Como un toro

Escribir es una actividad sedante. A menudo tengo la impresión de que mis pensamientos corren por mi mente como la mayoría de los mozos en San Fermín: a todo lo que les dan las piernas, buscando entre la multitud que les rodea un espacio donde dar la siguiente zancada, sin ver un toro en todo el encierro pero sobresaltado por la idea de que en cualquier momento pueden recibir una cornada o caer por el suelo y ser arrollados por la desbandada de mozos y astados.


Y como en las retransmisiones de la televisión, la actuación de la mayoría de esos corredores, se pierde. Algunos encuentran su momento de gloria al poner la mano sobre el lomo de uno de los toros o al esquivar con habilidad la punta de una cornamenta, quedarse inmóvil cuando caído en el suelo la manada le pasa por encima, milagrosamente sin aplastarlo. Pero en el torrente de imágenes esas escenas que presagiaban una tragedia que no ocurrió o expresaban toda la esencia de la fiesta, desaparecen sin rastro, descartadas por el presentador en beneficio de otras que llamaron más la atención del realizador o simplemente decidió pinchar otra cámara.
Reconozco que a mi me gustaría hacer una formación militar con esos mozos, haciéndoles guardar filas rectas y distancias iguales entre ellos, moverse de forma coordinada para conseguir objetivos inaccesibles para una individualidad, poderlos detener y pasar revista uno por uno para desechar a los incompetentes o a los que han resultado dañados, conocerlos personalmente para ayudar a su compenetración con el equipo, estimularlos a encontrar a felicidad en el objetivo común, detectar a los que tienen capacidad de liderazgo para que a su vez motiven a sus compañeros, a los más fuertes para convertir las debilidades en fortalezas y en definitiva obtener una fuerza lógica de pensamiento, pletórica de sabiduría, sólida en su fundamento, fuerte en su argumentación, fluida en su oratoria, amable y generosa al compartir su conocimiento, cortés y tolerante con la opiniones ajenas aun siendo firme en sus convicciones.
Soy consciente de que este símil puede parecer algo militarista, por lo cual no voy a pedir excusas, es un símil de uso privado y puedo usar el que me de la gana. Los paradigmas creados por mi formación son estos y me resulta mas cómodo usarlos. Tampoco se me escapa que la primera linea, donde se declara el amor a las formaciones de lineas rectas sería calificado por Norman F. Dixon como «un signo de incompetencia» y yo coincidiré con él en que cada uno tenemos nuestras limitaciones y un cierto grado de incompetencia está más extendido que su reconocimiento por parte de los afectados. Al fin y al cabo ser consciente de ese grado de incompetencia es la única vía para intentar eludirlo.
Estos símiles utilizados, a pesar de su imperfección creo que muestran el debate que a menudo se apodera de mi mente: la lucha entre el caos y el orden, la creatividad y la productividad, la idea y el hecho.
Una de las pocas cosas que se me ocurren para poder pescar en ese río revuelto de ideas es ralentizarlo. Pensar mas despacio par poder filtrar las ideas y seleccionar las que pueden seguir corriendo haca la plaza o las que hay que sacar del recorrido. En realidad, mi poder sobre el paradigma es tal que podría hacer que fueran los mozos los que persiguieran a los toros y otras cosas más extrañas, pero creo que por el momento debo cortar esa vía y decir que eso es otra historia.
¿Donde estaba?, ¿De donde vengo?. Cuando escribes no tienes más que volver atrás en lo escrito y releerlo para centrarte. Escribir es pensar despacio. Pensar despacio es necesario para no ser arrollados por los problemas o los otros pensamientos, lleven unos u otros pañuelos rojos o cuernos.

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La Sheaffer de la caja

Revolviendo en una de las cajas donde guardo plumas que uso poco, he encontrado una que ni siquiera recordaba. Resulta ser de la marca Sheaffer. Aunque no dudo de la calidad de la marca no suelo usarla por tener cartuchos propietarios y como en el caso de Cross, prefiero evitar complicar más mi logística en materia de cartuchos.

La pluma en cuestión es de plástico negro, con los adornos dorados, tiene el típico puntito blanco en la parte de arriba del clip, que simbolizaba la garantía de por vida de la marca.

En el lateral superior del clip pone ‘USA’ y al otro lado ‘SHEAFFER’, en letras de tamaño minúsculo, claro.
En la parte baja del clip un logotipo de una entidad bancaria indica que probablemente fue un regalo publicitario. Nunca he sido tan buen cliente de esa etidad como para que me regalen una pluma cara, así que supongo que no lo es y me ha entrado curiosidad por saber qué modelo es.

Le he preguntado a Google Lens, que me dice que es una Sheaffer Imperial y efectivamente, por la forma podría serlo, pero presenta algunas diferencias con las plumas de este modelo que he encontrado por internet.
La primera es que el plumin «inlaid» no es de oro de 14k como en las Imperial de los años 60, sino que en el propio plumín está escrito lo siguiente:

SHEAFFER
23K GOLD (R)
ELECTROPLATED

y en un lado tiene un cuño minúsculo.

Ese sello, con las letras «PF» dentro de un escudo y arriba mucho más pequeño aún «STE». Ente ls dos inscripciones, un rombo. Este sello con forma de escudo invertido es un sello de control utilizado históricamente por la marca Sheaffer en sus instrumentos de escritura.
Como se indica también el el plumín, está dorado con oro de 23K por métodos electrolíticos.

El sistema de carga no es por émbolo ni saco de goma, sino cartucho propietario de la marca.

En algunos modelos antiguos, el extremo del cuerpo lleva unos círculos concéntricos. Aquí forma un cuadrado de lados curvos, liso.
Todos estos detalles me llevan a pensar que se trata de una estilográfica de la serie Imperial fabricada a partir de los años 70 y 90.
Una pluma Sheaffer económica, basada en la Sheaffer Imperial clásica y más moderna.
Si alguien puede dar más detalles sobre el modelo exacto, cuando se fabricó y que valor tiene, estaré muy agradecido y puede contactar conmigo por correo o a través de Mastodon.
Por otra parte es una de las plumas que vendería o intercambiaría, así que si alguien está interesado, puede hacer una oferta por la misma vía.

 

 

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Plumín Majohng flexible

Ayer mi hija me dijo que se había comprado una estilográfica Majohng P136 con un plumín flexible en el gran comercio chino de internet. Y claro, me entraron unas ganas increíbles de probarla, porque había oído maravillas de ese plumín. Entre ellas el las de  Laura Azahara en su vídeo de youtube que incluiré al final del artículo.

Moonman P136

En resumen, es un plumín de acero que es razonablemente flexible. ¿Que quiere decir esto? Los plumines de acero no suelen ser flexibles. Hasta ahora yo he probado dos plumines de acero «un poco» flexibles. El de la pluma de la cadena holandesa «Hema» que ya no tiene tiendas en España y la Noodler’s Ahab Flex, pluma estadounidense, unos euros más barata que esta.
En la Hema había que hacer una fuerza desmedida para abrir los gavilanes y ensanchar el trazo. Con tamaño esfuerzo era difícil hacer un trazo suelto y es impensable escribir más de tres o cuatro palabras. La Noodler’s es algo más flexible, pero tampoco nada del otro mundo. Hay que hacer presión y no es cómodo escribir, pero se puede escribir una frase sin luxarse un dedo. Yo no iría más allá.

La pluma escribe bien y tiene un diseño clásico, Es de émbolo y no es fácil de desmontar: no tiene agarre para la llave que permite desmontar otras similares, como mi Asvine 126. Necesita unos centímetros de profundidad en el tintero para succionar la tinta y hay que desalojar el aire y repetir la operación para que no quede medio vacía. Por lo demás es agradable al tacto y se desliza bien.

Plumin flexible Prueba de escritura

El plumín flexible de Majohng que hoy he tenido el placer de probar, permite escribir separando los gavilanes con una presión que no te deja los dedos doloridos y que te permite controlar el trazo de las letras. Cuando haces caligrafía Copperplate, a menos que seas un monstruo del tema vas a ir lento. Pensad que la mayoría de lo vídeos en los que se ve escribiendo este tipo de letra están acelerados y parece que escriben bien de la muerte a la velocidad que vosotros y yo hacemos garabatos. No, normalmente, hay truco. Pues eso, con el plumín Majohng flex, se escribe lento pero cómodamente.
Si quieres usar la pluma simplemente para escritura cursiva, puedes hacerlo igual que con cualquier otra pluma. El trazo es fino y como no aprietas, regular. Si tu costumbre es apretar un poco más en algunos trazos estos saldrán ligeramente más anchos.
Y desde luego si quieres hacer caligrafía y aprietas como si te fuera la vida en ello, los gavilanes se separarán como de 1,5 a 2 milímetros pero tendrás unas hermosas «vías de ferrocarril». Es decir en lugar de un bonito trazo de ese ancho dos finas lineas trazadas cada una por uno de los gavilanes. Eso ocurre porque a ensancharse tanto el trazo, el plumín demanda una cantidad de tinta que el alimentador no puede proporcionar.

Prueba de escritura Prueba de escritura

Este problema es el más frecuente en las plumas a las que se les ha instalado un plumín «G». Si consigues que encaje en la pluma, luego te encuentras con que has de modificar el alimentador para aumentar su flujo. Un alimentador es una pieza de precisión y muy pequeña, en la que es muy difícil trabajar de forma artesanal. Y hablo por experiencia. Así que cualquier solución que te vendan hecha, es mucho mejor. Sobre todo si es a un precio razonable.
Y el precio de este plumín , es razonable. La pluma P136 cuesta en el gran comercio chino de internet 32,59€ y 44,46€ en la tienda de internet con nombre de río largo (hoy 28/05/2026), algo, que como sabéis está por encima de mi límite de 30€. Aunque a la mayoría puede le parecer un límite muy bajo, en este caso hay una solución más barata. Como se trata de un plumín del #6 estándar que, además, puede comprarse en el mismo sitio por entre 4,39€ y 11,02€, dependiendo del vendedor y según lo queráis plateado o dorado y suelto o con el alimentador en casquillo para enroscar en algunas plumas que tienen ese sistema. En la web del chino hay que buscar: «Plumilla de Repuesto para Caligrafía» para dar con él.

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Vert de Gris

Los nombres de los colores son algo ambiguo. Y «Vert de Gris», solo por el hecho de mezclar dos nombres de color en su definición ya es un candidato a la complejidad. Por si fuera poco, autores tan respetados como el del blog «Mountain Of Ink» aseguran que «en hisopos grandes se ve más verde/gris y al escribir se ve más azul», así que decide llamarle azul. Antes de decidir como le llamareis vosotros, os sugiero hacer una prueba para saber como está vuestra capacidad de discriminación entre el verde y el azul para saber cual es vuestro azul. también podéis hacer la prueba «Ishihara Azul-Verde» en línea. Creo que con esto quedará demostrada la naturaleza imprecisa de los nombres de los colores. En cuestión de colores de tintas, el nombre es lo de menos. Incluso si tuviéramos un numero exacto para definir el color de la tinta en cuestión, lo importante no es como se llama; lo realmente importante es algo muy subjetivo que es si te gusta o no te gusta. Porque como dice el refrán, «contra gustos no hay colores» y el color de una tinta depende del plumín, el papel, y otros factores. ¿Te gusta la tinta con el papel y la pluma que usas normalmente?. Pues ya está: es un tinta bellísima.

Vert de Gris Vert de Gris

Y justamente eso es lo que me pasa a mí. No con el Verde-gris o Verde grisáceo, cardenillo o verdín, sino con el «Vert de Gris» de Jacques Herbin. Según el fabricante, ha sido formulado para uso con pluma estilográfica —no para dibujo, como se afirma en alguna página— y sin duda es un tinta de gran calidad. Fluye perfectamente en plumas con plumín ultra fino o grueso, y no lleva pigmentos no otros componentes que puedan obstruir o deteriorar la estilográfica. El tintero de 30 ml. tiene un práctico diseño que permite usarlo como soporte para la pluma.


Tengo que decir que llegué a este color desde el «Blue Petrol» de Lamy, pasando por el Twilight de Diamine. Ambos colores tienen tonos muy diferentes en las muestras que se exhiben en internet y su color tambien cambia segun el papel y la pluma. Ambos se mostraron con el uso más oscuros y menos saturados de lo que a mi me gustaba. Buscando un tolo similar que mostrase realmente su color, llegué al «Vert de Gris». Dudé mucho antes de comprar el primer tintero, porque no quería equivocarme al basar mi opinion en las muestras de color digitales. Finalmente, aproveche una oferta y compré un tintero. Éxito total. Hasta el momento esta tinta responde completamente a mis expectativas. Su color suave y profundo, ciertamente rico en tonos entre el verde-gris o el gris azulado, me encanta.

Caja Vert de Gris Comparacion Vert de Gris

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Azul Grial

Durante mucho tiempo he aborrecido usar la tinta azul para escribir. En parte, porque todo el mundo escribía con tinta azul. Los bolígrafos, los tinteros, los cartuchos, todo. La tinta para escribir era azul. A mí me parecía algo demasiado obvio y uniforme. No me gustaba la escritura azul. El negro me pareció una buena opción para salirse de la fila y, durante mucho tiempo, la tinta negra ha sido mi favorita para escribir. Tampoco había muchas más opciones.
Sin embargo, he vuelto al azul. No a un azul cualquiera, vulgar, brillante o eléctrico. Cuando tuve que decidir qué azul toleraría, descubrí que mi tinta azul favorita es un azul grisáceo pálido. Con esa tinta tengo escrito un texto de mi época de estudiante. Apenas una cuartilla. Me parece que podría transcribir el Quijote con esa tinta sin cansarme del color.
Solo tengo un pequeño problema: no sé qué tinta es. Estos últimos años he buscado esa tinta, como si fuera el Santo Grial. He de decir que sin demasiado éxito, aunque también es cierto que no he empeñado mi fortuna en ello, sino solo pequeñas cantidades con la idea de no hacer excesos que derivaran en excesos de stock, aunque algunos sí se han producido.

Blue Petrol Blue Petrol

En este camino he encontrado algunas tintas que han sido mis favoritas del momento. El primer hallazgo que me robó el corazón fue la «Blue Petrol» de Lamy. Apareció con la Lamy Safari del mismo color, que fue la pluma del año de ese modelo. Entonces usaba básicamente tinta negra. El tono verdoso, quizás turquesa oscuro, que tenía la tinta me pareció muy atractivo. La tinta solo iba a fabricarse durante ese año, así que me conseguí un tintero que todavía me dura.

Diamine Twilight Diamine Twilight

Un tiempo después encontré la Diamine «Twilight». En muchos foros se comentaba que era muy similar a la «Blue Petrol», y de hecho yo la compré como un sucedáneo de esta por si acaso no la volvía a encontrar.
El sucedáneo superó al original, pues el tono de la Twilight era más azulado que el de la Petrol, que era algo verdoso, y me gustó más.
En una de esas sesiones de serendipia consumista en el gran vendedor de Internet con nombre de río largo, encontré una oferta que me pareció imposible de evitar. Un frasco de Jacques Herbin «Bleu Myosotis» de medio litro por 27 euros. En lo que me pareció que había sido un momento de locura, pulsé el botón y lo compré.

Bleu Myosotis Bleu Myosotis

Felizmente, fue un momento de fortuna, porque cuando probé la tinta me encantó. No solo es una tinta excelente en cuanto a su comportamiento dentro de la mayoría de las plumas en las que la he usado, sino que además, su color es realmente atractivo. Más apagado que los «Azul-Azul» que tan poco me gustan, aunque no tan grisáceo o poco saturado como la tinta que andaba buscando. Pero con suficientes cualidades como para proponerme gastar el medio litro escribiendo con ella.
Aún así, tengo suficiente como para poder permitirme hacer un intercambio de muestras de tintas si alguno de los lectores está interesado.

Monteverde Azul-negra Monteverde Azul-negra

En toda esta historia, una de mis grandes frustraciones fue la tinta Monteverde «azul-negra». Sin duda es una tinta de gran calidad, pero creo que yo solo la he usado una vez y me pareció más negra que azul. De hecho, completamente negra. Candidata también para intercambios de muestras o incluso de tintero completo.
Eso me desanimó bastante y durante un tiempo la búsqueda decayó.

Parker Quink Azul-negra Parker Quink Azul-negra

Como tenía la idea de que el «Santo Grial» podía ser la Parker Quink «azul-negra», compré un tintero. No es, pero el color me parece próximo al «Blue Myosotis» aunque más oscuro y perfectamente admisible para mi uso frecuente. De hecho, creo que es muy probable que la Quink azul-negra sea la tinta de mi muestra misteriosa, ya que, de las marcas comunes que yo usaba en la época, es la que más se parece.

Vert de Gris Vert de Gris

A pesar de mi gran reserva de «Blue Myosotis», me tentaba probar el color «Vert de gris», también de Jacques Herbin. Me preocupaba que, al verla en el mundo real, no fuera tan atractiva como parecían las muestras de colores que veía en la pantalla del ordenador. Pero en un momento que descendió de precio, aproveché para comprar un tintero.
No solo no quedé decepcionado, sino más bien encandilado; actualmente es mi color de tinta preferido. El tono medio, ni claro ni demasiado oscuro, la saturación moderada pero patente y tratarse de un color poco frecuente la hacen muy distinta a las demás. Si tuviera que usar un solo adjetivo, diría que me parece una tinta «muy elegante».
Sin embargo, sigo usando Díamine «Twilight» en mi Bullet Journal y «Blue Myosotis» en mi cuaderno de escritura, básicamente porque no soy de generar desperdicio, pero sin duda, cuando se agote la de Díamine «Twilight», será sustituida por «Vert de Gris».
Por la misma razón, y como me gusta el «Blue Myosotis» ya no pongo tanto interés en la búsqueda del «Azul Misterioso» de aquella cuartilla. Estoy empezando a pensar si con el paso del tiempo no habrá sufrido un efecto de decoloración y en realidad estoy buscando un fantasma. He visto muestras de color en internet que no son aquella tinta, porque nunca he tenido tinteros de esas marcas, pero podrían ser colores muy próximos al que busco.

Jinhao Azul profundo Jinhao Azul profundo

Recientemente he probado el «Azul profundo» de Jinhao y me resulta bastante atractivo, aunque el hecho de que no sea frecuente en el comercio local no lo hace muy idóneo.
Por ahora, aunque he hecho una pausa, no he abandonado la búsqueda del Azul Grial.

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El desastre del Yak-42

Hace veintitrés años, el día 26 de mayo de 2003, fallecieron en Trabzon (Turquía) sesenta y dos militares españoles en el accidente aéreo del Yak-42 registro UKM4230 de la compañía UM Air, que el ministerio de Defensa había contratado a través de NAMSA, la agencia de la OTAN.

Yak-42 UKM4230

Entre el personal fallecido figuraban componentes de los Ejércitos de Tierra y del Aire, de los Cuerpos Comunes y de la Guardia Civil, que volvían a España después de haber prestado su servicio en el cuarto contingente español de la Operación de Mantenimiento de la Paz en Afganistán (ASPFOR IV) bajo la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN.

El suceso fue un accidente que, sorprendentemente, no es extraño en aviación: el piloto viró al lado contrario del que le dijo el controlador, estrellándose contra una montaña en lugar de encontrar el aeropuerto.

A pesar de tratarse de un fallo humano, en los accidentes suelen intervenir otras causas.
En este caso, se especuló que el cansancio de la tripulación aumentó el riesgo de cometer un error de este tipo, pero se comprobó que la tripulación no había rebasado el máximo de horas regulado por las normativas española y ucraniana.

Logo de la NAMSA

El vuelo estaba contratado a través de la agencia logística de la OTAN. Este tipo de mecanismos están previstos para facilitar el acceso de los aliados a determinados servicios. esto permite aprovechar la experiencia, los contactos y la transparencia del proceso de contratación de la Agencia. En términos políticos, que agitaron la sociedad y indignaron al público y mucho más a los familiares de los afectados, se habló de la diferencia entre el dinero pagado por el ministerio de Defensa (149.000€) y el recibido por la compañía aérea (38.442€) Como si ese dinero hubiera ‘desaparecido’ o usado en forma fraudulenta. No fue así. Se trata de un proceso de contratación normal donde los intermediarios y los costes consumen la mayor parte del pago. Tras los hechos, la agencia reconoció su responsabilidad en los hechos, sin que hubiera consecuencias conocidas, debido probablemente a que el proceso de contratación siguió las normas establecidas y el hecho de que un proceso sea mejorable, no supone dolo ni entraña responsabilidad criminal para quienes lo aplican.

El ministerio desoyó las criticas de los usuarios de vuelos anteriores. Aunque había detalle manifiestos de envejecimiento y mantenimiento defectuoso de las aeronaves (que no fueron la causa del accidente) esa información debería haber motivado una investigación sobre la seguridad de los vuelos.
Después del accidente, la gestión de la tragedia fue un desastre. A mi modo de ver, por dos motivos fundamentales: el deseo político de abreviar el trámite para que desapareciera de las portadas de los periódicos y la aplicación rigurosa de la mentalidad paternalista y tradicional de la estructura de mando militar.

Aunque el poder político nunca lo reconoció, a los médicos que se envió a Turquía para repatriar los restos de los fallecidos se les dio la consigna de hacerlo ‘rápidamente’.
El escenario de un accidente de aviación es difícilmente imaginable por quien no ha vivido una situación similar. Entre los restos chamuscados del aparato, utensilios y equipaje que viajaba en al mismo, hay cuerpos mutilados, miembros humanos, simples pedazos de carne difícilmente identificables e incluso jirones de carne enganchados en los matorrales o vegetación circundante. Agrupar esos pedazos en 75 grupos y que cada uno corresponda a un cuerpo, no solo es un macabro rompecabezas, si no un proceso largo y muy costoso, si se quiere hacer con precisión.

Quizás se podría haber preguntado a las familias: «¿quieren ustedes unos restos, mayoritariamente de su ser querido, dentro de seis o nueve meses, o lo quieren la semana que viene?». Pero esta consulta nunca se hizo. Se aplicó el «pobrecitos, ‘para que no sufran’, vamos a hacerlo rápido», fórmula de la mentalidad tradicional basada en la pretensión de que el que manda puede decidir por los otros, como si fueran niños bajo su tutela. Además cuadraba con los deseos del poder político de ‘resolver’ pronto el trámite.
Los médicos, militares ellos, obedecieron las órdenes. Seguramente tenían pocas opciones y menos medios, pero olvidaron que los que firmaban los certificados eran ellos, no sus jefes, y tiempo más tarde la justicia consideró que se trataba de una «falsedad en documento público», y que el firmante era responsable de lo firmado.

Tampoco se preguntó a las familias si deseaban funeral íntimo o un «bonito acto de homenaje». Segun esa mentalidad patriarcal de la que hablaba, los muertos siguen siendo del ejército y como Dixon reflejó en su libro «Sobre la psicología de la incompetencia militar», a los militares incompetentes «les encantan» los actos protocolarios, ordenados y «bonitos».
El acto en si, fue un desastre. Las familias estaban indignadas muchos habían recibido de sus familiares o de compañeros de ellos noticias de las quejas sobre la seguridad de los vuelos. Los ánimos estaban caldeados y hubo algún acto grave de indisciplina por parte de personal militar que fue excusado por «la tensión del momento» y para pasar página cuanto antes.
No fue así. Las familias hicieron sus averiguaciones y reclamaron responsabilidades por los numerosos errores en la identificación de los cuerpos. El ministerio respondió torpemente, acusándoles de moverse por interés económico, lo que obviamente encendió más los ánimos, al tiempo que los profesionales en activo se hacían una idea de cual era el trato que podían esperar de la institución. Algo muy lesivo para la moral y la disciplina. Los procesos judiciales, las declaraciones políticas. las noticias sensacionalistas y las sospechas se prolongaron durante largo tiempo. Hasta catorce años después, el Ministerio no reconoció su responsabilidad en el suceso.

Monumento en Madrid

En definitiva, este fue un suceso doloroso del que yo saqué varias conclusiones, aparte de la ya sabida: que los políticos mienten y no por que sean malvados, es que es su naturaleza.

  1. Los facultativos responden por su actuación profesional. Las órdenes no excusan de la responsabilidad deontológica profesional.
  2. El paternalismo debe ser sustituido por la profesionalidad, la disciplina y el respeto que obliga a todos los miembros del escalafón.
    Creo que estas conclusiones se sacaron por más gente y la institución militar las ha ido asumiendo como propias. Las fuerzas armadas son instituciones sociológicamente tradicionales, por razones obvias, ya que están dirigidas básicamente por una gerontocracia y se basan en la experiencia y la tradición. Afortunadamente, en mis años de servicio he visto cambiar muchas cosas, y creo que seguirán cambiando y que los nuevos cuadros de mando que se han ido formando son más técnicos y científicos y tienen un claro concepto del liderazgo responsable.
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Bocai, clon de la Safari

Tenía el firme propósito de no volver a comprar ninguna imitación de Lamy, pero cuando vi este modelo sentí que «tenía» que comprarla para compararla con las otras.
Su aspecto era sorprendente: un color azul metalizado, que en la foto resultaba bastante atractivo, embalada en una caja transparente en la que además de la pluma iban dos cartuchos de tinta. Su precio también era escandaloso: 2,79 euros, puesta en casa.

Bocai, clon de la Safari
Cuando llegó, pude comprobar que su aspecto en directo era igualmente atractivo. Además de los dos cartuchos, instalado en la pluma, también venía un convertidor; aunque de émbolo sin rosca, es decir, de los más sencillos.
Los cartuchos eran propietarios, diferentes de los de Lamy y parecidos, pero no iguales, a los de Jinhao.
Aunque el color azul metálico ofrece la apariencia de una pluma de aluminio, en realidad el material es plástico pintado. El plumín no he podido separarlo de la alimentador pero, a ojo, no parece compatible con Lamy las piezas son exactamente del mismo tamaño pero creo que el Plumin es algo más estrecho. Tampoco las roscas son compatibles con las de las plumas Lamy lo que hace que las piezas no sean intercambiables.
Si que está copiado un detalle característico del tapón del capuchón de las Lamy Safari: la cruz que se usa para diferenciar la estilográfica del bolígrafo.
El alimentador también lleva un resalte para coincidir con una canaladura en la parte interior de la sección, que sirve para poner el alimentador, y por tanto el plumín, en el mismo sentido en relación a las facetas planas de la sección, que sirven para sostener la pluma en la posición correcta y ofrecer un mejor agarre.

Bocai, clon de la Safari

Aunque el capuchón es exactamente de las mismas dimensiones que el de Lamy y puede usarse en una Safari auténtica, el clip es un milímetro o dos más corto. Aunque el aspecto y grosor del alambre con el que está hecho es muy similar al original, no tiene el mismo grosor. En la Bocai es de 1,5 mm y el del Lamy es de 1,9 mm.
La he entintado con tinta Jacques Herbin «Vert de Gris». Me encanta como se desliza por el papel y el color de las finísimas líneas que traza. Sospecho que si la uso a diario antes de un año perderá la pintura en las zonas de más roce, pero me siento tentado a hacerlo porque realmente es una pluma preciosa. La estoy utilizando ahora mismo: es cómoda y se desliza bien sobre el papel casi diría que mejor que la Jinhao-82. Su EF asiático traza lineas mucho más finas que los EF originales de Lamy.
sin duda no tiene la misma calidad de materiales que la Safari original, pero tampoco el mismo precio. Yo diría que su peor defecto es usar cartuchos propietarios que si ahora mismo tuviera que comprar no sabría ni donde buscarlos. Por suerte, tengo una buena colección de jeringuillas.

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El vuelo

Tenía que salir de viaje. Iba a hacerlo en avión, no sé a dónde tenía que ir ni por qué, ni si estaba huyendo de algo. El avión que visualicé era una Cessna de ala alta y, sin transición, ya estaba volando sin que notase nada anormal en el vuelo.
Tenía que salir de viaje. Iba a hacerlo en avión; no sé a dónde tenía que ir ni por qué, ni si estaba huyendo de algo. El avión que visualicé era una Cessna de ala alta y, sin transición, ya estaba volando sin que notase nada anormal en el vuelo.
Volaba sobre la tierra y llegué a la costa que apareció como un acantilado al final de la llanura que sobrevolaba. Al llegar a él, sentí que caía muy rápido, pero pude recuperarme y subir. Entonces me di cuenta de que no iba volando en un avión, sino que llevaba el avión en la mano. Era del tamaño de una maqueta y parecía un avión de la guerra civil; monoplano de ala baja, como de bombardeo, pero con un solo motor en el morro. Mi mano ocupaba todo el espacio entre el ala y la cola. Pero su hélice, cuyo diámetro sería más pequeño que la palma de mi mano extendida, giraba a toda velocidad y tiraba de mí. Volaba, pero el aire me movía y me hacía dar bandazos y momentáneos descensos. Me preocupaba que me separase de mi ruta y estaba asombrado de cómo me había podido equivocar de avión y haber cogido eso, que solo era una maqueta, y que así no iba a llegar nunca porque era muy inestable. Pensé en dar la vuelta y volver para coger el avión correcto, pero como tenía prisa, quería seguir y no perder más tiempo. También veía que siguiendo con aquello iba a ir más despacio y no sabía qué hacer: si volver atrás a coger un avión de verdad o seguir con aquel juguete que, al fin y al cabo, me mantenía en el aire.
En ese punto abandoné el sueño o me desperté.

El avioncito

Este sueño me ha resultado muy curioso. En primer lugar, porque, a pesar de que los sueños suelen olvidarse, este se ha quedado grabado en mi memoria. De hecho, lo escribí al día siguiente. Por otra parte, siempre he sido el intérprete de mis propios sueños. Entiendo que los sueños reflejan conexiones que el cerebro hace durante el sueño, mezclando las experiencias del día con las lejanas, reflejando aquello que en uno u otro momento te ha impresionado con el producto de la imaginación, las historias o sentimientos que quizás ni siquiera recuerdas en la vida consciente. Si recuerdas el sueño, puede ser que a veces encuentres mensajes que tu subconsciente te envía sobre cosas que te preocupan, aunque tú ni siquiera sabías que estabas preocupado, o soluciones a problemas en los que creías que no pensabas demasiado, pero que seguían procesándose en tu interior.
En mi sueño yo no estaba agobiado ni angustiado. Solo la sombra de duda que me queda sobre si huía o simplemente tenía que hacer un viaje. El viaje, obviamente, es la vida, o una parte de ella. Significa el cambio en este pasar continuo del tiempo. El avión es el deseo de cómo quieres hacer el viaje, y la caída por el acantilado es alguno de los problemas que se nos presentan y, al recuperarte de ellos, te das cuenta de que lo que llevas durante el vuelo no es un avión, sino un trasto no más grande que una batidora, y sin embargo con eso, sigues volando.
Dudar si volver a buscar el avión es el deseo de estar mejor preparado para afrontar nuevos problemas, pero la imposibilidad de volver es la realidad de la vida: lo hecho, hecho está; la maqueta de avión te mantiene en vuelo y, con bandazos y pérdidas momentáneas de altitud, te mantiene en el camino a tu destino.

El avioncito

Me sorprende que en ningún momento estuviera preocupado por que se me pudiera cansar la mano que agarraba el avioncito; no sé si llevaba equipaje o cómo iba vestido, solo me preocupaba la calidad del vuelo y no retrasarme demasiado en el viaje. La sensación de vuelo era agradable. Siempre me ha gustado volar y, por tanto, verme en vuelo no me producía ninguna inquietud, sino más bien al contrario, me sentía seguro, sobre todo al comprobar que tanto la caída al sobrevolar el acantilado como los vaivenes producidos por el viento los había podido superar controlando el aparato que llevaba en la mano.
Mientras pensaba en ello, se me han ocurrido los dibujos. El primero corresponde a mi visión durante el sueño, ya que solo veía mi mano agarrando el avioncito. El otro es una recreación de cómo se vería la escena por algún observador externo.

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Jinhao 82

Hay muchos videos y artículos sobre esta pluma porque es bastante popular, por tanto yo no voy a sentar cátedra, este artículo es una crónica de mis impresiones después de un día de uso.
Hacía tiempo que me llamaba la atención. Hace poco, comprando en el gran comerciante chino de Internet, tenía que juntar diez euros de compra para no pagar los portes y esta estupenda pluma costaba solo 5,99€ así que no me quedó más remedio que picar.

Es una pluma muy modesta, pero cuyo aspecto es enormemente elegante. Es un clon de la pluma japonesa Sailor Gear cuyos precios empiezan en setenta (60) veces lo que cuesta esta.
Los materiales son bastante modestos pero creo que están tratados con mucho cuidado y el aspecto de la pluma es fenomenal: elegí este color opalino de un jade suave que me parece precioso. Trae integrado un convertidor pero yo la estoy usando con un cartucho de la misma marca con tinta color «azul profundo» que compré en el mismo pedido. Por una parte, quería probar este azul a ver qué tal es y por otra, quería tener cartuchos propietarios Jinhao, para reciclarlos y, si es necesario, usarlos con las otras plumas de esa marca que ya tengo. El color de la tinta también es muy agradable, próximo al azul cobalto, poco saturado.
El plumín es un EF de los de aguja, es decir, muy fino punto en un primer momento parece que araña el papel pero yo confío en que con el uso vaya mejorando y se haga un poco más suave.

Plumin Despiece

Como está hecha de plástico la pluma pesa muy poco y el tamaño sin capuchón no es muy largo unos 11,3 centímetros, medidos con la regla, un poco corto para mí mano. Sin embargo, posteada (con el capuchón sobre el culote), queda muy cómoda en la mano y se equilibra bastante bien.
En resumen se trata de una pluma muy económica, bien fabricada y con un aspecto muy elegante, para mi mano es agradable cuando está posteada, si no la encuentro pequeña. Hay que mencionar otros detalles positivos, como el plumín bicolor y el alimentador incluido o la rosca del capuchón.
Ahora habrá que ver cómo se porta con el paso del tiempo ya que el desgaste de los materiales suele ser el talón de Aquiles de estas plumas económicas.

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Sistemas de entintado

Aunque la Real Academia solo recoge como acepción de entintar la de «manchar o cubrir con tinta» o como sinónimo de «teñir», los aficionados a las estilográficas llamamos «entintado» o «entintar» a la operación y acción de rellenar de tinta el depósito de la estilográfica y las plumas «entintadas» son las que tienen sus depósitos con tinta y, por tanto, como norma general, las que tenemos en uso.
Esta operación es diferente según los diferentes sistemas de carga de la estilográfica. Yo diría que estos sistemas pueden ser por medio de cartuchos, convertidor, cuentagotas y sistemas integrados. Cada sistema tiene sus peculiaridades, ventajas e inconvenientes, pero a mi modo de ver, el «sistema ideal» depende, la mayor parte de las veces, de las necesidades y opinión del usuario.

Los cartuchos hoy en día son recipientes de plástico sellados que se abren al presionarlos en su alojamiento en la pluma y que están fabricados para ser desechables, pero pueden reciclarse limpiándolos y rellenándolos con una jeringa. Los cartuchos no son todos iguales. Su principal característica es la forma y diámetro de la boquilla de encaje con la estilográfica. Hay un llamado «estándar internacional» que es probablemente el más común, y que podemos encontrar en dos tamaños: 38 y 73 milímetros de largo.
Aunque el «estándar internacional» es el más frecuente, especialmente en Europa, desgraciadamente, no es el único. Muchas marcas tienen sus propios modelos de cartuchos, y por eso reciben el nombre genérico de «propietarios».
No entraré, porque no las entiendo muy bien, en cuáles son las razones que animan a los fabricantes a crear su propio modelo de cartucho, pero desde el punto de vista del usuario, es algo molesto como un grano en el culo que multiplica la logística y limita la libertad de elección de sistemas de entintado, a menos que quieras pasar por el aro del fabricante.
Entre las ventajas de los cartuchos está la facilidad para encontrarlos en cualquier comercio que venda productos relacionados con las plumas, incluso supermercados. Sin embargo, no es tan fácil encontrar colores diferentes al azul, rojo o negro. Y el más común, que es el azul, es de tono «sorpresa». El que tienen es el que hay y cuando lo pones en la pluma y escribes, lo ves. Por contra, es fácil llevar uno o varios cartuchos de repuesto. Muchas plumas permiten llevar un cartucho de 38 mm. puesto y otro de repuesto dentro del cuerpo de la pluma.

Los cartuchos tienen menos variedad de colores que los tinteros, pero pueden ser reciclados y rellenados con una jeringa de tinta de tintero. Hay tintas en frascos de diferentes tamaños, desde 10 centímetros cúbicos a un litro, de más colores de los que puedes imaginar o distinguir. Un célebre blog sobre tintas publicaba esta semana su revisión 2904: Casi tres mil informes sobre otras tantas tintas diferentes.

He leído en otro blog que poder probar tintas diferentes es el principal aliciente para usar plumas estilográficas. No estoy de acuerdo en que sea el «principal» pero si creo que encontrar el color de tinta que te produce mayor placer al escribir y leer lo escrito es una motivación importante, así como poder usar tintas diferentes según la ocasión, el estado de ánimo o la finalidad del escrito.Así que si te gustan las plumas, es muy probable que tengas una colección paralela de tinteros.

Y para entintar desde un tintero pueden usarse cartuchos recargados con jeringuillas. Las hay de diferentes tamaños y características. La más frecuente es la de farmacia. Es barata y muy fácil de obtener. El principal inconveniente es que la aguja pincha y hay que andar con ojo. El segundo es que el flujo de tinta es reducido y hay que ser paciente y no tener prisa al cargar o descargar la jeringa. Las jeringas para usos industriales pueden encontrarse con agujas romas y de mayor diámetro, lo que permite una carga y descarga más rápida y evitar los pinchazos.

Por último hay unas jeringuillas en miniatura que se venden específicamente para recargar plumas. Son baratas y yo las compro en el gran comercio chino de internet por docenas. Facilitan una costumbre muy sana: tener una jeringa diferente para cara tipo de tinta. Además de lavarlas después de cada uso, esta costumbre nos permite evitar la «contaminación» de los tinteros que consiste en que una tinta se mezcla con restos de otra, lo que puede dar lugar a que cambie el tono del color o se estropee.
Si el uso de cartuchos permite un fácil transporte, la costumbre de reciclarlos y rellenarlos elimina esa ventaja y complica un poco la operación de entintado. El usuario en Mastodón me dijo que el usaba una gota de silicona en la boca del cartucho y eso le permitía transportarlos con seguridad, pero yo no lo he probado nunca.


Sobre los cartuchos propietarios habría para escribir un tratado. Yo uso irremediablemente los de Lamy, Sailor, Platinum, Pilot, Junhao y Tachikawa. Y tengo cartuchos de otras marcas para las plumas respectivas: Sheaffer, Cross, Waterman,… Algunas de las cuales no uso, precisamente para no usar los cartuchos propietarios.
Los convertidores, por una parte, solucionan el problema de los cartuchos, pero por otra lo considero la forma más sucia y desagradable de entintar una pluma. La simple idea de meter la punta de mi pluma en una botella con tinta me produce rechazo. Por no hablar de la posibilidad de contaminar el frasco o de las irremediables manchas de tinta que siempre acaban en tus dedos, el papel absorbente y ocasionalmente en la mesa o en lo que tengas sobre ella. Mi uso de convertidores es lo más reducido que puedo y es, a mi modo de ver, el peor sistema habitual de entintado. Los convertidores pueden ser de émbolo movido a rosca o por deslizamiento. En cualquier caso, succionan la tinta por el mismo principio que lo hace una jeringa.
Integrados en la pluma, además de los sistemas de émbolo mencionados, está el de vacío. Este es un curioso sistema en el que el movimiento del émbolo crea un vacío en la cámara hasta que, llegado a un punto, se abre el acceso de la tinta y esta es succionada por el vacío creado.
A los inconvenientes de los convertidores, los sistemas integrados añaden la dificultad de limpieza de la estilográfica, ya que desmontar el mecanismo no es fácil; a veces requiere herramientas especiales y el ajuste de las piezas que han de mantener la estanqueidad requiere cierta habilidad.
De los sistemas antiguos como el de saco de goma que succiona por presión manual o de una palanca, el «snorkel» u otros no hablaré, porque los que he usado no los quiero ver ni en pintura y los que están en desuso, por algo será. Hay sistemas muy ingeniosos, pero, aparte de saciar la curiosidad, sirven para poco más.
Y solo me queda mencionar el sistema de entintado que suele proporcionar mayor reserva de tinta en la pluma: el «cuentagotas» o «Drop Eye» en inglés. Se trata de usar el puro de la pluma como depósito para la tinta. Solo puede usarse en plumas cuyo cuerpo sea estanco, sin agujeros para ventilación u otros fines y con un cierre que proporcione la seguridad de que no dejará filtrarse la tinta. En algunas plumas viene instalada y a otras conviene añadir una junta tórica muy fina de goma en la rosca del cuerpo con la sección si la pluma va a usarse con este sistema. El entintado consiste en verter la tinta del tintero al cuerpo de la pluma, normalmente con un cuentagotas, y de ahí el nombre. No lo he usado nunca. Tengo plumas en las que podría usarlo, pero la curiosidad siempre ha sido vencida por el temor a montar un desastre en forma de escape de tinta.
Y estos son los diversos sistemas de entintado. Yo uso, preferentemente, la recarga de cartuchos con jeringas individuales y, ocasionalmente, el alimentador, como en la Jinhao 9019 que viene con la pluma y es difícil de sustituir o la Asvine P.20 que tiene el sistema de émbolo integrado.

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