Escribir con bolígrafo

No me entretendré en precisiones técnicas o históricas sobre el bolígrafo que cualquier lector interesado puede encontrar por sí mismo en Wikipedia, pasaré directamente a un tema que frecuentemente el publico ignora o al que no se concede importancia pero que a mi me parece fundamental: las diferencias entre un “rollerball” y un “ballpoint”.

Aunque nos asalte la tentación de inculpar a la Real Academia por negligencia y pereza, lo cierto que esta no puede sino seguir al uso y la práctica de los hablantes del idioma y quizás movidos por la tradicional apatía con la que miramos las cuestiones de la ciencia y la tecnología, los españoles nos hemos quedado con el nombré genérico de ‘bolígrafo’ para nombrar a todos los utensilios que distribuyen la tinta usando una bola giratoria como válvula de salida. Aunque ese es el principio genérico del funcionamiento de ambos utensilios, existen unas importantes diferencias y un gran salto tecnológico entre ambos.

El ballpoint es el bolígrafo tradicional. De tinta espesa y aceitosa cuesta más arrastrarlo por el papel y la intensidad del trazo puede ser de intensidad variable en función de la presión ejercida.

El rollerball responde a otra tecnología de mayor precisión en la construcción de las puntas y usa tintas al agua conocidas como ‘gel’ que fluyen con mayor facilidad creando un trazo de color más saturado mientras se desliza con facilidad sobre la superficie del papel. La necesidad de diferenciarlo del bolígrafo tradicional ha extendido el uso del barbarismo ‘rollerball‘ para nombrarlo.

Bolígrafos

En cuanto al diseño, mientras que muchos ballpoint (bolígrafos), especialmente los más lujosos tienen un mecanismo para escamotear la punta debajo de la carcasa cuando no se usan, prácticamente todos los rollerball tienen la punta fija y usan un capuchón como las plumas estilográficas para cubrirla cuando no se está usando.

En ambos casos se fabrican en diferentes anchos de punta que proporciona escrituras de diversos grosores, en ambos casos hay una amplia gama de precios y diseños, así como con tintas de diversos colores, aunque los ‘bolígrafos de gel’ de colores se caracterizan por la amplia gama e intensidad de los colores, que llegan a adoptar tonos metálicos o fosforescentes.

El trazo del rollerball puede a veces asimilarse al de una pluma de ancho fijo y cuando se usa para dibujar debe usarse la misma técnica que con la pluma, realizando rayas paralelas más o menos juntas para sombrear y variando levemente el grosor de la linea aunque no su intensidad en función de la presión sobre el papel.
El bolígrafo sin embargo puede usarse realizando escasa presión para depositar sobre el papel menos tinta y así formar áreas con rayados de diferentes intensidades o incluso degradados para realizar las sombras.

Pero donde realmente la superioridad tecnológica del rollerball arrasa al ballpoint o bolígrafo tradicional es en la escritura. Para mostrarlo de una forma práctica hice un pequeño experimento con los bolígrafos y rollerballs que tenía a mano, escribiendo sobre un papel un párrafo del famoso ‘Loren Ipsum’.
Loren ipsum El primer párrafo está escrito con un Bic cristal. Aunque hay que hacer una presión ‘tipo medio’ para escribir, la punta se desliza bien sobre el papel y el trazo queda bien definido y saturado. Creo que es la escritura de referencia: por debajo es malo, mejorarlo indica calidad.
La siguiente muestra es un rolleball económico pero de escritura muy agradable, punta fina, trazo definido y color saturado que se desliza con suma facilidad sobre el papel. Después de los problemas de suministro con el Pilot vBall Grip, es el rollerball que más estoy usando y el que probablemente adoptaré como ‘estándar’.
La siguiente muestra es un ejemplo penoso de algo muy habitual en los bolígrafos de reclamo publicitario: Un aspecto exterior elegante, pero una escritura incómoda, que requiere gran presión sobre el papel para realizar un trazo irregular mal saturado incluso casi inexistente en algunos tramos. El efecto que surte como ‘reclamo’ supongo que es precisamente el contrario que pretende quien lo regala. No puede ser muy eficaz una empresa que no sabe ni tan siquiera elegir una herramienta de trabajo tan básica como un bolígrafo.
El siguiente párrafo está hecho con la versión ballpoint de “niceday”. La densidad de color y el trazo es bueno pero hay que hacer más presión para escribir que con el comentado rollerball de la misma marca. En esto entiendo que también hay gustos para todo y quien está acostumbrado a usar bolígrafos ‘duros’ no encuentra cómodo escribir haciendo menos presión.
El Staedler Stic 430 me parece una mala copia del Bic Cristal. No consigue ni su densidad de color ni su regularidad en el trazo y requiere más presión para escribir. Parece mentira que una marca que se tiene por puntera haga un producto tan mediocre.

Pilot VBall Grip

Pilot fabrica útiles de escritura fantásticos. El vBall Grip ha sido durante años mi rollerball estándar y lo he usado en tres colores (negro, azul,rojo) y dos anchos (0.5 y 0.7 mm) para escribir y dibujar. En el trabajo lo comprábamos por cajas y siempre tenía uno o varios a mano. Su escritura muy saturada y su trazo bien definido aún con una presión leve sobre el papel, junto a la comodidad de su empuñadura de goma lo hacen mi preferido.
Desgraciadamente, sin que pueda explicarme la razón ha desaparecido del mercado sin que la marca haya comercializado un sustituto digno de tal nombre. Aunque se comercializaba en grosores de .5 y .7, mi preferido es el .5, tanto para escribir como para dibujar. Lo echaré de menos.

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El bolígrafo y yo

Yo no llegué a usar la plumilla en el tintero en mis años de escuela. Las primeras letras las dibujé con un lápiz y el trascendental paso a escribir con tinta, como los niños “mayores”, me llevó a usar un bolígrafo “Bic” de aquellos con punta metálica, medio cuerpo transparente y el otro medio, igual que el capuchón, de plástico opaco de color.

Bic antiguo

Aunque de vez en cuando soltaban un poco más de tinta de la cuenta, recuerdo que era agradable escribir con ellos. Avanzaron los sesenta y el “Bic Cristal” se hizo el rey de la escritura colegial. Realmente yo nunca me planteé usar otros bolígrafos. Los “Bic” eran económicos y eficaces. El “Bic Naranja” de escritura más fina me resultaba interesante, pero por alguna razón, creo que siempre usé más el transparente que escribía “normal”. Naturalmente existían otras marcas de bolígrafos y bolígrafos más caros. Los bolígrafos de plástico con mecanismos para ocultar la punta nunca me agradaron. Me parecía una complejidad innecesaria, una fuente de complicaciones que inevitablemente acababa en muerte por pérdida del muelle u otro tipo de avería a la que los sencillos y duros Bic eran inasequibles. Así eran los bolígrafos de mi época escolar, sencillos, robustos y eficaces. Alguna vez se les derramaba la tinta, que formaba una mancha entre el tubo de la carga y la carcasa transparente, otras veces pasaban a escribir de forma intermitente después de caer al suelo y cuando no se usaban con frecuencia, la tinta dejaba de fluir. Si el recurso de intentar escribir espirales sin tinta en un papel no devolvía al bolígrafo su vitalidad, se podía probar la arriesgada operación de calentar con un mechero la punta metálica.

Bic Naranja y Cristal

Este recurso dejó de ser factible cuando las puntas pasaron a ser una minúscula pieza de metal incrustada en el extremo de un cono de plástico. Aun recuerdo la sorpresa al verse fundir la cabeza del primer bolígrafo de ese tipo al que apliqué la terapia del mechero. Era de tinta roja y su extremo, desecho completamente, sangraba espesa tinta roja sobre la mesa, una mancha que permaneció allí inalterable por el tiempo como mudo testigo de mi incapacidad para adaptarme con rapidez a las nuevas tecnologías, un testigo incómodo que siempre procuré disimilar escondiéndola con el cuaderno girado en posturas forzadas.
Aunque otros compañeros lo hacían, yo no solía mascar el bolígrafo. Lo que sí solía pasarme era que perdía el pequeño tapón del extremo opuesto a la punta. Más tarde, en la carrera no lo perdía: lo usaba para sujetar el letrero de color verde donde llevábamos con cinta Dymo de letras blancas en relieve, el nombre. Ese letrero se fijaba sobre la tapeta del bolsillo del uniforme con dos pinchos de tipo ‘pin’, que encontraban su retén ideal, económico y fácilmente reemplazable, en uno de estos pequeños tapones.
En campos ajenos a la escritura, el uso más divertido de los bolígrafos o de su cánula externa era el de cerbatana. Usando granos de arroz como munición eran un arma de distracción masiva en las clases aburridas de los profesores menos severos y cargados con bolas de pasta de papel mascado con saliva, nos ofrecían un sistema malévolamente eficaz para llenar el techo de diminutos pegotes que nunca llamaban la atención de los profesores ya que estos, como todo el mundo sabe, nunca miran hacia arriba.
Naturalmente había otros bolígrafos. Yo usaba los que usaba por una mera cuestión práctica y también por costumbre. El tacto de la escritura el movimiento de la mano y la fuerza que realiza sobre el bolígrafo para arrastrar su punta sobre el papel son un gesto que se convierte en instintivo y cambiarlo sería tan incómodo como andar con unos zapatos demasiado pesados, grandes como los de un payaso, o poco flexibles.
Nunca usaba bolígrafos caros. Me había autoimpuesto esa limitación, producto del conocimiento de mis propias vulnerabilidades, la mas relevante de ñas cuales es el despiste. Siempre he procurado no usar objetos de valor que puedan perderse o dejarse olvidados. Si se pueden olvidar en algún sitio, yo me los olvidaré, con el consiguiente disgusto y una desagradable sensación de culpabilidad como larga secuela. Con el tiempo he aprendido a perdonarme por ser como soy, pero antes me resultó mucho más eficaz no ofrecer oportunidades relevantes al desastre. De forma que, excluidos de mi vida, nunca he prestado mucha atención a los bolígrafos que no fueran meramente funcionales. Con una excepción. Mi padre tenía un bolígrafo que es lo más próximo a la perfección que yo he usado nunca. El peso, el diámetro, la textura para agarrarlo y la forma de deslizarse sobre el papel trazando una linea continua sin tramos descoloridos por la escasez de tinta o manchurrones producto de una aglomeración de tinta, todo en aquel bolígrafo convertía el ejercicio de la escritura en un auténtico placer. Siempre que lo encontraba sobre la mesa de mi padre lo utilizaba furtivamente. Tomaba apuntes y realizaba resúmenes más rápido, me concentraba mejor y a pesar de estudiar el bachiller mis notas me parecían las de un universitario. Aquel bolígrafo me hacia sentir más maduro y responsable. Si mi padre lo hubiera sabido, a pesar de lo mucho que lo apreciaba, me lo habría regalado. Pero entonces yo lo habría perdido y habría vuelto a ser el niño pequeño angustiado al sentirse autor aunque involuntario de un terrible desastre. Así que lo usaba en secreto y lo devolvía cuidadosamente al sitio donde lo había encontrado.

Bolígrafo Waterman Flash

Hoy me he puesto a buscarlo en la red y -gran cosa esta del Google- he averiguado que es un modelo de Waterman de los años 60, denominado ‘Flash’. Por supuesto no aparece en la página de la marca, y no sé si las cargas de la marca conservarán las excelentes prestaciones, pero en aplicación de la limitación anteriormente expuesta, no me planteo tener uno.
Quizás el placer máximo de la escritura lo proporciona la pluma estilográfica. Aunque el desarrollo de esa afirmación merece un capítulo aparte y en realidad no desvirtúa el hecho de que, si bien algunos pueden encontrar ventajas ocasionales en diversas clases de rotuladores, el bolígrafo en sus diferentes versiones es el utensilio de escritura a mano más popular.

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Balanç del temporal a la Pelosa

Aquesta es una entrada de la pàgina de Josep Maria Dacosta a Facebook. No sé ben bé com he començat a escriure un comentari que havia de ser molt breu, com un tuit, però-potser perquè estàvem a Facebook-s’ha allargat una mica.
No gaire, no mes una mica: un pensament fugaç, que no he volgut deixar abandonat a la xarxa social que tan poc m’agrada i que m’ha donat una excusa per provar la integració d’anotacions del Facebook al bloc.
Com que veig que només es veu la fotografia i per llegir els comentaris heu de seguir l’enllaç, ficaré a continuació del requadre inserit, el meu comentari.

 

Com que no te missatge l’ampolla!. Jo el puc llegir clarament. Totes les ampolles de plàstic que he recollit a les platges, igual que les llaunes i paquets de cigarrets portaven un missatge que deia: “Recull-me, un porc m’ha deixat aquí”. Les pedres son una altra cosa, mes que un breu missatge porten una historia, tan petites com son i tot el mon que han vist. Els còdols i els vidres son filosofia en estat pur: ens parlen dels cicles i com sempre es torna a la natura que fins i tot als mes durs ens acarona fins arrodonir-nos. Per suavitzar l’inevitable dramatisme que es dedueix d’aquest fet, el mar ens ofereix com a present les curculles, petites peces de bijuteria que un dia van ser cuirasses i avui podrem utilitzar per guarnir la bellesa efímera del cos.

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La guerra civil que no acaba

Ayer se cumplieron 75 años del final de la Guerra Civil. O quizás solo del final de las operaciones militares de la guerra civil, ya que hay quien opina que la guerra civil aún no ha acabado.

Duelo a garrotazos - Francisco de Goya

Es curioso, porque también hay opiniones diferentes en relación a cuando empezó. Unos, los más clásicos, aseguran que el alzamiento militar del 17 de julio de 1936, o en realidad, su fracaso, fue el que dio lugar a que el 18 diera comienzo una guerra. Otros sin embargo, frecuentemente tildados de ‘revisionistas’ aseguran que la guerra no es nada más que la explosión más importante de un conflicto que se arrastraba desde años antes y que se inicia en la revolución de octubre del 35 en Asturias.
Lo que realmente me entristece es que todas las perífrasis, interpretaciones o teorías solo tienen un objetivo: demostrar que la culpa la tuvo el otro. Esta polarización no deja de ser una forma de seguir con la guerra por otros medios, y así nos va.
Yo veo el conflicto en la sociedad española como un error en la evolución política. Este error produce una minusvalía de España que como su equivalente físico implica incapacidad para tareas que otras sociedades desarrollan normalmente, dolor, calambres y pinchazos en algunos miembros, malhumor y malestar general y una serie de traumas y complejos difícilmente superables.
Puede que esta minusvalía tenga su origen en el fracaso para dar a luz una ley constitucional, en realidad para conseguir un mínimo acuerdo en el reparto del poder y la riqueza entre el pueblo y los poderosos, la aristocracia y la plebe, en la determinación de no consentir, de ninguna de las maneras, que los españoles se convirtieran en ciudadanos incluso con sus desiguales riquezas o miserias, sus ideas o devociones.
El fracaso del constitucionalismo deriva en un siglo de luchas civiles que como es de esperar, conducen a una pérdida de prestigio internacional, riqueza y poder, que empieza y culmina con la pérdida del imperio, al principio por la natural deriva a la autodeterminación de colonias mal administradas y al final a manos de la potencia emergente del momento, en las postrimerías del siglo XIX.
Las convulsiones de ese periodo, o quizás el agotamiento producido por ellas, lleva a un momento de calma y estabilidad. Esta se logra más por la imposición de la clase dominante que por el acuerdo social y conforma un periodo de aparente calma presidido por la corrupción y el amaño de una falsa democracia que en realidad es un caciquismo institucionalizado. El régimen que surge de ese apaño imperfecto y viciado es una monarquía débil y un estado al servicio de los poderosos que son quienes realmente participan de la ‘alternancia’. Y aunque parezca mentira, aún no he llegado a la descripción de la sociedad actual, aunque veamos alarmantes paralelismos en esta frase.
El progreso económico pero también las injusticias sociales y los problemas latentes sin solucionar, las guerras al servicio del dinero, sirven de caldo de cultivo para que crezca el resentimiento, la sed de justicia y también la prepotencia donde se incuban los siguientes estallidos violentos.
Creo que la clave fundamental de la guerra civil no es su punto de partida o su final, la auténtica clave es su violencia, fuera de toda medida, lleva la condición humana a sus límites más desagradables y espeluznantes.
Los encarcelamientos, paseos, destrucción de patrimonio común, el asesinato institucionalizado, no ya por las ideas, sino por la propia apariencia, la crueldad, la delación, la hipocresía, la avaricia, la indiferencia antes el sufrimiento ajeno, superan en intensidad la de cualquier otro periodo convulso, afectan a toda la sociedad y se extienden antes y mucho después del periodo de operaciones militares. Naturalmente, en medio de este escenario dantesco están las víctimas inocentes, los honrados luchadores por sus nobles ideales (que combaten codo a codo con sociópatas asesinos) los que tienen una conducta amoral, perversa o maligna y los heroicos defensores de la verdad, la justicia, la vida y el perdón. Ángeles y demonios se enfrentan; no en bandos diferentes, sino mezclados en ambos bandos.
Como suele ocurrir con la violencia, la espiral de odios y rencores generada no acaba con el último parte de guerra, ni con el último pelotón de ejecución. Por concienzuda que sea una campaña de exterminación de los enemigos, es poco probable que haga otra cosa que multiplicarlos.
Y llegando ya a la sociedad actual, creo que el periodo de calma que ha supuesto la vigencia de la actual constitución no debe ser considerado desde la autocomplacencia, como ha sido hecho con frecuencia al referirnos al ‘milagro español’, la ‘transición modélica’ y la ‘heroica’ actitud ante el golpismo del 23-F, sino más bien como un parche más de esta larga historia de componendas y enganchones alternados, donde se cambiaron algunas cosas para que no cambiara nada y donde también sin lugar a dudas ha habido elementos positivos, pero queda mucha fisioterapia social por hacer para superar nuestra minusvalía, hasta que consigamos un cuerpo social sano, formado por ciudadanos que aunque seamos diferentes en riqueza, cultura o ideas, seamos iguales ante la ley y detentadores conscientes del poder a través de una democracia que sin duda será imperfecta, pero que deseo que al menos sea funcional.
Al desarrollar este tema sin hacer menciones personales ni atribuir responsabilidades a personas o grupos, no he querido hacer un igualitarismo equidistante, propio de algunas interpretaciones que erróneamente tratan de basar en esta actitud una supuesta reconciliación. Las responsabilidades existen: cada uno tiene las suyas y unas son mayores que otras. Pero de ninguna de las maneras creo que ni yo ni nadie vayamos a ser responsables de lo que hicieron nuestros abuelos y desde luego no me veo capacitado -ni creo que sea una tarea interesante o relevante- para repartir culpas.
Nuestra responsabilidad se deriva de nuestros actos. Con ellos podemos intentar remediar las injusticias latentes o mantenerlas, ser honrados y veraces o corruptos y falaces, podemos intentar convivir y respetar, trabajar, producir y distribuir la riqueza, ejercer el poder a través de un sistema de representación que nos dote de leyes que procuren el bien común y exigir su exacto cumplimiento a través de unos tribunales independientes.
Podemos intentar educar a una generación de personas sabias, responsables y laboriosos o seguir enzizañando la vida con agravios infinitos, redistribuciones de culpa, ambiciones y contenciosos por un mejor posicionamiento en corruptelas y operaciones especulativas.
Soy consciente de que esto es un poco el caso del cascabel del gato. Que no es tan importante conocer la solución, sino como llegar a ella. Y que discutir sobre el camino a seguir es el primer paso del camino a ninguna parte.
Pero tampoco creo que la única solución sea ponerle el cascabel al gato. ¿Que pasaría si cada ratón se pone un cascabel a sí mismo?. Quizás el gato huiría despavorido por el atronador sonido.
Podemos decidir. O podemos dejarnos conducir por las fanfarrias; de flabiolas o panderetas, pero siempre de odio y de enfrentamiento. La decisión correcta es la que se basa en un criterio verdadero y produce un bien comprobable. Es la hora de ver el pasado en perspectiva solo para mirar con interés y decisión hacia el futuro.

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Por amor a la Física

Una buena medida de la ralentización que ha sufrido el blog es que estoy empezando a escribir la reseña de un libro que llegó a casa en navidades. Lo he leído poco a poco en contra de lo que acostumbro a hacer con los libros que, como este, me apasionan. He tenido que buscar cada minuto para dedicar a la lectura entre un alud de momentos de desconcierto.
Portada del libro Sin embargo puedo decir que ha merecido la pena y que he disfrutado enormemente con su lectura. La clasificación del libro es difícil, pues se trata de una biografía incompleta aderezada de lecciones de física a nivel divulgación, pero también podríamos decir que se trata de un libro de divulgación científica plagado de anécdotas personales.
En cualquier caso el profesor Lewin nos proporciona una lectura amena, en muchos momentos apasionante, plagada de referencias a páginas de la web donde ampliar la información.
Quizás lo que más me ha gustado es que su forma de ver la física es básicamente la misma que yo he tenido siempre, como la ciencia que nos permite entender como funciona el mundo y como un camino de descubrimientos.
Estoy convencido que en los estudios no hay materias áridas, sino profesores incompetentes. La aventura de descubrir, el placer de conocer es tan intenso, que ocultarlo tras explicaciones tediosas o aburridos e inútiles cálculos solo puede ser atribuido a la ignorancia y la incompetencia. Durante mi vida de estudiante algunos profesores apasionados me han hecho disfrutar de sus asignaturas, los mediocres me han aburrido con sus peroratas, exabruptos, y monotonía.
Walter Lewin expresa magistralmente la clave de su éxito en las últimas páginas de su libro cuando escribe: “…siempre intento mostrar a mis alumnos el bosque, en lugar de hacer que suban y bajen de cada uno de los árboles.”
Profesores: no aburráis a vuestros alumnos haciéndoles trepaa a los árboles: mostrad la belleza del bosque y ellos mismos no querrán hacer otra cosa que recorrerlo e investigar.
Es casi imposible pasar por las páginas de este libro sin apasionarse con el autor por las maravillas del universo y disfrutar con los descubrimientos de los Físicos a través de la historia vistos como una apasionante novela de aventuras.
Los que ya aman la física disfrutarán como gorrinos en un charco, pero a los que “aún no les gusta” la física, les recomendaría que echasen un vistazo al libro, porque estoy seguro que también disfrutarán de él y muy probablemente tendrán una nueva y sorprendente visión de esta ciencia.

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Telegram versus Whatsapp

TelegramNavegando por la red me enteré de la existencia de Telegram, una aplicación de mensajería que es una alternativa de Software libre y gratuita a Whatsapp.
Lo primero que tengo que decir es que a mi no me importa pagar menos de un euro por el servicio de Whatsapp. No me lo han pedido, pero pago mucho más por el servicio de Flickr, a pesar de que podría tenerlo ‘parecido’ gratuitamente y también he comprado alguna aplicación para el teléfono. Si merece la pena, ¿por qué no pagar por ello?. Si quieres que los programadores sigan trabajando para ti tienes que apoyarles.
Pero a Whatsapp lo veo con una politica de cobro algo aleatoria que no me parece seria y poco sensible a las peticiones de los usuarios sobre prestaciones de la aplicación que no parecen tan complicadas.
En la red he encontrado descripciones más o menos neutrales de Telegram y algunas algo escépticas. Aunque algunas de ellas ya están obsoletas, eso es dificil de remediar en un tipo de software que se actualiza bastante rápido precisamente por ser opensource. Por ejemplo la aplicación ya está traducida al español y las ‘Preguntas más frecuentes’, también.
Instalé Telegram. Y me gustó. Para empezar, pocas cosas nuevas que aprender, interfaz e iconos casi iguales que Whatsapp.
Dos diferencias de funcionamiento muy apreciables. La velocidad y que el segundo ‘check’ (√√) no significa solo que el mensaje ha llegado al teléfono del destinatario, sino que este lo ha leído.
Y otras muchas pequeñas diferencias como que puede usarse en el ordenador o en la web, por ahora a través de aplicaciones no oficiales, realizadas al ser código libre.
Otra peculiaridad es que es una aplicacion distribuida, no tiene un solo ordenador central, lo que se supone le ayudadrá a gestionar grandes cargas de datos y los mensajes se almacenan en la red. Si pierdes el teléfono o te conectas desde otro terminal, puedes recuperarlos.
Excepto los cifrados. Estos no se almacenan. La seguridad en Telegram es un tema importante a disposición de aquellos que necesitan o se sienten más cómodos en una comunicación segura.
Este y otros aspectos los he visto reflejados también en un artículo de @javipas en Xataka: Por qué me niego a que Whatsapp sea el estándar de mensajes y no pierdo la esperanza. Yo tampoco la pierdo. Sobre todo porque antes de ayer cuando instalé la aplicación solo tenía seis contactos que la usaban y hoy ya se han multimplicado por cuatro.
Espero que vosotros también la probéis y que os guste.
Os espero en Telegram, la aplicación oficial puede encontrarse en la tienda Google Play. Si estoy en vuestros contactos, en cuanto os deis de alta apareceré en vuestro listado. ¿Que no tenéis mi número de teléfono?, bueno, entonces no podremos chatear por Telegam, …ni por otro.

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Mi PC no arranca

Pues ni más ni menos. Hace un par de días mi flamante PC decidió no arrancar. Como estas cosas rara vez ocurren de la noche a la mañana, lo relacioné con otros episodios de arranques en falso que venían sucediendo desde hace unos meses.
La caja Tacens “Tango Pro” en la que se aloja tiene un interruptor en forma de panel de cristal líquido. Al pasar el dedo se activa y aparecen los mandos, entre ellos el de arranque. Cuando lo pulsas se inicia el proceso de arranque oyéndose el ruidillo de los motores de ventiladores y disco duro al ponerse en marcha como un suave zumbido que parece acelerarse. Al poco se oye un pitido y seguidamente aparece la pantalla inicial de Kubuntu… o eso debería pasar.
Últimamente ocurría algunas veces que en vez de un pitido se oían varios. Es dificil contarlos, pero yo diría que al menos eran cinco. El ordenador quedaba encendido, pero con la pantalla sin señal. Lo habría atribuido a un fallo de la tarjeta gráfica XFX Radeon 5750, pero también juraría que cuando fallaba el zumbido inicial no sonaba con la misma ‘alegría’ que cuando funcionaba. Los peores dias tenía que repetir la secuencia de puesta en marcha varias veces, hasta que arrancaba.
Pero anteayer al segundo intento ya no se oía el zumbido. El panel táctil se iluminaba, los diferentes mandos sonaban normalmente con su pitido cuando eran pulsados, pero no ocurría nada más.
Los PC,s de mis hijos son básicamente iguales al mío. Mi hija, que tiene un cierto poder maléfico sobre los ordenadores se había quejado del panel de arranque y después de romper el frontal de la caja en un traslado, cambió de caja, solucionando así al parecer sus problemas. Mi hijo tuvo hace unas semanas un problema con la fuente de alimentación que después de una autopsia pudo determinarse que era debida a un cable suelto. Hábilmente soldado, la fuente y el PC volvió a funcionar. Con estos antecedentes pensé si sería un problema del panel o de la fuente. Las medidas de seguridad de las placas modernas detienen el arranque si no reciben el voltaje adecuado.
Ayer, dispuesto al calvario de perseguir una avería de hardware abrí el ordenador. La caja es estupenda y se abre sin herramientas. Su disposicion interior es diáfana y tengo los cables bien recogidos donde no estorban el acceso a los elementos principales ni a la ventilación.
Después de tres años y tres meses de funcionamiento prácticamente diario (salvo viajes o vacaciones), el interior no estaba demasiado sucio. Se veía la placa y demás elementos, que en otros PC,s he visto ocultos por la suciedad. Sin embargo, los ventiladores y el disipador de calor estaban bastante sucios. Nada más que por una mera cuestión de higiene saqué la tapa que aloja los dos ventiladores externos y me puse a limpiar con un cepillo de dientes viejo. Seguí con el interior de la caja pasando incluso el aspirador con cuidado, pero las pelusas atrincheradas en el ventilador y disipador de la CPU se resistían bravamente, así que retiré el ventilador y le di una sesión especial de cepillo, así como al radiador disipador de calor que tenía obstruidas las rendijas con más pelusas y polvo.
Como la siguiente acción que se me ocurría era hacer una comprobación de voltajes en las salidas de la fuente y no tenía ni tiempo ni ganas de hacerla, volví a cerrar la caja y colocarla en su sitio.

La máquina cuando era nueva

No es que quedase tan limpia como en la foto, hecha cuando la máquina era nueva, pero mucho mejor que antes de la limpieza.
Sorprendentemente, al probrar si arrancaba, lo hizo sin ningún problema. Moraleja, la porquería tenía secuestrado a mi ordenador. Una consulta en la red me confirma el diagnóstico:

“Un ordenador sucio se va a calentar bastante, lo cual provocará apagados aleatorios o reinicios esporádicos, incluso dañar muy seriamente componentes como el procesador o la tarjeta gráfica debido al exceso de temperatura causada por la suciedad.”

Pues ya está, parece mentira que se me hubiera olvidado una precaución tan elemental como mantener apartadas las pelusas que anidan en el ordenador. No os dejeis engañar, la porqueria no protege los elementos electrónicos, seguir alguno de los muchos consejos de limpieza que encontrareis en la red y mantened alejadas de vuestra máquina las pelusas que hacen madrigueras en los disipadores de calor y otros elementos acogedores del PC.

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Cambio de la pantalla del Samsung S3

La semana pasada al teléfono de Mercedes, un Samsung S3, se le rompió la pantalla, o más bién, el cristal protector de la pantalla ya que el teléfono seguía funcionando. Como alguien diría después, eso demuestra que las fundas “Flip Cover” no protegen la pantalla tanto como podría esperarse. Agudas observaciones aparte, había que cambiar la pieza rota.

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Con un vistazo al panorama pude averiguar que es posible comprar la pieza junto a algunas herramientas para cambiarla por unos 10 euros o menos a través de internet, que suben hasta unos 150 si hay que cambiar también la pantalla táctil que hay debajo del primer cristal protector, mientras que en Figueres hay establecimientos que te cobran unos 150 euros por resolver tu problema.

Kit de recambio Area de trabajo

Esta enorme diferencia de precio me animó a asumir una operación delicada que según me advirtieron era susceptible de convertir el teléfono en un ladrillo.
Siguiendo los consejos de quien ya había realizado alguna vez la misma operación, busqué un proveedor en eBay, asegurándome de que tuviera unas buenas calificaciones y ofreciera un buen precio. Me equivoque en el pedido y acabé con una cubierta de color azul en lugar de blanca, que es el color original del teléfono. Como era un mal menor deseché la idea de comprar otra del color adecuado o meterme en el lío de cancelar la compra o solicitar un cambio. El recambio llegó a casa el lunes 13 y el 14 me dispuse a realizar la reparación.

Pistola de aire caliente Termómetro IR
Cuchilla Limpieza

Aunque me preocupaba un poco la posibilidad de fastidiarla, pensé que no sería mucho peor que cuando cambié la pantalla de mi PDA sin ningún tipo de manual ni orientación sustituyendo una pieza que me había costado unos 100 euros. Además ahora contaba con la ayuda de varios vídeos en Youtube que explican el proceso y el apoyo de Miguel Ángel, mi compañero de trabajo que había realizado antes algún cambio y presenciado otros. Finalmente se unió Fermín como apoyo moral y ‘técnico de iluminación’. Con un equipo tan cualificado, la operación no podía fallar.
Dispusimos los elementos necesarios y decidí acometer la operación personalmente para no delegar en otros la posibilidad de cargar con las culpas de un posible error.

Rotura Retirar la bateria

Lo primero que hice fue apagar el teléfono, retirar la carcasa y la batería. Como el cristal estaba roto pensé que a la hora de quitarlo ayudaría que estuviera sujeto por cinta adhesiva para que todos los pequeños pedazos de cristal salieran juntos adheridos a la misma. Cubri el cristal roto con cuidado de dejar libre el protector del altavoz, en la parte superior del teléfono. La medida no fue muy efectiva.
A continuación procedimos a calentar la superficie dañada para reblandecer el adhesivo que la sujeta y poder retirarla. Hay que tener cuidado de no pasarse de 180 grados centígrados, pues a partir de esa temperatura el terminal puede sufrir daños irreparables. Las elevadas temperaturas sobre los mandos del teléfono también han dado problemas a otros que se aventuraron en estas tareas. Para controlar la temperatura usamos el termómetro infrarrojo que comparamos en casa para usos culinarios. Aquí la ayuda fue importante. Mientras yo movía la pistola de aire caliente para aplicar una subida de temperatura lenta y uniforme en toda la superficie, Miguel Ángel controlaba la temperatura con mediciones continuas. La cinta adhesiva que habíamos puesto prácticamente se derritió y su adhesivo se reblandeció igual que el de la pantalla de cristal.

Calentando Despegando el cristal

Al pasar de los 130 grados hicimos la primera prueba insertando la punta de la cuchilla en el margen del cristal para separarlo cuidadosamente e introducir la cuña de plástico. Sujetaba el teléfono con un trozo de papel, para evitar quemarme con el teléfono. El cristal se separó un poco, pero a partir de ese momento empezó un auténtico suplicio, pues al estar el cristal roto empezó a saltar en trozos pequeños sin permitirme introducir la cuchilla a todo lo ancho del teléfono para seguir el procedimiento mostrado en los vídeos. El protector del altavoz salió con el trozo superior de la pieza rota y lo separamos para no perderlo.

Cristal roto Retirando el cristal

Los pequeños trozos de cristal llenaban la parte de la pantalla que había quedado liberada y el cristal dañado se rompía en nuevos fragmentos. Al intentar seguir despegando la pieza, me preocupaba dañar la pantalla táctil.
Aplicamos con cuidado más calor para poder seguir con la operación y en un momento determinado conseguí colocar la cuchilla en la posición deseada con el filo entre la pantalla táctil y la pieza que quería separar a todo lo ancho de la pantalla. Con cuidado y manteniendo el plano de la cuchilla lo más paralelo posible a la pantalla fui haciendo presión para despegar el cristal. Estaba preocupado por la posibilidad de que, de pronto, saltase la pieza y se me fuera la mano cortándome con la afilada cuchilla, así que procuré aplicar la fuerza de forma gradual y muy lentamente.
Al llegar a la parte inferior de la pantalla hay que tener cuidado de no llevarse por delante el delicado contacto de los mandos del teléfono. Los separamos del cristal con cuidado y quedaron en una extraña posición, más que preocupante. La pantalla táctil aun tenía restos de adhesivo, pequeños fragmentos de cristales y bastante más suciedad de la que habría deseado, así que inicié el proceso de limpieza.

Mandos del teléfono Limpieza

Aunque tenía el alcohol isopropilico que compré par la limpieza del sensor de la cámara y las toallitas especiales que no desprenden fibras, no las tenía a mano y maldecí por ello, ya que tuve que limpiar la pantalla con alcohol etílico y papeles, primero con el de limpieza y secado de manos y luego con el que usamos para la limpieza de las pantallas de ordenador.
Fue una operación tediosa porque continuamente quedaban pequeñas motas y pegotes sobre la pantalla y velos del alcohol al evaporarse, pero al final conseguí una superficie aceptablemente limpia. Una mancha interna en la parte superior de la pantalla nos tenía preocupados. Podía tratarse de un exceso de temperatura o un exceso de presión que hubiera dañado la pantalla táctil. Para comprobarlo, después de esperar a que el alcohol que hubiera podido entrar dentro del terminal se hubiera evaporado, pusimos este en marcha y todos los presentes respiramos aliviados al comprobar que funcionaba correctamente. Después de apagarlo de nuevo, pasamos a la colocación del adhesivo de dos caras que fija el cristal en su sitio.

Adhesivo de doble cara Colocando el adhesivo

Aunque el adhesivo incluido con el recambio tiene la misma forma que el cristal de recambio, solo hay que usar el marco, retirando la parte central y los trozos donde debe asomar el altavoz, el objetivo de la cámara frontal y el sensor de luz.
Al quedarse con un marco tan fino en los laterales la operación de retirada del protector del adhesivo de la parte inferior y la colocación precisa en su lugar es otra operación delicada más. A continuación otro desafío a la paciencia y el pulso fue retirar la protección de la capa adhesiva superior, la que quedaría en contacto con el nuevo cristal protector, una tarea que hace palidecer a la dificultad de enhebrar una aguja, sobre todo si como es mi caso, la edad nos ha regalado ya con una molesta presbicia. Aquí el apoyo de Fermín usando su móvil como improvisado foco de luz fue fundamental.
Antes de llegar a colocar la parte inferior hay que tener cuidad de volver a colocar los contactos de los mandos del teléfono en su sitio. Un error en este punto puede inutilizarlos con el consiguiente desastre.

Colocación de la pantalla Calentando la superficie

Y ya casi como paso final la colocación de la nueva pieza en su sitio era la última prueba a mi pulso. Aunque el kit de reparación incluye una ventosa para este momento que permite manipular el cristal, yo lo hice sujetándolo por el propio plástico protector de su parte superior, después de retirar el de la parte inferior y siempre después . Una vez colocado apliqué calor de nuevo (unos 80º) para reblandecer el adhesivo, realizando después una presión uniforme sobre toda la superficie, con especial incidencia en los márgenes donde está situado el adhesivo de doble cara.

Montar y probar Arañazo

Finalmente conecté el teléfono para comprobar que funcionaba y que la pantalla se veia perfecamente, aunque la mancha de la parte superior es visible cuando la pantalla está apagada.
Una curiosidad de esta reparación, advertida en videos y artículos en la red es que si se hacer presión ‘fuerte’ sobre la pantalla esta se “congela” y deja de funcionar como pantalla táctil. Para solucionarlo solo hay que usar el botón lateral de apagado de la pantalla para apagarla y volverla a encender, después de lo cual sigue funcionando correctmente.

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