un restaurante próximo y por la nove volvimos a casa cansados pero felices.
Mientras regresaba pensé que a mi me gusta la aviación, pero este tipo de escapada es también posible para ver San Pedro o los Museos Vaticanos, o el Coliseo y los foros…según el gusto de cada uno.

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