Uso militar del Software Libre

Como la mayor parte de las posturas «pacifistas» a ultranza, la decisión de algunos desarrolladores de incluir una cláusula que impida el «uso militar» del software libre desarrollado por ellos es utópica e irreal.
Esta modificación de la licencia GPL ha sido comparada con las tres Leyes de la Robótica de Asimov, pero hasta las Leyes de la Robótica de Asimov incluyen las reservas necesarias para que su aplicación no permita que por omisión un ser humano sea dañado.
Los programas así licenciados ¿pueden ser usados para salvar vidas?. Se supone que si, pero ¿Que pasa si para «salvar vidas» hay que realizar una accion militar?¿En que situación quedan las operaciones de paz?¿Y las acciones humanitarias realizadas por fuerzas militares?¿Es lícito el uso defensivo, destinado a «salvar vidas»?.
Los autores lo que quieren es que su software no sea destinado a «malos usos», pero yo creo que eso a los «malos» les importa un bledo y nada les impedirá copiar el software para usarlo contra los «buenos», que respetuosos de la Ley, no podrán usarlo para defenderse ni defender a sus autores.
LLegamos al punto donde no puedo coincidir nunca con los «pacifistas»: yo siempre he creido que hay valores que deben defenderse, que hay ideales por los que merece la pena estar dispuesto a morir, pero a los que se sirve mejor cuando se consigue sobrevivir.

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Plutón es una serpiente

Ahora que ha de ha dejado de ser considerado un planeta, podemos afirmar con rotundidad que Plutón es una serpiente. Precisando más, diré que una serpiente de verano, uno de esos ofidios que se reproducen en los titulares de la prensa siempre que escasean las noticias empalagosas y no conviene seguir insistiendo en las amargas, como el hecho de que en el mundo sigue habiendo guerras, hambre, injusticia

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Un Terabyte de libertad

El pasado domingo, estuve en Andorra. El país de los Pirineos tiene muchos atractivos pero le quedan muy pocos de los que le hicieron popular. Yo, que soy de Lleida, recuerdo que en mi infancia los compañeros traían al colegio pequeñas maravillas nunca vistas procedentes de los viajes con sus padres al principado.

Quizás lo que más excitaba mi envidia eran las cámaras fotográficas en miniatura, propias de un agente secreto, pero la curiosidad se extendía a aquellos bolígrafos con una chica en bañador que al darles la vuelta, ¡quedaba desnuda! y la capacidad de asombro quedaba rebasada con unos encendedores de gas que no se recargaban. ¿Como podía caber en nuestro horizonte de los años sesenta semejante derroche?, una vez usados, se tiraban. Era una muestra de la abundancia exuberante y algo extravagante que nos aguardaba tras las fronteras de Europa.

Nuestros padres comentaban las novedades en camisetas de ‘Rovil’ el Tergal o la calidad del vidrio ‘Duralex’ y disfrutaban casi más que nosotros viéndonos jugar con vistosos y originales juguetes. En Lleida, por la proximidad geográfica, Andorra era una opción a considerar para la compra del ajuar: cristalerías, cuberterías y electrodomésticos, pero también para los coleccionistas de trenes o aficionados a la fotografía y el cine.

En la adolescencia recuerdo la música de Paco Ibañez en el Olimpia de París escuchada con veneración en el cuarto de un compañero que susurraba: “es un disco que está prohibido, lo he comprado en Andorra” y algún ejemplar del “Capital” de Marx que algunos mostraban a hurtadillas, pero que desde luego nadie había leído.

Andorra 1982Andorra 1982

Cuando siendo novios, Mercedes vino por primera vez a Lleida, en la Semana Santa de 1982 coincidió allí con Beatriz, la novia de mi amigo Juanjo y los cuatro nos fuimos a Andorra. Una escapada alegre con alguna anécdota divertida.

Hace ya tiempo sin embargo que las visitas a Andorra tiene escaso interés comercial. Los productos de las estanterías no ofrecen apenas diferencia -salvo a veces una peor calidad- con los que se pueden encontrar en España y los precios son iguales cuando no mas caros. Cada vez cuesta más encontrar ‘un chollo’ pero a pesar de ello, el consumismo y el atractivo de los mitos nos sigue llevando de compras por Andorra.

No al CanonEl domingo, sin embargo, tuve una satisfacción propia de la época de la canción protesta: compré trescientos CD,s y doscientos DVD,s a un precio estupendo, sin pagar un céntimo del canon impuesto por los ladrones de la SGAE. ¡Que alegría!, ¡que anhelo de justicia cumplido!, ¡Casi un Terabyte de libertad!. Mis fotografías, mis artículos, mis archivos y programas, mis copias de seguridad y privadas sin pasar por la ventanilla de ladrones y usureros, sanguijuelas, parásitos y cigarras que quieren vivir a costa de mi esfuerzo.

Los que tengáis ocasión de viajar a Andorra, no lo olvidéis: comprad CD,s sin pagar el canon y revivid la sensación de anhelo de justicia y libertad que experimentábamos en los primeros setenta. Mientras los CD,s se queman en la tostadora, encended un mechero y cantad conmigo: “A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar…”.

 

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Como en los toros

El corrector ortográfico de Open Office se desarrolló en una escuela taurina. Exactamente en la misma que adquirió su arte taurino y su facilidad para la gramática Jesulín de Ubrique.
Supongo que el lector estará asombrado de que haya llegado con tanta facilidad a esta deducción. No quisiera pasar por pretencioso y he de confesar que no ha sido difícil. Me he dado cuenta al escribir “pueblecito” porque el corrector me la marca como error y sugiere como forma correcta “pueble cito”, ¡en dos palabras!.
Estaba tan emocionado con este descubrimiento in presionante, y ahora observo desalentado que al escribir de forma correcta el adjetivo – osea, “en dos palabras”– me señala “in” como correcto, pero “presionante” como incorrecto, ofreciéndome como alternativas “presionarte” , “presionaste” y “presionan te”, con lo cual resulta que “in presionante” no son dos palabras, como observase el de Ubrique en una célebre intervención televisiva, sino …¡tres!.

Nunca te acostarás…sin saber una cosa más
(Refranero Popular)

En dos palabras: in presionante
(Jesulin de Ubrique)

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Los bandoleros de Morella

El lunes fuimos de excursión y ruta de regreso. Después de algunas dudas tomamos la desacertada decisión de ir a Morella. Aunque ya habíamos estado en la impresionante capital del Maestrazgo, la proximidad del Sexeni nos hizo pensar que podríamos ver algunos de los adornos que se hacen para esa ocasión.

Sin embargo lo que encontramos fue bastante tráfico en la carretera y sobre todo un ayuntamiento ávido de recaudar sin ofrecer nada a cambio. La cosa fue así: a la entrada del pueblo en cuesta y sin información un par de muchachas a nómina del municipio, atrincheradas junto a una caseta como un control de milicianos en territorio comanche preguntaban ¿va a aparcar?. La respuesta correcta habría sido «que más quisiera yo», pero antes de encontrar una idea ingeniosa ya habían puesto precio a la aspiración a una plaza: dos euros. Pagado el impuesto revolucionario había que peregrinar por un laberinto de tramos repletos de vehículos sin demasiado orden, pugnando con otros pretendientes que aparecían en cualquier dirección en medio de un caos propiciado por la ausencia de señalización, la indiferencia del personal y el más absoluto fuego del medio día. El punto álgido llegó cuando siguiendo como borregos al coche de delante -tampoco había muchas más opciones por explorar- acabé en un callejón sin salida con cinco vehículos atascados delante y otros tantos siguiéndome a mi, de donde tuvimos que salir dando marcha atrás. Indignado no tuve ni el consuelo de usar mi verbo más hiriente con cualquier empleado municipal, vecino de la villa o humano a mi alcance y después de varias vueltas hacia las afueras, en un lugar ubicado antes de llegar al infame peaje, encontré por insólita casualidad la plaza de aparcamiento que podría haberme ahorrado dos euros y el calentón iracundo de haberla encontrado al llegar.

El cabreo tuvo su remate en la ausencia total de rastro del Sexeni, salvo en los carteles que lo anunciaban para tres días después. Recorrimos el pueblo mirando con desgana e irritación las cartas de los restaurantes y decidimos salir de allí sacudiéndonos las alpargatas con más rabia que santa Teresa a las puertas de Ávila.

Los días aciagos no se hacen con una sola desgracia y tomamos el camino de La Senia esperando encontrar hermosos paisajes, pueblos encantadores y maravillas arquitectónicas a la par que un sitio para comer. Esto último ocurrió en Castell de Cabres donde sin embargo solo era remarcable el potaje de garbanzos. A pesar de que la temperatura lo desaconsejaba, dejó un buen recuerdo. El resto de la comida solo se salvaban los canelones y pena capital -de hoguera- para una carne a la brasa demasiado hecha y otros platos sin pena ni gloria regados con buen vino y gaseosa rellenada a un precio recortado sin exageración.

Después de eso, pasamos una tarde de curvas, sol de justicia y pueblos sin un sitio donde abrir las puertas para bajarse que nos impidió apreciar la mejora al llegar al pantano de Ulldecona.

Mosca

Ya en La Senia me acerqué a ver a José Ramón Bellaubí y admirar su trabajo en la reproducción para exhibición estática de un Polikarpov I-16, realizado con todo detalle y con un cariño y precisión admirables y envidiables. El nos había buscado alojamiento en el Hostal Casa Manolo y allí descansamos antes de disfrutar de una agradable cena con José Ramón y su encantadora esposa. Menos mal que el día acabó bien y el Hostal, que está completamente nuevo, nos permitió reparar fuerzas.

Al día siguiente por la mañana pasamos por Gandesa para ver el museo del CEBE. No entiendo porqué se empeñan en poner horarios donde dice que abrirán a las 10 si luego resulta que abren a las 11. Por suerte encontramos quien nos orientara y decidimos esperar. Aunque a la colección del CEBE le falta un poco para ser un museo ‘con cara y ojos’ y no parecer la tarea bienintencionada de unos aficionados, para los que estamos interesados en la historia de la Guerra civil la visita merece la pena y yo sentí no poderle dedicar algo mas de tiempo.

De allí nos dirigimos a Lleida por el ‘Eix de l’Ebre’, seguramente otra ‘obra emblemática’ de las obras públicas de la Generalitat. En casa de mis padres nos esperaban con el plato que le había pedido a mi madre: las ‘Patatas pegaditas’ versión familiar de las ‘patatas a lo pobre’ pero con un punto de crujiente glorioso e inimitable. Mercedes cocina muy bien y muchas cosas las hace como nadie, pero las ‘Patatas pegaditas’ tienen ese punto de cocina de madre, colesterol y fécula incluidos con los que nadie puede competir. Después de comer en Lleida con mis padres y llegar a Figueres sin mucho agobio de tráfico, encontramos la casa sin huellas de excesivos desmanes, sobre todo teniendo en cuenta que nuestros hijos habían estado solos cuatro días.

Ahora queda ordenar los recuerdos, editar las fotos, responder al correo…¡hay que ver cuanto trabajo da descansar unos días…!

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Las villas de Benicasim

La segunda ocasión célebre ocurrió el domingo por la noche, después de pasear por las Villas de Benicasim y admirar aquellos nobles edificios. El paseo arquitectónico si que merece esta vez comentario aunque no sea comestible. Las villas son casas construidas a principios del siglo XX por familias bienestantes, las únicas que en aquella época tenían por costumbre y podían permitirse el veraneo.

Villa

Al pasear por delante me transportaba yo a la época que rememoran los carteles de información, algunos muy maltratados por la incultura y el vandalismo. Pensaba que la democratización del ocio sin duda ha hecho que se pierdan algunos placeres del paisaje y la naturaleza. Las torres de apartamentos que ocupan algunos solares entre las villas y sus apartamentos amontonados no pueden provocar las mismas sensaciones que aquellas casas espaciosas de amplios porches y sombreados jardines donde disfrutar de la vista del mar con la refrescante compañía de una limonada y la amena charla de las visitas.

Es bueno que sean más los que disfrutan de las vacaciones, pero deberíamos asegurarnos de que los placeres que van a buscar a la orilla del mar no quedan sepultados y ocultos por las toneladas de cemento usadas en la construcción, ahogados en estrechas calles repletas de coches o embadurnadas de aceites y cremas en playas hacinadas donde las toallas y la sombrilla reservan el sitio de sus ocupas, noche y día, todo el verano.

Ya de noche nos dirigimos a Benicasim pueblo para encontrar un rincón en la barra del Lipizano. No fue fácil. Allí también hay que reservar un puesto en la cola del paraíso. Entre una lista de platos que hacían difícil la decisión elegimos unos cuantos para cenar entre tapas y cervezas. Todo estaba buenísimo pero destacaré la tortilla de ajetes y tocino entreverado de ibérico, aunque en la carta pone «bacon». Barbarismos a parte, si el montadito de Buey tenia tratamiento de usía, el de foie (léase fuá) era excelentísimo. Me quedé con las ganas de pecar de gula y zamparme una bandeja de patatas y huevos con jamón o echar la casa por la ventana y atacar una codorniz rellena de foie (fuá), pero estábamos todavía emplazados a un desempate entre la heladería la Valenciana del Grao de Castellón y los Jijonencos.

Se discutía cual de ambas casas fabricaba el mas ilustre helado de turrón. Habíamos probado el viernes y sábado las habilidades de la Valenciana y nos dirigimos al local de Los Jijonencos en el centro de Benicasim. Yo no quise tomar partido y me decidí por el chocolate amargo y el helado de Dátiles con nueces y moscatel, exquisito el primero y sorprendente y agradable el segundo. La competencia del turrón, si embargo se decidió a favor de la Valenciana tanto por sabor como por textura.

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Lo más importante

Sin duda alguna lo mas importante en nuestros viajes es el aspecto gastronómico de los mismos. ¿Que es lo que comentamos cuando pasa el tiempo? no es la esbeltez de los arcos de aquella iglesia, ni los vivos colores del paisaje, ni siquiera las voluptuosas curvas de las bañistas en la playa aunque todas esas cosas son sin duda bellas y admirables. Lo que de verdad comentamos en detalle, al llegar a casa o años después son las comidas. los nuevos platos y recetas descubiertos, los sitios baratos y con preparados deliciosos.

Este viaje tuvo dos momentos estelares. Uno de ellos ampliamente anunciado fué la barbacoa en casa de Alberto, el hermano de Miguel Angel. Las caballas a la plancha cubiertas con un picadillo de tomate, cebolla y pimiento no desmerecieron un ápice de su justa fama no por habitual ya en nuestras reuniones menos apreciada. Precedió a este manjar un pulpo a la gallega hábilmente cocinado por Javier, oriundo de aquellas tierras y aerotrastornado. En estas reuniones con bastante gente -a la mayoría de la cual yo conocía aquella noche- suele ocurrir que siempre parece que prestas poca atención a un tema que te interesa, que queda enunciado pero no desarrollado competamente. Y eso me pasó con Javier, con quien descubrimos que teniamos varias aficiones comunes relacionadas con la aeronáutica sin que pudieramos dedicarnos a charlar sobre ellas.

Sin embargo la sorpresa de la noche fué la conexión alcarreña, al resultar que estabamos cenando con unos parientes del sobrino de mi abuelo Julio Aragonés con el que compartía nombre. Y es que este mundo es un pañuelo. No me extenderé ahora en la relación porque aún no tengo claro si yo mismo la he entendido y porque hoy mismo me están entrando otros datos sobre mi abuelo materno que le convierten en previsible objeto de un proximo artículo más extenso.

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