A martillazos con la historia

El pasado sábado estuve paseando por los escenarios de la guerra aérea durante la guerra civil española en el Ampurdán. Se trataba de charlar de un interesante proyecto con Lluis Astier mientras visitabamos los campos de Figueres Nord y Vilajuïga.
Al llegar a la lápida o ‘stele’ que recuerda la muerte de Friedrich Windemuth, me llevé un disgusto al comprobar que algún vándalo la había manchado y causado desperfectos con un martillo o algo así.

Vandalismo

No encuentro palabras para expresar el desprecio que la gamberrrada me produce. Me parece imposible que pueda compartir el sol con gentuza sin cultura, sin respeto, sin asomo de moral ni inteligencia.
Por el símbolo representado en el acto vandálico no cabe la menor duda de a que rebaño creen seguir los borregos. Por mucho que pueda discrepar de las ideas de alguien, me cuesta creer que pueda alentar semejantes comportamientos y creo que cualquier partido debería desautorizar y desmarcarse de esta gentuza cobarde y vil que usan la violencia contra objetos inanimados con un ímpetu que son impotentes de mostrar positivamente en la vida real para crear riqueza, generar bienestar o procurar el bien común.
No sé como voy a contárselo a José Falcó. As de la caza republicana, este anciano es de una vitalidad inagotable y una nobleza propia de los caballeros del aire y ha sido el principal cuidador de la lápida del piloto al que derribó el día 06/02/2011, en el último combate aéreo sobre el cielo de Cataluña. Aunque últimamente ha tenido que espaciar sus visitas, siempre que viene por aquí limpia las inmediaciones de la lápida y coloca unas flores en un acto de homenaje y respeto al enemigo de ayer y de interna meditación sobre los graves sacrificios que nos impone el deber.
Los vándalos desconocen la nobleza de los auténticos caballeros que con lealtad y valor defendieron la legalidad y la libertad en los cielos de España. Los vándalos solo practican la violencia, enemiga de la libertad, la legalidad y la democracia como auténticos neofascistas, lacra de la sociedad, basura inmerecida por un pueblo que presume de su sentido común, laboriosidad y respeto.

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GoPro Hero HD

Creo que la fotografía es una gran ocasión para dejar expresarse a nuestra creatividad. A veces solo consiste en obtener una imagen que refleja la realidad desde un punto de vista personal u original, otras se trata de llenar el encuadre de belleza y armonía, pero otras veces simplemente la forma de tomar la foto o la preparación necesaria para hacerla, es la parte más importante del acto fotográfico.
Prácticamente siempre llevo llevo encima mi Panasonic Lumix TZ7, con la que ya he hecho, si las cuentas no me fallan, más de 12.000 fotografías. La Canon 450D la tengo infrautilizada ya que suelo llevarla a exhibiciones aéreas y excursiones de fotografía de la naturaleza, pero su volumen y peso la hacen incómoda para viajar con ella, especialmente cuando el peso del equipaje es un problema.
A pesar de que uno de mis propósitos veraniegos era perfeccionar mi manejo de la Canon, no he podido resistirme a comprar una cámara con la que llevaba soñando algún tiempo, la Gopro Hero HD.

Manejable Tamaño

Se trata de una cámara de acción cuyos complementos tienen como objeto principal que puedas colocar la cámara sobre un casco, vehículo, tabla de surf, o cualquier otro lugar peligroso sin que reciba daño.
Su carcasa resiste inmersiones de hasta 60 mt. bajo el agua -os aseguro que es poco probable que yo vaya a comprobarlo- y como cámara de vídeo registra en varios tamaños incluido el llamado ‘full HD’ o 1920×1080 puntos. Estas dos características, unidas a su precio , la hacen enormemente atractiva, ya que por lo que me ha costado todo el equipo que he comprado, no habría podido comprar una carcasa para hacer sumergible una compacta de consumo.

Gopro Hero HD

Como cámara de fotos tiene una óptica fija con una apertura de 170º que la convierten prácticamente en un ojo de pez y que deforma bastante las imágenes, que son de 5 megapixels. Lo más llamativo es su función de disparo a intervalos de 1, 2, 5, 10,30 y 60 segundos. Ello permite crear series de fotografías para timelapses.
No hay control sobre el enfoque o la exposición, los parámetros configurables se reúnen en un menú bastante tosco y dentro de la carcasa de protección el sonido registrado es muy malo. Sin embargo ha tenido un enorme éxito de ventas como cámara de acción. Tal y como se encargó de recordarme Mercedes cuando dije que iba a comprarla, yo no voy a saltar en paracaídas con ella ni a hacer surf, esquiar, o hacer puenting, barranquismo o mountain bike, pero tengo ya una larga lista de experimentos fotográficos y de artilugios para hacerlos posibles que espero me mantendrán entretenido gran parte del verano y de los que daré cumplida cuenta en este blog. El primero de ellos ya dió lugar el otro día al comentario sobre la foto del Ruiseñor en mi jardin. Espero que pronto vendrán más.
El torrente de ideas que ha acompañado a la Gopro ha sido tal que he llegado a pensar en hacer un blog solo con ese tema, pero por suerte encontré que alguien se había tomado ya el trabajo de hacerlo.
Sobre la compra en si, diré que aunque en España hay distribuidor, yo la compré en USA a través de un amigo, con un importante ahorro que me permitió comprar bastantes complementos.
La camara sola en un kit que llaman ‘naked’ costaba 259,99 USD ->179,50 €. Había dos kits básicos, para coche (Con ventosa) y para casco. El precio de ambos era el mismo $299,99->207,12 € y supone un ahorro de $30 sobre la compra de lo que lleva incluido por separado.
Valoré cuanto me costaría comprar un kit y lo que llevaba el otro que no llevase el que ya había comprado, para ver cual era la opción más barata. Resultó ser comprando el kit ‘Motor’ y a los otros aditamentos sueltos le añadí el adaptador para trípode (con rosca universal) que no venía en ninguno. Luego, comparando vi que el kit ‘Motor’ estaba más barato en Amazon, asi que lo compré allí y el resto en la casa Gopro. Toda la compra que puede verse en la fotografía han sido unos 240 € con gastos de envío (dentro de USA).

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La rotuladora

Uno de los mantras del GTD es ‘comprarás una rotuladora’. La calificación de mantra no la he usado con fines literarios, realmente es «un instrumento para liberar la mente del flujo constante de pensamientos que la confunden». Yo nunca llegaría a tener rotulados los elementos cotidianos, poniendo letreros como ‘plato’, ‘silla’, ‘retrete’, ‘teclado’… aunque si me gustaría tener letreros en los cajones del armario para poner ‘calcetines’, ‘jerséis de lana’, ‘calzonzillos’, ‘pijamas’…y no lo hago para que mi santa no me ponga de vuelta y media. El secreto para disfrutar de un largo y feliz matrimonio es ceder en los pequeños detalles. Pero a mi me resultaría más fácil la vida sobre todo en ese periodo de transición entre el sueño y el mundo real que es precisamente cuando me visto.

Rotuladora Brother P-touch 1090

No obstante en mi área de influencia mayoritaria, siempre he tenido razonablemente etiquetadas las cosas. Cierto que mi método era rotulador y mano alzada, sobre las carpetas de cartulina, las cajas de cartón o en posits, etiquetas y otros papeles situados sobre los elementos a nombrar. Tengo cierta habilidad en la rotulación para escribir letreros regulares en tamaño y bastante legibles, además de ajustados al espacio que deben ocupar, debido al uso del sencillo método de ‘ver’ en el papel escrito el texto antes de apoyar el marcador sobre él.
Pero lo de la rotuladora me pareció estupendo y eso de que todos los rotulos sean uniformes, perfectos, mismo tipo de letra y color, fascinante.
David Allen dice que la rotuladora ideal para GTD debe alimentarse mediante fuente de alimentación y no pilas o baterías, y que no debe ser de las que se conectan al ordenador. Además recomienda la marca Brother.
Lo de las pilas es porque tienen tendencia a agotarse justo cuando no puedes conseguir otras y más etiquetas has de rotular. Lo del ordenador es para que no te distraigas ni necesites desplegar la artillería para poner una simple etiqueta. Lo de la marca brother no se por qué lo recomienda. Yo conozco esta marca y la Dymo y ambas me parecen muy similares, en prestaciones, calidad y precio.
Finalmente me decidí por la Brother que nuestro proveedor habitual decía tener disponible. Y digo decía porque obtener un modelo parecido al que elegí ha sido una odisea en el que ha abundado el surrealismo comercial, aderezado de muy buenas maneras y mucha amabilidad pero algo kafkiano. No se como un comercio puede hacer una oferta de un artículo que no tiene disponible.

Comparar

Después de uno o dos meses, ha llegado a mis manos la rotuladora brother 1090. Al elegirla he tenido en cuenta varios factores. El primero el precio de las cintas. El segundo la posibilidad de usar modelos de cintas diferentes, que van desde las transparentes, las de fondo de color con más o menos resistencia hasta las de tela. Y todo ello en diferentes anchos. Lo de los tipos de letra, las lineas múltiples y otras funciones me parecen más triviales para el uso que voy a darle. Las prestaciones que dependen del software se distribuyen por los fabricantes igual que las posibilidades de usar cintas de anchos diferentes en función del uso doméstico o profesional que ha de tener la máquina a fin de argumentar una diferencia de precios y las diferencias entre las gamas, pero para el noventa y mucho de los mortales una rotuladora básica tiene más funciones de las que usaría en su vida el más friqui de los rotuladores.
Mientras llegaba la mía he usado una rotuladora de mesa que me prestó el proveedor y una de mano que compré para mi hijo bajo el epígrafe de ‘material escolar’.
La de sobremesa tenía un teclado QWERTY que para alguien que sepa mecanografía debe ser una ventaja. La Brother 1005 de mi hijo es bastante cómoda y la que he comprado solo tiene alguna pequeña mejora en el diseño que la hace más manejable. Ambas tiene un teclado en orden alfabético e imprimen etiquetas en diferentes anchos de cinta y tamaños de letra.
No me he lanzado a la rotulación compulsiva porque las urgencias las he ido resolviendo y a pesar del las recomendaciones del GTD y de su gurú, creo que voy a seguir manteniendo algunas costumbres sobre rotulación, como por ejemplo escribir con marcador en las carpetas de expediente o usar ‘posits’ con letreros a mano para el etiquetado provisional.

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El Ruiseñor

La semana pasada llegó por fin desde Estados Unidos mi cámara GoPro. Estos dias he estado haciendo pruebas y aprendiendo su funcionamiento. Pocas de estas pruebas pueden verse todavía, pero hoy he tenido una pequeña alegría, en medio de los disgustos que me ha dado la actualización del sistema operativo del ordenador.

Ruiseñor

Después de algunos miles de fotos al aguardo, por fin una avecilla se dignó a pasar ante el objetivo de mi GoPro, plantada en el jardín cual firme y silencioso centinela.
Se trata de un Ruiseñor Común, según me ha explicado Jose Luis que tiene una web sobre pájaros.
La cámara ha estado durante dos horas haciendo una foto cada cinco segundos y no sé si habría encontrado las fotos del ruiseñor si no fuera porque lo he visto delante de la cámara desde la ventana. He mirado la hora y he buscado en las fotos de ese momento.
Pronto podré poner una reseña completa de la compra, de la cámara con la que espero poder hacer fotos, videos y ‘time lapses‘ de lo más interesantes.

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Precios de crisis

Hace cosa de un año, en una exhibición aérea en Inglaterra (esa parte de la Gran Bretaña y por tanto del Reino Unido) vi una silla plegable al precio de seis libras. Como la ocasión lo requería y resultaba más económico que alquilar una silla en el area VIP, compré una. Al final de la exhibición otros clientes del mismo producto lo dejaron abandonado. A mi no me cabía en el equipaje que la aerolinea low cost con la que había viajado me permitía, así que se la regalé a mi amigo John Partridge.
Al llegar a España pensé que quizá sería un buen complemento para las sesiones de spotting, que acertadamente alguien propuso traducir al castellano como «aguardos» ya que como en la caza al aguardo, los spotters pasan mucho tiempo en las inmediaciones de los aeropuertos esperando «cazar» con sus cámaras algun avion interesante.
Me sorprendió que los precios fueran sensiblemente iguales a los de Inglaterra pues vi, creo que en varios comercios, la silla a 9 euros.

Silla de Spotter

La semana pasada la vi en Decathlon por 15,95 Euros y me sorprendió que estemos hablando de crisis y este producto haya subido de 9 a casi 16 euros, una subida de un 80% de su precio hace alrededor de un año.
Curiosamente a través de Amazon, vendida por Bonnington Plastics he podido encontrarla como «Dispatched from and sold by Low Low Prices» por 5,52 Libras, al cambio unos 6,29 Euros
Quizás Decathlon piensa que los que van de camping son ricos y pueden pagarlo, pero en realidad buscando a través del servicio Shoping de Google solo la he encontrado un poco más barata en Priceminister (15,25 €) y sin olvidar que hay que añadir el transporte, mientras que en otros comercios como Posters Point la ofrecen por 24,32 euros.
Como conclusion, no parece ser un capricho de Decathlon, sino que un articulo tan aparentemente sencillo y poco sujeto a modas como una silla de aluminio y tela sintética ha sufrido -salvo saldos- una importante subida de precio en una época en la que los comerciantes se quejan de el consumidor prescinde de todo lo superfluo y la cifra de negocio baja.
Para alguien como yo, que no soy un analista de mercados, se trata de un misterio de la economía y me sugiere una conclusión clara: hay que dar mil vueltas a cada compra y analizar las diferentes posibilidades de comprar al lado de casa o por internet, pues la búsqueda frecuentemente te recompensa con precios más baratos.

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Series de Televisión

No me gustan las series. Ya se que es un tópico innecesario, porque a todos nos gustan los documentales, las noticias y las películas buenas, el teatro y los conciertos o la ópera. Pero luego acabamos viendo las series porque ‘en la tele no hay otra cosa’.
Decimos eso tan convencidos como cuando solo existía la Televisión Española en la versión de VHF y la de UHF, sin tener en cuenta que la amenaza actual a nuestra integridad cultural como televidentes es mucho mayor.
Vale, pues a mi no me gustan las series, pero las veo. Ya lo he confesado al principio. Esta aparente contradicción tiene en realidad una explicación sencilla.
Para empezar no me gustan las series por su propia naturaleza serial. Cuando leía tebeos odiaba el ‘continuará’. Cuando leo un libro suelo hacerlo en varias sesiones maratonianas y lo suelo acabar en uno o dos días después de haberlo empezado. Si me interesa lo leo de un tirón. No puedo leer unas páginas cada noche en la cama porque tengo que empezar por leer alguna de las que leí el día anterior para acordarme de por donde iba. Y dos páginas atrás y tres adelante no es un ritmo para acabar un libro ni en un año ni me da la impresión de haber leído nada congruente. Introducción, nudo y desenlace, todo de una sentada y a otra cosa. Ni que decir tiene que el teatro me gusta por eso, toda la trama en una representación. ¿Alguien se puede imaginar que al acabar una sesión de teatro saliera paseando por el escenario un actor con un letrero que ponga «continuará»?. Y todo el público emplazado al día siguiente o a la semana siguiente para ver el siguiente capítulo de la obra teatral. Pues no. La cosa no funciona así. Y no veo porqué tiene que funcionar así en la Televisión, salvo para que veas más anuncios.
Así que mi primer desacuerdo es hacia el aplazamiento de la trama que me obliga a utilizar alguna de mis escasas neuronas de memoria a recordar de que iba esto la semana pasada.
El segundo aspecto que repruebo en las series de la tele son los patrones. Si hay algo peor que una serie con una trama interminable, inconcebible y completamente absurda es una serie que repite semana tras semana el mismo capítulo con diferentes personajes y diálogos. Se vuelven tan predecibles que resulta un auténtico martirio verlas. El protagonista es el único imbécil incapaz de predecir la trama que se repite episodio tras episodio. El caso se agrava cuando el patrón cae en gracia al público y los guionistas se ven obligados no ya a repetirlo sino a exacerbarlo y retorcerlo, produciendo personajes sobreactuados interpretándose a si mismos hasta el delirio, convirtiendo lo que te hizo gracia en los primeros capítulos en un tostón repelente. Uno de los primeros personajes con estas características que recuerdo fue el teniente Colombo. Solo los estúpidos criminales se tragaban el papel de tonto despistado. Igual de repulsiva resulta la cínica inmoralidad de House, la torpeza emocional de la doctora Brenan o tantas otras características que pretendieron sorprendernos en los treinta o cuarenta primeros capítulos de una serie pero que después de los cuatro o cinco primeros ya se apuntan como el patético patrón de la misma.
Y ya solo citaré una más de las características que hacen insoportables las series. Se trata del sesgo. No es que pretenda que las series debieran ser una representación realista de la vida. La ficción es ficción. Pero a mi me sorprende que la inmensa mayoría de las series traten de abogados, médicos, policías, monstruos y vida corriente.
Naturalmente, estos temas referidos al corazón del imperio, que es de donde proceden la mayoría de las series que vemos.
Desde Perry Mason, las series de abogados deforman nuestro concepto de la justicia no solo porque pretenden idealizarlo sino porque nos dan la versión estadounidense del mismo. Enfrentarse a una cuestión judicial con la cultura proporcionada por las series de abogados puede ser tan peligroso como ser paciente de House, que por suerte en la vida real estaría procesado desde el primer capitulo.
Parece una paradoja que el quinto tema de las series sea ‘la vida cotidiana’ y que a pesar de eso yo afirme que introducen un sesgo. Pues si. Primero porque es la vida cotidiana de los norteamericanos, porque en esa hipotética vida cotidiana ocurren problemas estúpidos inconcebibles en el mundo real y a los que se enfrentan con ademanes de tragedia griega unos personajes que aportan otra dimensión del sesgo ya que en su afán de representar todos los «sectores, sensibilidades y opciones» de la audiencia -es decir, del mercado- los guionistas se centran en lo diferente. Porque la vida cotidiana no tendría ningún interés salvo que sea la de adúlteros, estúpidos, gordos, homosexuales, frikis, polígamos, maníacos asesinos, mentirosos compulsivos…
Naturalmente que todas esas características forman parte de la ‘vida cotidiana’, pero no creo que sea en la proporción en la que aparecen en las series y tampoco creo que estas sean una fuente fiable para aumentar nuestro conocimiento de las aspectos más pintorescos de la sociedad.
Y voy a resistirme a la tentación de escribir sobre el aspecto moral en las series y el cine, porque sería tanto como iniciar otro artículo en lo que debería ser el final de este.
Podría renunciar a verlas, pero es que no las veo solo para indignarme y poder escribir sobre todas su carencias. Las veo porque son lo que ponen a última hora del día, cuando ya estoy cansado y he pasado la mayor parte de la jornada delante del ordenador. Se trata de estar un rato en el mismo sofá que Mercedes (la dueña del mando), sin más esfuerzo intelectual que impedir que se adormezca en exceso la conciencia y resistir despierto lo suficiente para poderle contar a mi sufridora el final del episodio, que a ella la pilla casi siempre en los dulces brazos de Morfeo.

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El bombardeo del Liceo Escolar

Cuando era pequeño, en Lleida, paseando de la mano de mi madre por la calle Blondel, recuerdo un solar situado delante del paso o jardín que hay entre lo que era la Comandancia de la Guardia Civil y el Hospital de Santa María. En la pared del edificio contiguo, a la altura de lo que debía haber sido el segundo piso había un lavabo tenazmente adosado a la pared. Yo pedía a mi madre que me repitiera la historia: «Mamá, ¿ese es lavabo donde estaba el tío Andrónico?», mi madre me decía que si, que allí estaba mi tío el día del bombardeo del colegio y que gracias a eso se salvó milagrosamente, siendo rescatado de entre los cascotes con alguna brecha en la cabeza.
El colegio, al que además de mi tío iba mi padre y sus otros hermanos era el Liceo Escolar y en medio de la guerra civil se hundió al ser bombardeado el día 2 de noviembre de 1937. Mi padre no había acudido al colegio ese día porque se encontraba enfermo, pero mis tíos Andrónico y Paquito se encontraban allí. Años después mi padre me contaba los recuerdos de aquel día, el miedo, el ruido de las bombas y las alarmantes noticias del bombardeo del colegio y como se quedaba con su madrina mientras a mi abuela la llevaban en un coche por la calle Academia, ignorante temerosa de la suerte que podían haber corrido sus hijos. Mi tía María Eugenia que entonces tendría cerca de quince años iba subida en el estribo del coche por fuera del mismo. Cuando llegaron frente al Liceo Escolar encontraron a mi tío Paquito lleno de polvo -¡pero ileso!- que les dijo que a su hermano lo habían llevado a la casa de socorro con una herida leve en la cabeza.

Foto:Agusti CentellesMás o menos esta es la tradición oral de los hechos de aquel desgraciado día que las fotos de Agustí Centelles inmortalizarían dando a conocer en todo el mundo el horror de la guerra y el drama de los bombardeos sobre la población civil. El fotógrafo se encontraba en la ciudad realizando un reportaje para la Generalitat y al presenciar el bombardeo fue testimonio con su cámara de los efectos del mismo.
Los restos del edificio serían derribados algún tiempo después, pero el solar permaneció como testigo de la desgracia hasta los años sesenta, dándome la oportunidad de ser también testigo indirecto de aquella parte de nuestra historia a través de aquellas conversaciones con mi madre.
Hasta hace bien poco era creencia popular que el bombardeo lo había efectuado la Legión Condor, y así puede aún leerse en muchas referencias en papel o en la red, como la propia página de la Paheria, pero el pasado día 05/06/2011 el diario La Manyana publicaba un artículo de Antonio Ruiz Mostany y de mi buen amigo Josep Pla en el que con la precisión y exactitud que le caracteriza, proporciona todos los datos de la misión, realizada por 9 aviones S.79 de las escuadrillas 289 y 280 del XXIX Grupo B.T.V. Aviación Legionaria que partieron de Soria y que bombardearon la ciudad, que estaba marcada como objetivo alternativo porque el primer objetivo, una fábrica de productos químicos en Flix, no podía verse debido a una capa de nubes.
Mis felicidades pues, a los autores del artículo por establecer de forma clara y gracias a una investigación rigurosa los hechos acaecidos aquel 2 de noviembre que también forman parte de la historia de mi familia.

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Evernote

Una de las cosas que hago más frecuentemente con el ordenador es tomar notas. Mi artículo mensual para Revista de Aeronáutica y Astronáutica se nutre de las cosas que veo en la red. Durante el mes voy tomando nota y recopilando ideas de artículos o noticias que veo en mis fuentes habituales de información o en lugares señalados por amigos o contactos de las redes sociales.
Cuando un tema me parece interesante busco otras noticias o escritos que hablen de lo mismo para verlo desde diferentes puntos de vista y ampliar la información busco en Wikipedia y otras fuentes de documentación sobre los diferentes aspectos o elementos del hecho o suceso, …en definitiva me documento. Aunque hay artículos en los que ese proceso dura varios días o semanas, en otros todo se cuece en una tarde. En cualquier caso la recopilación de direcciones y notas es un elemento común. Durante bastante tiempo he realizado esa tarea con editores de texto sencillos. En Windows primero con UltraEdit y luego con Notepad++ ya que aborrezco el Bloc de Notas. En Linux he usado Gedit y Tomboy. Uso editores de texto porque no transfieren a través del portapapeles el formato de los escritos.
El uso de editores de texto implica crear archivos de texto que constituyen los ‘borradores’ del articulo. Estos archivos suelen viajar en mi memoria USB. Alguna vez he usado Ubuntu One, el disco ‘en la nube’ de Ubuntu o me he enviado los archivos por correo a mi mismo para tenerlos accesibles desde cualquier ordenador que trabaje. Con mi despiste, la forma más segura de tener disponibles mis notas casi en cualquier circunstancia es tenerlas en la red. Solo son casi todas las circunstancias porque en aquellos momentos en que no dispongo de conexión a internet, no estarían disponibles. Sin embargo como el uso es recopilar información de la red, si no hay acceso a la red, tampoco tendría mucho que recopilar.

Evernote

Hace tiempo que creé mi cuenta en Evernote, pero hace poco tiempo que lo estoy usando intensivamente. Esta aplicación permite tener un bloc de notas en la red. En windows dispone de una aplicación que permite gestionar las notas sin estar conectado a la red, aunque también puede usarse, como en Linux a través del navegador.
En Firefox o Chrome se instala un plugin que permite recopilar información de las páginas que visitamos, pero en Windows, Android, iPhone y otros dispositivos moviles, se dispone de una aplicación que permite gestionar y editar las notas sin estar conectado. Cuando se vuelve a conectar con internet, la aplicación sincroniza la copia local con la existente en la nube. Siempre es posible acceder a las notas en la web y exportar las anotaciones como archivos en formato HTML que puede ser una forma de archivarlos para borrar las notas obsoletas de la aplicación y seguir manteniendo su numero en una cantidad manejable.

Evernote

Comparado con Evernote la herramienta de Gnome llamada Gnote -una actualización de Tomboy– tiene la ventaja de los fáciles enlaces entre notas y a cambio está algo limitada en los formatos, la gestión de las notas es menos cómoda y la integración con la web inexistente.
Por tanto, aunque me gustaría disponer en Linux de la aplicación de escritorio como en Windows, me basta con la gestión a través del navegador web, que es cómoda, de forma que Evernote se ha convertido para mi en una herramienta imprescindible.

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