El desastre del Yak-42

Hace veintitrés años, el día 26 de mayo de 2003, fallecieron en Trabzon (Turquía) sesenta y dos militares españoles en el accidente aéreo del Yak-42 registro UKM4230 de la compañía UM Air, que el ministerio de Defensa había contratado a través de NAMSA, la agencia de la OTAN.

Yak-42 UKM4230

Entre el personal fallecido figuraban componentes de los Ejércitos de Tierra y del Aire, de los Cuerpos Comunes y de la Guardia Civil, que volvían a España después de haber prestado su servicio en el cuarto contingente español de la Operación de Mantenimiento de la Paz en Afganistán (ASPFOR IV) bajo la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN.

El suceso fue un accidente que, sorprendentemente, no es extraño en aviación: el piloto viró al lado contrario del que le dijo el controlador, estrellándose contra una montaña en lugar de encontrar el aeropuerto.

A pesar de tratarse de un fallo humano, en los accidentes suelen intervenir otras causas.
En este caso, se especuló que el cansancio de la tripulación aumentó el riesgo de cometer un error de este tipo, pero se comprobó que la tripulación no había rebasado el máximo de horas regulado por las normativas española y ucraniana.

Logo de la NAMSA

El vuelo estaba contratado a través de la agencia logística de la OTAN. Este tipo de mecanismos están previstos para facilitar el acceso de los aliados a determinados servicios. esto permite aprovechar la experiencia, los contactos y la transparencia del proceso de contratación de la Agencia. En términos políticos, que agitaron la sociedad y indignaron al público y mucho más a los familiares de los afectados, se habló de la diferencia entre el dinero pagado por el ministerio de Defensa (149.000€) y el recibido por la compañía aérea (38.442€) Como si ese dinero hubiera ‘desaparecido’ o usado en forma fraudulenta. No fue así. Se trata de un proceso de contratación normal donde los intermediarios y los costes consumen la mayor parte del pago. Tras los hechos, la agencia reconoció su responsabilidad en los hechos, sin que hubiera consecuencias conocidas, debido probablemente a que el proceso de contratación siguió las normas establecidas y el hecho de que un proceso sea mejorable, no supone dolo ni entraña responsabilidad criminal para quienes lo aplican.

El ministerio desoyó las criticas de los usuarios de vuelos anteriores. Aunque había detalle manifiestos de envejecimiento y mantenimiento defectuoso de las aeronaves (que no fueron la causa del accidente) esa información debería haber motivado una investigación sobre la seguridad de los vuelos.
Después del accidente, la gestión de la tragedia fue un desastre. A mi modo de ver, por dos motivos fundamentales: el deseo político de abreviar el trámite para que desapareciera de las portadas de los periódicos y la aplicación rigurosa de la mentalidad paternalista y tradicional de la estructura de mando militar.

Aunque el poder político nunca lo reconoció, a los médicos que se envió a Turquía para repatriar los restos de los fallecidos se les dio la consigna de hacerlo ‘rápidamente’.
El escenario de un accidente de aviación es difícilmente imaginable por quien no ha vivido una situación similar. Entre los restos chamuscados del aparato, utensilios y equipaje que viajaba en al mismo, hay cuerpos mutilados, miembros humanos, simples pedazos de carne difícilmente identificables e incluso jirones de carne enganchados en los matorrales o vegetación circundante. Agrupar esos pedazos en 75 grupos y que cada uno corresponda a un cuerpo, no solo es un macabro rompecabezas, si no un proceso largo y muy costoso, si se quiere hacer con precisión.

Quizás se habría sido exponerlo así a las familias, con un «¿quieren ustedes unos restos, mayoritariamente de su ser querido, dentro de seis o nueve meses, o lo quieren la semana que viene?». Pero esta consulta nunca se hizo. Se aplicó el «pobrecitos, ‘para que no sufran’, vamos a hacerlo rápido», fórmula de la mentalidad tradicional basada en la pretensión de que el que manda puede decidir por los otros, como si fueran niños bajo su tutela. Además cuadraba con los deseos del poder político de ‘resolver’ pronto el trámite.
Los médicos, militares ellos, obedecieron las órdenes. Seguramente tenían pocas opciones y menos medios, pero olvidaron que los que firmaban los certificados eran ellos, no sus jefes, y tiempo más tarde la justicia consideró que se trataba de una «falsedad en documento público», y que el firmante era responsable de lo firmado.

Tampoco se preguntó a las familias si deseaban funeral íntimo o un «bonito acto de homenaje». Segun esa mentalidad patriarcal de la que hablaba, los muertos siguen siendo del ejército y como Dixon reflejó en su libro «Sobre la psicología de la incompetencia militar», a los militares incompetentes «les encantan» los actos protocolarios, ordenados y «bonitos».
El acto en si, fue un desastre. Las familias estaban indignadas muchos habían recibido de sus familiares o de compañeros de ellos noticias de las quejas sobre la seguridad de los vuelos. Los ánimos estaban caldeados y hubo algún acto grave de indisciplina por parte de personal militar que fue excusado por «la tensión del momento» y para pasar página cuanto antes.
No fue así. Las familias hicieron sus averiguaciones y reclamaron responsabilidades por los numerosos errores en la identificación de los cuerpos. El ministerio respondió torpemente, acusándoles de moverse por interés económico, lo que obviamente encendió más los ánimos, al tiempo que los profesionales en activo se hacían una idea de cual era el trato que podían esperar de la institución. Algo muy lesivo para la moral y la disciplina. Los procesos judiciales, las declaraciones políticas. las noticias sensacionalistas y las sospechas se prolongaron durante largo tiempo. Hasta catorce años después, el Ministerio no reconoció su responsabilidad en el suceso.

Tampoco se preguntó a las familias si deseaban funeral íntimo o un «bonito acto de homenaje». Segun esa mentalidad patriarcal de la que hablaba, los muertos siguen siendo del ejército y como Dixon reflejó en su libro «Sobre la psicología de la incompetencia militar», a los militares incompetentes «les encantan» los actos protocolarios, ordenados y «bonitos».
El acto en si, fue un desastre. Las familias estaban indignadas muchos habían recibido de sus familiares o de compañeros de ellos noticias de las quejas sobre la seguridad de los vuelos. Los ánimos estaban caldeados y hubo algún acto grave de indisciplina por parte de personal militar que fue excusado por «la tensión del momento» y para pasar página cuanto antes.
No fue así. Las familias hicieron sus averiguaciones y reclamaron responsabilidades por los numerosos errores en la identificación de los cuerpos. El ministerio respondió torpemente, acusándoles de moverse por interés económico, lo que obviamente encendió más los ánimos, al tiempo que los profesionales en activo se hacían una idea de cual era el trato que podían esperar de la institución. Algo muy lesivo para la moral y la disciplina. Los procesos judiciales, las declaraciones políticas. las noticias sensacionalistas y las sospechas se prolongaron durante largo tiempo. Hasta catorce años después, el Ministerio no reconoció su responsabilidad en el suceso.

Monumento en Madrid

En definitiva, este fue un suceso doloroso del que yo saqué varias conclusiones, aparte de la ya sabida: que los políticos mienten y no por que sean malvados, es que es su naturaleza.

  1. Los facultativos responden por su actuación profesional. Las órdenes no excusan de la responsabilidad deontológica profesional.
  2. El paternalismo debe ser sustituido por la profesionalidad, la disciplina y el respeto que obliga a todos los miembros del escalafón.
    Creo que estas conclusiones se sacaron por más gente y la institución militar las ha ido asumiendo como propias. Las fuerzas armadas son instituciones sociológicamente tradicionales, por razones obvias, ya que están dirigidas básicamente por una gerontocracia y se basan en la experiencia y la tradición. Afortunadamente, en mis años de servicio he visto cambiar muchas cosas, y creo que seguirán cambiando y que los nuevos cuadros de mando que se han ido formando son más técnicos y científicos y tienen un claro concepto del liderazgo responsable.
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Bocai, clon de la Safari

Tenía el firme propósito de no volver a comprar ninguna imitación de Lamy, pero cuando vi este modelo sentí que «tenía» que comprarla para compararla con las otras.
Su aspecto era sorprendente: un color azul metalizado, que en la foto resultaba bastante atractivo, embalada en una caja transparente en la que además de la pluma iban dos cartuchos de tinta. Su precio también era escandaloso: 2,79 euros, puesta en casa.

Bocai, clon de la Safari
Cuando llegó, pude comprobar que su aspecto en directo era igualmente atractivo. Además de los dos cartuchos, instalado en la pluma, también venía un convertidor; aunque de émbolo sin rosca, es decir, de los más sencillos.
Los cartuchos eran propietarios, diferentes de los de Lamy y parecidos, pero no iguales, a los de Jinhao.
Aunque el color azul metálico ofrece la apariencia de una pluma de aluminio, en realidad el material es plástico pintado. El plumín no he podido separarlo de la alimentador pero, a ojo, no parece compatible con Lamy las piezas son exactamente del mismo tamaño pero creo que el Plumin es algo más estrecho. Tampoco las roscas son compatibles con las de las plumas Lamy lo que hace que las piezas no sean intercambiables.
Si que está copiado un detalle característico del tapón del capuchón de las Lamy Safari: la cruz que se usa para diferenciar la estilográfica del bolígrafo.
El alimentador también lleva un resalte para coincidir con una canaladura en la parte interior de la sección, que sirve para poner el alimentador, y por tanto el plumín, en el mismo sentido en relación a las facetas planas de la sección, que sirven para sostener la pluma en la posición correcta y ofrecer un mejor agarre.

Bocai, clon de la Safari

Aunque el capuchón es exactamente de las mismas dimensiones que el de Lamy y puede usarse en una Safari auténtica, el clip es un milímetro o dos más corto. Aunque el aspecto y grosor del alambre con el que está hecho es muy similar al original, no tiene el mismo grosor. En la Bocai es de 1,5 mm y el del Lamy es de 1,9 mm.
La he entintado con tinta Jacques Herbin «Vert de Gris». Me encanta como se desliza por el papel y el color de las finísimas líneas que traza. Sospecho que si la uso a diario antes de un año perderá la pintura en las zonas de más roce, pero me siento tentado a hacerlo porque realmente es una pluma preciosa. La estoy utilizando ahora mismo: es cómoda y se desliza bien sobre el papel casi diría que mejor que la Jinhao-82. Su EF asiático traza lineas mucho más finas que los EF originales de Lamy.
sin duda no tiene la misma calidad de materiales que la Safari original, pero tampoco el mismo precio. Yo diría que su peor defecto es usar cartuchos propietarios que si ahora mismo tuviera que comprar no sabría ni donde buscarlos. Por suerte, tengo una buena colección de jeringuillas.

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El vuelo

Tenía que salir de viaje. Iba a hacerlo en avión, no sé a dónde tenía que ir ni por qué, ni si estaba huyendo de algo. El avión que visualicé era una Cessna de ala alta y, sin transición, ya estaba volando sin que notase nada anormal en el vuelo.
Tenía que salir de viaje. Iba a hacerlo en avión; no sé a dónde tenía que ir ni por qué, ni si estaba huyendo de algo. El avión que visualicé era una Cessna de ala alta y, sin transición, ya estaba volando sin que notase nada anormal en el vuelo.
Volaba sobre la tierra y llegué a la costa que apareció como un acantilado al final de la llanura que sobrevolaba. Al llegar a él, sentí que caía muy rápido, pero pude recuperarme y subir. Entonces me di cuenta de que no iba volando en un avión, sino que llevaba el avión en la mano. Era del tamaño de una maqueta y parecía un avión de la guerra civil; monoplano de ala baja, como de bombardeo, pero con un solo motor en el morro. Mi mano ocupaba todo el espacio entre el ala y la cola. Pero su hélice, cuyo diámetro sería más pequeño que la palma de mi mano extendida, giraba a toda velocidad y tiraba de mí. Volaba, pero el aire me movía y me hacía dar bandazos y momentáneos descensos. Me preocupaba que me separase de mi ruta y estaba asombrado de cómo me había podido equivocar de avión y haber cogido eso, que solo era una maqueta, y que así no iba a llegar nunca porque era muy inestable. Pensé en dar la vuelta y volver para coger el avión correcto, pero como tenía prisa, quería seguir y no perder más tiempo. También veía que siguiendo con aquello iba a ir más despacio y no sabía qué hacer: si volver atrás a coger un avión de verdad o seguir con aquel juguete que, al fin y al cabo, me mantenía en el aire.
En ese punto abandoné el sueño o me desperté.

El avioncito

Este sueño me ha resultado muy curioso. En primer lugar, porque, a pesar de que los sueños suelen olvidarse, este se ha quedado grabado en mi memoria. De hecho, lo escribí al día siguiente. Por otra parte, siempre he sido el intérprete de mis propios sueños. Entiendo que los sueños reflejan conexiones que el cerebro hace durante el sueño, mezclando las experiencias del día con las lejanas, reflejando aquello que en uno u otro momento te ha impresionado con el producto de la imaginación, las historias o sentimientos que quizás ni siquiera recuerdas en la vida consciente. Si recuerdas el sueño, puede ser que a veces encuentres mensajes que tu subconsciente te envía sobre cosas que te preocupan, aunque tú ni siquiera sabías que estabas preocupado, o soluciones a problemas en los que creías que no pensabas demasiado, pero que seguían procesándose en tu interior.
En mi sueño yo no estaba agobiado ni angustiado. Solo la sombra de duda que me queda sobre si huía o simplemente tenía que hacer un viaje. El viaje, obviamente, es la vida, o una parte de ella. Significa el cambio en este pasar continuo del tiempo. El avión es el deseo de cómo quieres hacer el viaje, y la caída por el acantilado es alguno de los problemas que se nos presentan y, al recuperarte de ellos, te das cuenta de que lo que llevas durante el vuelo no es un avión, sino un trasto no más grande que una batidora, y sin embargo con eso, sigues volando.
Dudar si volver a buscar el avión es el deseo de estar mejor preparado para afrontar nuevos problemas, pero la imposibilidad de volver es la realidad de la vida: lo hecho, hecho está; la maqueta de avión te mantiene en vuelo y, con bandazos y pérdidas momentáneas de altitud, te mantiene en el camino a tu destino.

El avioncito

Me sorprende que en ningún momento estuviera preocupado por que se me pudiera cansar la mano que agarraba el avioncito; no sé si llevaba equipaje o cómo iba vestido, solo me preocupaba la calidad del vuelo y no retrasarme demasiado en el viaje. La sensación de vuelo era agradable. Siempre me ha gustado volar y, por tanto, verme en vuelo no me producía ninguna inquietud, sino más bien al contrario, me sentía seguro, sobre todo al comprobar que tanto la caída al sobrevolar el acantilado como los vaivenes producidos por el viento los había podido superar controlando el aparato que llevaba en la mano.
Mientras pensaba en ello, se me han ocurrido los dibujos. El primero corresponde a mi visión durante el sueño, ya que solo veía mi mano agarrando el avioncito. El otro es una recreación de cómo se vería la escena por algún observador externo.

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Jinhao 82

Hay muchos videos y artículos sobre esta pluma porque es bastante popular, por tanto yo no voy a sentar cátedra, este artículo es una crónica de mis impresiones después de un día de uso.
Hacía tiempo que me llamaba la atención. Hace poco, comprando en el gran comerciante chino de Internet, tenía que juntar diez euros de compra para no pagar los portes y esta estupenda pluma costaba solo 5,99€ así que no me quedó más remedio que picar.

Es una pluma muy modesta, pero cuyo aspecto es enormemente elegante. Es un clon de la pluma japonesa Sailor Gear cuyos precios empiezan en setenta (60) veces lo que cuesta esta.
Los materiales son bastante modestos pero creo que están tratados con mucho cuidado y el aspecto de la pluma es fenomenal: elegí este color opalino de un jade suave que me parece precioso. Trae integrado un convertidor pero yo la estoy usando con un cartucho de la misma marca con tinta color «azul profundo» que compré en el mismo pedido. Por una parte, quería probar este azul a ver qué tal es y por otra, quería tener cartuchos propietarios Jinhao, para reciclarlos y, si es necesario, usarlos con las otras plumas de esa marca que ya tengo. El color de la tinta también es muy agradable, próximo al azul cobalto, poco saturado.
El plumín es un EF de los de aguja, es decir, muy fino punto en un primer momento parece que araña el papel pero yo confío en que con el uso vaya mejorando y se haga un poco más suave.

Plumin Despiece

Como está hecha de plástico la pluma pesa muy poco y el tamaño sin capuchón no es muy largo unos 11,3 centímetros, medidos con la regla, un poco corto para mí mano. Sin embargo, posteada (con el capuchón sobre el culote), queda muy cómoda en la mano y se equilibra bastante bien.
En resumen se trata de una pluma muy económica, bien fabricada y con un aspecto muy elegante, para mi mano es agradable cuando está posteada, si no la encuentro pequeña. Hay que mencionar otros detalles positivos, como el plumín bicolor y el alimentador incluido o la rosca del capuchón.
Ahora habrá que ver cómo se porta con el paso del tiempo ya que el desgaste de los materiales suele ser el talón de Aquiles de estas plumas económicas.

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Sistemas de entintado

Aunque la Real Academia solo recoge como acepción de entintar la de «manchar o cubrir con tinta» o como sinónimo de «teñir», los aficionados a las estilográficas llamamos «entintado» o «entintar» a la operación y acción de rellenar de tinta el depósito de la estilográfica y las plumas «entintadas» son las que tienen sus depósitos con tinta y, por tanto, como norma general, las que tenemos en uso.
Esta operación es diferente según los diferentes sistemas de carga de la estilográfica. Yo diría que estos sistemas pueden ser por medio de cartuchos, convertidor, cuentagotas y sistemas integrados. Cada sistema tiene sus peculiaridades, ventajas e inconvenientes, pero a mi modo de ver, el «sistema ideal» depende, la mayor parte de las veces, de las necesidades y opinión del usuario.

Los cartuchos hoy en día son recipientes de plástico sellados que se abren al presionarlos en su alojamiento en la pluma y que están fabricados para ser desechables, pero pueden reciclarse limpiándolos y rellenándolos con una jeringa. Los cartuchos no son todos iguales. Su principal característica es la forma y diámetro de la boquilla de encaje con la estilográfica. Hay un llamado «estándar internacional» que es probablemente el más común, y que podemos encontrar en dos tamaños: 38 y 73 milímetros de largo.
Aunque el «estándar internacional» es el más frecuente, especialmente en Europa, desgraciadamente, no es el único. Muchas marcas tienen sus propios modelos de cartuchos, y por eso reciben el nombre genérico de «propietarios».
No entraré, porque no las entiendo muy bien, en cuáles son las razones que animan a los fabricantes a crear su propio modelo de cartucho, pero desde el punto de vista del usuario, es algo molesto como un grano en el culo que multiplica la logística y limita la libertad de elección de sistemas de entintado, a menos que quieras pasar por el aro del fabricante.
Entre las ventajas de los cartuchos está la facilidad para encontrarlos en cualquier comercio que venda productos relacionados con las plumas, incluso supermercados. Sin embargo, no es tan fácil encontrar colores diferentes al azul, rojo o negro. Y el más común, que es el azul, es de tono «sorpresa». El que tienen es el que hay y cuando lo pones en la pluma y escribes, lo ves. Por contra, es fácil llevar uno o varios cartuchos de repuesto. Muchas plumas permiten llevar un cartucho de 38 mm. puesto y otro de repuesto dentro del cuerpo de la pluma.

Los cartuchos tienen menos variedad de colores que los tinteros, pero pueden ser reciclados y rellenados con una jeringa de tinta de tintero. Hay tintas en frascos de diferentes tamaños, desde 10 centímetros cúbicos a un litro, de más colores de los que puedes imaginar o distinguir. Un célebre blog sobre tintas publicaba esta semana su revisión 2904: Casi tres mil informes sobre otras tantas tintas diferentes.

He leído en otro blog que poder probar tintas diferentes es el principal aliciente para usar plumas estilográficas. No estoy de acuerdo en que sea el «principal» pero si creo que encontrar el color de tinta que te produce mayor placer al escribir y leer lo escrito es una motivación importante, así como poder usar tintas diferentes según la ocasión, el estado de ánimo o la finalidad del escrito.Así que si te gustan las plumas, es muy probable que tengas una colección paralela de tinteros.

Y para entintar desde un tintero pueden usarse cartuchos recargados con jeringuillas. Las hay de diferentes tamaños y características. La más frecuente es la de farmacia. Es barata y muy fácil de obtener. El principal inconveniente es que la aguja pincha y hay que andar con ojo. El segundo es que el flujo de tinta es reducido y hay que ser paciente y no tener prisa al cargar o descargar la jeringa. Las jeringas para usos industriales pueden encontrarse con agujas romas y de mayor diámetro, lo que permite una carga y descarga más rápida y evitar los pinchazos.

Por último hay unas jeringuillas en miniatura que se venden específicamente para recargar plumas. Son baratas y yo las compro en el gran comercio chino de internet por docenas. Facilitan una costumbre muy sana: tener una jeringa diferente para cara tipo de tinta. Además de lavarlas después de cada uso, esta costumbre nos permite evitar la «contaminación» de los tinteros que consiste en que una tinta se mezcla con restos de otra, lo que puede dar lugar a que cambie el tono del color o se estropee.
Si el uso de cartuchos permite un fácil transporte, la costumbre de reciclarlos y rellenarlos elimina esa ventaja y complica un poco la operación de entintado. El usuario en Mastodón me dijo que el usaba una gota de silicona en la boca del cartucho y eso le permitía transportarlos con seguridad, pero yo no lo he probado nunca.


Sobre los cartuchos propietarios habría para escribir un tratado. Yo uso irremediablemente los de Lamy, Sailor, Platinum, Pilot, Junhao y Tachikawa. Y tengo cartuchos de otras marcas para las plumas respectivas: Sheaffer, Cross, Waterman,… Algunas de las cuales no uso, precisamente para no usar los cartuchos propietarios.
Los convertidores, por una parte, solucionan el problema de los cartuchos, pero por otra lo considero la forma más sucia y desagradable de entintar una pluma. La simple idea de meter la punta de mi pluma en una botella con tinta me produce rechazo. Por no hablar de la posibilidad de contaminar el frasco o de las irremediables manchas de tinta que siempre acaban en tus dedos, el papel absorbente y ocasionalmente en la mesa o en lo que tengas sobre ella. Mi uso de convertidores es lo más reducido que puedo y es, a mi modo de ver, el peor sistema habitual de entintado. Los convertidores pueden ser de émbolo movido a rosca o por deslizamiento. En cualquier caso, succionan la tinta por el mismo principio que lo hace una jeringa.
Integrados en la pluma, además de los sistemas de émbolo mencionados, está el de vacío. Este es un curioso sistema en el que el movimiento del émbolo crea un vacío en la cámara hasta que, llegado a un punto, se abre el acceso de la tinta y esta es succionada por el vacío creado.
A los inconvenientes de los convertidores, los sistemas integrados añaden la dificultad de limpieza de la estilográfica, ya que desmontar el mecanismo no es fácil; a veces requiere herramientas especiales y el ajuste de las piezas que han de mantener la estanqueidad requiere cierta habilidad.
De los sistemas antiguos como el de saco de goma que succiona por presión manual o de una palanca, el «snorkel» u otros no hablaré, porque los que he usado no los quiero ver ni en pintura y los que están en desuso, por algo será. Hay sistemas muy ingeniosos, pero, aparte de saciar la curiosidad, sirven para poco más.
Y solo me queda mencionar el sistema de entintado que suele proporcionar mayor reserva de tinta en la pluma: el «cuentagotas» o «Drop Eye» en inglés. Se trata de usar el puro de la pluma como depósito para la tinta. Solo puede usarse en plumas cuyo cuerpo sea estanco, sin agujeros para ventilación u otros fines y con un cierre que proporcione la seguridad de que no dejará filtrarse la tinta. En algunas plumas viene instalada y a otras conviene añadir una junta tórica muy fina de goma en la rosca del cuerpo con la sección si la pluma va a usarse con este sistema. El entintado consiste en verter la tinta del tintero al cuerpo de la pluma, normalmente con un cuentagotas, y de ahí el nombre. No lo he usado nunca. Tengo plumas en las que podría usarlo, pero la curiosidad siempre ha sido vencida por el temor a montar un desastre en forma de escape de tinta.
Y estos son los diversos sistemas de entintado. Yo uso, preferentemente, la recarga de cartuchos con jeringas individuales y, ocasionalmente, el alimentador, como en la Jinhao 9019 que viene con la pluma y es difícil de sustituir o la Asvine P.20 que tiene el sistema de émbolo integrado.

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Falsas Lamy

Los que hayáis leído alguno de mis escritos sobre plumas sabréis que mis plumas favoritas son las Lamy del «Sistema Safari», es decir aquellas que comparten el plumín y algunos detalles de diseño con las moderas Safari.
¿Quiere decir esto que opino que la Safari es la mejor pluma del mundo?. No, no he probado todas las plumas del mundo y entre las que he probado y uso a diario hay otras marcas que tienen estilográficas excelentes con las que disfruto mucho escribiendo. Pero de momento entre ventajas e inconvenientes, las que considero que tienen una mejor relación precio-calidad, diseño, comodidad, etc. son las Lamy Safari. Es mi opinión, y ya se sabe que «para gustos los colores».
Debido a su peculiar diseño y a su éxito comercial, la Lamy Safari ha sido muy copiada. Entendamos que copiar es reproducir determinadas características en un producto diferente, mientras que falsificar es fabricar un producto diferente pero tan parecido que pueda pasar por el verdadero.


El primer criterio para detectar una copia/falsificación es el precio. Sería absurdo intentar vencer copas del producto a tres veces el precio del original. El segundo criterio para diferenciar una copia es que aquellos que copian, para protegerse de las demandas por infracción de patentes suelen introducir diferencias en el producto para poder asegurar que simplemente es ‘parecido’.
Las imitaciones me han llamado la atención. Como muchos consumidores de cualquier marca, me he preguntado, ¿Merecerán la pena? Hace ya bastantes años compré en uno de los bazares de productos chinos en internet una pluma, más por su precio y su plumín que por ser una imitación de Lamy: La Jinhao 599, que llevaba un plumín de 1.5, curiosamente un plumín nada parecido a los típicos plumines Lamy. La Jinhao 599 tiene la forma del cuerpo capuchón y agarre de una Lamy Safari, pero el clip es una lámina metálica en lugar de un alambre y el plumín es un plumín Jinhao tradicional, en este caso de 1.5. Me costó algo así como un euro y medio puesta en mi casa y la llevo usando hace unos diez años no de forma diaria, porque la uso para rotular mi agenda, pero en todo ese tiempo no ha pasado ningún periodo sin estar entintada. Sigue haciendo su trabajo, así que no es basura. Las plumas de esos precios tienen una vida de entre seis meses y un año para que el ‘clic’ que da estanqueidad al capuchón desaparezca, o el plástico se agriete o las roscas de plástico se desgasten. Aun suponiendo que la usase una vez a la semana, ya habría superado con creces ese límite, asi que, dado su precio creo que no esta mal.


Después de esta compré la Jinhao 599 de color rojo. La usaba con tinta de su color para subrayados y cosas así, pero me dio mal resultado. Creo que por mi culpa, ya que pienso que usé cartuchos inadecuados. Ninguna imitación —que yo conozca— usa el cartucho Lamy, y me manchaba. Antes de averiguar por que era, dejé de usarla.
La de color dorado iba en un blister con cuatro cartuchos y un convertidor y creo que me costó como cuatro euros y medio. El tapón lleva en su extremo el típico tapón con una cruz que en las Lamy sirve para diferenciar la pluma del bolígrafo cuando los llevas en el bolsillo de la camisa. No obstante no hay que ser especialista en metales para identificar el dorado de la pluma como una simple capa de purpurina. Al abrirla, el plastiquillo barato del reverso disiparía las dudas del más crédulo de los usuarios.
Como detalle curioso, el alimentador incluido es una imitación «casi» idéntica al de Lamy, con la sección transparente, el tornillo y émbolo negro y la pieza por donde se agarra para hacer girar el mecanismo, de color rojo. El agarre es transparente y el plumín marcado EF es una típica «aguja» asiática. El clip es quizás el más parecido a Lamy. No la he probado de forma intensiva.
La de color titanio y clip negro parece del mismo fabricante que la anterior. Las roscas son iguales, el agarre alimentador y plumín también y el clip es de alambre algo más fino. Sin embargo no lleva la marca en forma de cruz en el extremo del capuchón y la junta de estanqueidad entre el cuerpo y la sección va integrada en el cuerpo y es también la pieza con la rosca para unir cuerpo y capuchón. Sin duda alguna la diferencia más importante es que el capuchón y puro son de metal. Muy fino y ligero, puede que aluminio, pero metal. Tampoco la he probado intensivamente y sin esa experiencia no puedo opinar sobre su desempeño.

Plumin Jinhao Falsa cruz en el capuchon

En definitiva, la pregunta es, ¿Merecen la pena?. Seguramente, es también una cuestión de opiniones, como todo tienen ventajas e inconvenientes. Sin duda son baratas, no: baratisimas. Las Lamy no son caras, pero si alguien no puede pagarlas, por mucho menos puede disfrutar de un diseño con algunas de sus ventajas. Ninguna da el pego. Nadie con ojos en la cara las confundiría con una Lamy.
Su principal inconveniente es la calidad de los materiales. Incluso entre las Jinhao, el plástico de la negra se ve de una calidad superior a la roja, pero el clip de lámina me parece un detalle insufrible. En general los clips uno de los detalles más característicos de la Lamy Safari no tienen ni por asomo la calidad de la pluma alemana.
Los plumines tienen lo que todos los plumines baratos. Si salen bien, no están mal, si rascan o tienen otro defecto, son baratos.
Hasta hace poco los plumines de estas plumas de imitación no eran compatibles con los Lamy. Por algunas décimas no eran de la misma medida y no se podían montar en una Lamy ni viceversa.
Hoy en día en el vendedor chino de internet se pueden comprar plumines anunciados «para Lamy» que van perfectamente en las plumas alemanas a una quinta parte del precio del original, yo diría que con un porcentaje de desecho del 20%, es decir de cada 5 plumines, uno tendrá problemas. Pero a un 25% del precio, te pueden sacar de un apuro.
Creo que las marcas europeas no deberían perder de vista a los fabricantes asiáticos. Cada vez producen con más calidad y han demostrado que pueden reventar precios. Naturalmente cuando hayan acabado con la competencia pondrán los precios que ellos quieran: como usuarios no debemos engañarnos.
Compré estas imitaciones por curiosidad. Saciada esta, no voy a comprar más. Personalmente no me merece la pena. Puedo pagar lo que cuesta una Lamy y, lo que pueda ahorrarme, no me compensa la perdida de calidad y satisfacción que me proporcionan las auténticas.

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¿Quo vadis, Microsoft?

En las redes se comenta las últimas «innovaciones» de Microsoft como una deriva que hace cada vez menos atractivo el sistema operativo todavía mayoritario en los ordenadores personales. A mi, la supuesta deriva de Microsoft no me parece tal, sino una evolución lógica del desarrollo de la compañía.
Microsoft ha tenido siempre por aspiración crear y vender «todo» el software que se ejecutase en los ordenadores de empresas y comercios. Este objetivo explica bastante bien su obsesión por el control.
Durante años Microsoft ha ido canibalizando todo el software útil, comprando las empresas que lo producían o hundiéndolas ofreciendo «gratis» programas sustitutivos integrados en su propio sistema.
La nueva ventana
Para que este control sea completo, Microsoft no necesita clientes independientes que analicen opciones. Busca prisioneros forzados a elegir entre las opciones que ellos producen. Su «cuasi monopolio» del mercado les ha ofrecido la posición ideal para conseguirlo. Y no han dudado en utilizar cualquier tipo de estrategia para consolidarlo.
La facilidad para conseguir sus aplicaciones y sistemas de forma gratuita, aunque ilegal, no ha sido en realidad ni perseguida ni impedida. Me atrevería a decir que incluso fomentada aunque su «politica oficial» lo desmiente fervientemente.
De esa forma han conseguido una gran base de usuarios educados en centros, oficinas y hogares que usaban programas de Microsoft porque era lo que venía con el ordenador, lo que se usaba en el colegio, incluso lo que usa la administración, resultando en ocasiones sumamente difícil realizar gestiones virtuales si no se dispone del software apropiado del omnipresente fabricante. Y además, durante mucho tiempo, era muy fácil copiarlo.
Esto se ha promocionado con generosas ofertas y «regalos» (envenenados regalos, diría yo) a la administración de turno. ¿Por qué esforzarse en pensar en otras opciones si te «regalan» la solución? ¿Cómo puede ser malo usar lo que usa «todo el mundo»?
Ignorando el peligro que supone confiar en un proveedor único (poner todos los huevos en la misma cesta), negarse a desarrollar soluciones propias y dejar «que inventen otros» y sobre todo dejar que el acceso a nuestra información, incluso la más sensible, dependa de organizaciones o empresas extranjeras, las administraciones europeas, no solo España, se han «dejado querer» por las multinacionales americanas, cediéndoles en gran medida nuestra «soberanía digital» y de tras de ella las llaves de nuestros derechos, nuestra economía, defensa y libertades.
En el mundo privado, las alternativas a Microsoft han sido el ecosistema de Apple y Linux. Ambos requieren un esfuerzo.
En el caso de Apple, un esfuerzo económico. Hay que decir que la empresa de la manzana no es muy diferente de Microsoft, por eso hablo de «ecosistema». Apple también quiere reinar en tu casa: la TV, el teléfono, la música y el ordenador funcionarán de maravilla juntos si son Apple.
Linux tiene fama de ser un sistema para «frikis», para aficionados a la informática con conocimientos o con habilidades para adquirirlos. Ciertamente, eso hace ya muchos años que no es así y hay muchas distribuciones de Linux que son tan sencillas de usar por un usuario básico como un sistema de Apple o Microsoft. Pero a veces, y sobre todo en temas de consumo, lo importante no es la verdad, sino lo que la gente piensa que es verdad. Adentrarse en Linux se ve por muchísima gente como un riesgo o al menos una aventura.
Y así llegamos a las aparentemente absurdas decisiones de Microsoft. A nadie se le escapa que son medidas de abuso de poder: todos tus datos dependen de mis programas y mis formatos, que necesitas para seguir trabajando, así que esto es lo que vas a hacer:

  • Cambiarás de sistema cuando yo lo decida, porque necesito vender para ganar más dinero; si cada versión durase 20 años o se actualizase gratis, dejaría de aumentar mis beneficios.
  • Cuando cambies de sistema, tendrás que cambiar, probablemente, las versiones de mis otros programas que usas, no para que yo gane más dinero; es por tu bien.
  • Como eres idiota, te lo pondré todo muy fácil.
  • Por si acaso no fueses idiota, no te dejaré que toques nada del sistema o aplicaciones; solo puedes cambiar las opciones que yo te dejo cambiar porque soy generoso.
  • Tendrás una IA presente en todas tus acciones porque es más fácil para ti y más lucrativo para mí, que así podré venderte con más eficacia lo que yo te diga que necesitas.
  • Es muy probable, casi seguro, que para correr las nuevas versiones necesites comprar nuevo hardware. Es normal, pues nuestros amigos que venden sus ordenadores con nuestro sistema instalado también tienen que ganar dinero, y es lógico que nosotros se lo facilitemos.
  • Como hay gente que se resiste a estos cambios, aunque son por su bien, en lugar de venderte el software, te voy a alquilar el acceso a él a través de la red. Además de hacer más caja, sabré mejor lo que haces con él y podré cortarte el acceso si no pagas o lo usas como a mí me conviene.
  • Tus datos estarán más seguros en mi nube: solo tú (y yo, por supuesto) conoceremos tus secretos y estos irán aumentando, de forma que pronto será imposible que los muevas de ahí.

Es evidente que Microsoft trata a sus clientes como si fueran idiotas. Lo sean o no, y sin aventurar en qué porcentaje lo son, saben que aunque algunos «despierten» y les abandonen, quedarán los suficientes para mantener su nivel de ingresos, o incluso aumentarlo.
Ayuda el hecho de que la mayoría de las personas son reticentes al cambio y perezosas. No tener que pensar o actuar favorece el mantenimiento del «status quo». Las personas tienden a seguir la ley del «mínimo esfuerzo».
Ahora nos sorprende que haya más gente que abandona Windows y se pasa a Linux, pero eso ocurre en porcentajes asumibles para los de Redmond porque la subida de ingresos supera las pérdidas por defecciones que, por otra parte, cada vez serán más difíciles, porque lo que están haciendo es reforzar los grilletes.
Y esto es así. La vida nos plantea un dilema: ¿Quieres ser libre o irresponsable? Es decir: ¿Quieres tomarte el trabajo de saber y decidir, o quieres pasar y vivir sin preocupaciones?
Ser libre implica informarse, tomar decisiones, probar cosas nuevas, arriesgar. Muchas veces solo a cambio de satisfacción, autoestima y dignidad.
Vivir sin preocupaciones te evita pensar, esforzarte y decidir, a cambio de dinero, dependencia y ser objeto de abuso.
Entonces ¿A quien le importa?

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Innovador plumín Lamy

Ya sabéis que uno de los signos distintivos de la pluma Lamy Safari es el plumín. Un tipo de plumín que comparten otras plumas de lo que yo llamo el «Sistema Safari», las: Safari, Al-Star, LX, Neex, abc, cp 1, scala, studio, dialog, …y no sé si me dejo alguna.
El caso es que ese plumín triangular, en diversas calidades y tipos de punta es algo icónico de Lamy.
Pues bien, eso podría cambiar, o al menos ampliarse la gama.
Según el artículo que os enlazo, en perfecto alemán (nada que un poco de cultura o un traductor automático no pueda resolver), y literalmente:
«Lamy está trabajando en un plumín «sin ranura» – una innovación técnica de la ranura de plumín clásica. El canal de tinta se introduce en la parte inferior mediante un láser de pulso ultra corto y el grano se estandariza previamente. Objetivo: geometría reproducible, una superficie sin tinta y una nueva estética a través de facetas concisas.»

Nuevo plumin Lamy

El artículo — publicado el 30/01/2026— que detalla el proceso de producción, no detalla si los nuevos plumines cubrirán toda la gama del «Sistema Safari» o solo se fabricarán plumines «de lujo» para las plumas de gama alta.
Como sabéis los grosores de trazo de los plumines Lamy han sido criticados en algunas ocasiones por presentar pocas diferencias entre M, F y EF, aunque tengo que decir que la calidad del plumín y la experiencia de escritura, compensa cualquier cosa parecida que pueda ocurrir en ese sentido. ¿Serán estos nuevos plumines más precisos en la determinación del grosor de trazo del plumín?. Se habla que los trabajos en curso están intentando adaptar el sistema a los diferentes grosores de plumín.

Como fan de Lamy no puedo decir más que estoy impaciente por ver esa novedad a la venta y poder probarla.

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Pelikano Junior

Compré esta pluma en diciembre de 2016, como puede verse, en esa tienda de Amazon con nombre de río grande. Me costó 12,99€ que yo creo que era un precio bastante razonable, pero que hoy está entre 15 y 24 euros y soporta bastante mal la competencia de otros modelos de la misma marca. La usé durante bastante tiempo con tinta verde para cuando necesitaba usar ese color, es decir pocas veces o quizás me exprese mal, porque no fueron pocas sino cortas, es decir, no escribía textos prolongados. No suelo escribir con tinta verde salvo señalización, subrayado y otras marcas o notas en un texto.


Sin embargo tengo que decir que es una pluma sumamente cómoda. Su aspecto es un poco el que se pretende para una pluma infantil. En Alemania los niños usan la pluma en la escuela. Me parece un acierto y siento que esa práctica no sea común en España. Escribir con pluma no solo mejora la caligrafía sino que también estimula la motricidad fina. Si se promueve esa costumbre es más fácil que los universitarios entiendan sus propios apuntes, los médicos dejen de tener «letra de médico» y el público en general disfrute de la capacidad de «pensar despacio», lo cual sin duda no puede sino llevar a un mundo mejor.
Pelikan es una marca «de toda la vida». Yo la recuerdo por los tinteros que andaban por casa cuando era niño. Hoy en día fabrican afamadas y caras plumas, la gente dice que son muy buenas, pero de esas creo que nunca os hablaré, porque como sabéis, solo compro plumas de menos de 30€. Pero la gente dice que son muy buenas, y sois libres de regalarme una Pelikan Souverän 400 o una de esa gama cuando queráis. Yo la pruebo y os cuento.
Pero si que he probado algunas Pelikan de las «baratas» y tengo que decir que son excelentes. La Pelikano Junior no es una excepción sino un ejemplo. Destaca por su ergonomía y comodidad, pero la escritura es suave y el funcionamiento impecable, Su ancho sin el capuchón es de 1,33 cm si mi «pie de rey» no me engaña y el resto de las dimensiones podéis verlas en la imagen.
Tengo que decir que para ser una pluma infantil tiene una decoración bastante discreta. Con ella habría triunfado en el colegio, pues el amarillo y el azul eran los colores de mi colegio de antes de los 12 años.
El ancho de plumín A es muy frecuente en plumas de aprendizaje y la marca ‘R’ (right, diestro) sugiere que también hay un modelo para zurdos.
El capuchón no tiene clip, ni tampoco un resalte que le impida rodar en las mesas inclinadas, algo que se echa de menos. con muy poca inclinación, quizás los abultamientos en el cuerpo podrían evitar que ruede, pero que nadie confíe en eso.
Tampoco en que esas especie de lupas ovaladas en el lateral del cuerpo sirvan para inspeccionar el nivel de tinta. Están muy arriba para el cartucho pequeño y es más fácil mirar al trasluz porque el cuerpo azul es casi transparente.
La de la figura lleva un cartucho largo y cabe también uno corto y otro de reserva. No puede usarse con el sistema «cuentagotas» o «eye dropper» (sin cartucho, se usa el propio cuerpo de la pluma como depósito) porque tiene unos agujeros de ventilación en el extremo del cuerpo.
En definitiva, como otras de gama similar de la marca Pelikan la Pelikano Junior es una pluma excelente, aunque su precio y la disponibilidad de otros modelos de la marca la hacen una elección improbable. Pueden encontrarse modelos Twist de la misma marca entre 10 y 12 euros y el modelo «Pina Colada», similar pero con clip por 9,96€, existe el modelo Pelikan Pelikano Up que es una versión «para adultos» con mejor diseño y cuyas variantes oscilan entre 19 y 25 euros aproximadamente.

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Sailor Fude DE Mannen

Seguramente habéis visto unas plumas que tienen la punta torcida y quizás el que no las conozca se pregunte si es que se cayeron al suelo y se torció el plumín o qué les ha pasado. El caso es que se trata de un tipo de plumín especial denominado «Fude».
Las plumas Sailor «Fude DE Mannen» son plumas estilográficas con esa punta especial que permite escribir fácilmente caracteres que parecen escritos con un pincel.En principio su uso era para caligrafía japonesa o china, pero su utilidad para el dibujo las ha popularizado en todo el mundo.
El grosor del trazo varía en función de la inclinación de la pluma sobre el papel y no solo puede hacer trazos de un grosor constante sino que con algo de habilidad se puede hacer variar el grosor del trazo mientras se dibuja, lo que confiere una gran belleza a las lineas e infunde personalidad al dibujo.


Cuando sostienes el bolígrafo en posición vertical, puedes escribir líneas finas, y cuando lo inclinas, puedes escribir líneas gruesas. Si le das la vuelta puedes escribir trazos realmente muy finos.
El modelo verde lleva un plumín con una inclinación de 55º y es el que más me gusta para dibujar. El modelo azul oscuro lleva un plumín con una inclinación de 40º y a mi me resulta más útil para escribir que para dibujar. No obstante, es probable que esto dependa de la forma en que cada uno sostiene la pluma. Hay más colores; rosa, marrón y blanco, que llevan también plumines de 40º
Aunque son bastante grandes (Ø 15.0×169mm) y dan problemas para ponerlas en los alojamientos (cajas, estuches) con otras plumas, no son incómodas en la mano, pero sin duda yo prefiero la más manejable y elegante (aunque más cara) Sailor Profit.
El nombre «Fude de Mannen» proviene de las palabras japonesas Fude (筆ペン), que significa pluma de pincel, y Mannen (万年筆), que significa pluma fuente, pero también puede sonar como «esta es una pluma de pincel» en ciertos acentos regionales.

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