Siempre hemos usado lavadoras de carga superior. El bombo tiene dos puntos de apoyo, un sistema más resistente que las de carga frontal, con un único punto de apoyo, como una copa que gira tumbada sobre su pié. Además en caso de parada una lavadora de carga superior puede abrirse aunque esté llena, algo que no pasa con las de carga frontal.
Nuestra anterior lavadora duró diecisiete años, de los cuales durante los quince últimos no la visitó ningún técnico, yo mismo solucionaba sus averías. Es cierto que tenía compañeros de trabajo que entendían del tema y después de describir los síntomas me decían: eso es el presostato. Y yo me iba a la tienda de recambios, compraba la pieza por 300 pesetas y se la cambiaba, ahorrándome las 8000 pesetas que parecía tener como tarifa fija el servicio de mantenimiento.
Con el rollo de la sofisticación electrónica esa forma de proceder ha sido proscrita en nuestra sociedad. Ni los coches ni las lavadoras pueden ser reparados fácilmente por sus usuarios. Pero eso no tiene nada que ver con la electrónica ni con la complejidad técnica de los aparatos. Es un abuso de la posición predominante en el mercado por parte de los fabricantes.
Si se vendieran los manuales de las lavadoras o simplemente las piezas -muchos fabricantes solo venden piezas a los servicios técnicos autorizados por ellos- de repuesto, los usuarios podrían meterle mano a sus electrodomésticos y entender que la mayoría de ellos son sencillos como el mecanismo de un chupete.

Pero eso no es así, porque se tiene que perpetrar el atraco del servicio técnico, que no solo cobra un precio desorbitado por desplazamiento y otras estupideces como ‘salida del taller’ sino que además se lo cobra a todos los clientes de la ruta. Y las horas que se cobran enteras, pero se trabajan en una fracción o las piezas, cuyo margen ya cubriría todos los demás gastos.
Y la auténtica desgracia sobreviene cuando además el operario es poco hábil y o bien no sabe solucionar la avería («Esto me lo voy a tener que llevar al taller») o bien al solucionarla provoca otras.
El jueves nos visitó el técnico de la lavadora, que no descargaba el agua después de lavar. No hay que ser un lince para saber que el problema debía estar en la bomba de achique. El técnico la cambió. Naturalmente el proceso incluyó una buena dosis de agua por el suelo de la cocina, porque no hay visita del técnico de la lavadora sin inundación.
Al irse el técnico Mercedes puso ropa a lavar pero en un momento del proceso, saltaron las protecciones eléctricas y la lavadora se paró. Esta lavadora lleva un bloqueo de la tapa para impedir que se abra esta con la lavadora en marcha. La tapa quedó cerrada con la ropa dentro y no hubo manera de abrirla. Llamamos al servicio técnico de nuevo. Que se lo dirían al técnico a ver si andaba aún por la vecindad. El viernes otra llamada y nos dicen que está previsto pasar el lunes, pero que a lo mejor pasa esa tarde (eran las 19:00 y la operadora debía pensar que me consolaba con su mentira evidente).
Como la ropa seguir dentro de la lavadora he intentado abrirla. Al retirar el panel lateral me he dado cuenta de que las conexiones del relé de bloqueo están húmedas, mojadas probablemente cuando el técnico inclinó la lavadora para retirar el panel lateral (algo que no es realmente necesario). Al intentar desmontar un electrodoméstico moderno, nunca sabes ni como ni en que medida usar la fuerza, porque si eres poco atrevido no desmontas la pieza y si lo eres demasiado te cargas la pieza o aquellas pestañas que la unían a la otra.
Hoy he sido prudente y después de averiguar el motivo de la avería he vuelto a cerrar la lavadora sin aventurar forcejeos. Me he quedado con la ropa dentro de la lavadora y el cabreo dentro del coco.
En mi caso, el cachivache díscolo era el portátil de mi hijo. Desde que llegó a casa no habia dado señales de vida en su interior la conexión Wi-fi que según especificaciones debía poseer. Por pereza y porque no le era imprescindible, Roberto dejó pasar el tiempo hasta que una serie de fallos se acumularon al tema del Wi-fi. Fallos en el teclado, la imposibilidad de restaurar el sistema y fallos en el botón de arranque llevaron finalmente el ordenador a las manos del servicio técnico de
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