Garrick

El pasado sábado día 18 estuvimos en Barcelona. Mercedes tenía la sesión de este mes del curso de cocina en el Museo del Chocolate, mientras yo me fui a hacer fotos al aeropuerto del Prat con Manel Canelles. Tuvimos ocasión de probar el puesto de observación que ha hecho el ayuntamiento, instalación pionera en España y que espero que tenga muchos imitadores en otros aeropuertos.

El caso es que por la noche nos fuimos a ver Garrick el espectáculo de Tricicle en el Teatre Poliorama. Como en otras ocasiones que hemos tenido de ver a Tricicle el espectáculo fue divertidísimo. No dejamos de reir en ningún momento.

Garrick

Es espectáculo toma el nombre de David Garrick, un «célebre comediante inglés del siglo XVIII al que, según cuenta la leyenda, estaba tan extraordinariamente dotado para la comedia, que los médicos recomendaban sus actuaciones como una especie de “remedio mágico” capaz de sanar cualquier penda del alma«. A partir de aquí el espectáculo se desarrolla como un manual de risoterapia en el que cada escena representa un método para hacer reír.

Si teneis ocasion de verlo, en Barcelona o en cualquier otro sitio, no dejéis de hacerlo, sin duda alguna reirse es una actividad muy sana, pero sobre todo, divertida.

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El día del libro

Un año más. llega el día del libro que este año casi se une a las Fiestas de Figueres ya que, aunque son para las Cruces de Mayo, el Ayuntamiento ha decidido hacer casi todos los actos antes de ese día de forma que por ejemplo, el pregón de las fiestas es el viernes 24.

Ya he comentado en este blog la especial significación que adquiere en Catalunya la «diada de Sant Jordi», con sus libros, sus rosas y el orgullo de haber aportado una jornada tan bella al legado de la cultura universal.

Lo malo es que parece ser que si les dejas suficiente tiempo, los hechos se empeñan contradecir a los sueños. Ayer mientras paseaba por la feria del libro en Figueres pensaba en que se trataba de un desafortunado montaje y que prefería pasar cualquier otro día por una librería con toda tranquilidad que meterme en aquel barullo de gente.

La carpa que con buena intención ha montado el Ayuntamiento y que servirá este año como «envelat» -es decir, el «local» para los bailes de la feria- no hacía sino aumentar la sensación de bochorno. En este caso el tiempo se ha apresurado a llevar la contraria a los pronósticos ya que estos son tiempos de lluvia más que de calor pero el bochorno debajo del techo de lona plastificada era enorme. Como consuelo, seguro que nos protegía del bombardeo de estorninos (aunque no los hay en estas fechas) y palomas (siempre presentes y dispuestas al combate).

Otro factor disuasorio es la abundante presencia de puestos de partidos políticos, con su literatura de adoctrinamiento a precios de oferta. No tengo nada en contra de que cada uno piense lo que le de la gana y participe en política a través de los cauces legales, pero ¿es Sant Jordi la jornada adecuada para la captación de nuevos militantes?.

Yo creo que no. Yo creo que la auténtica cultura, como la ciencia, es un mensaje universal que trasciende las ideologías y las opiniones. La cultura que nos impulsa a leer y a conocer solo puede afrontarse con la mente abierta y el ánimo dispuesto a comprender y hoy en dia, desgraciadamente, no encuentro en los partidos políticos ese mensaje sino más bien el de la negación del adversario sin tan siquiera controversia ni debate, el engreimiento del que se siente poseído por una verdad mesiánica y en la obligación no solo de propagarla sino de perseguir la herejía. Un panorama de auto censura que impide la aproximación de posturas y llegar a acuerdos y que en definitiva es contrario no solo al concepto de cultura y conocimiento sino también al bien común por lo que siendo este el fin último de la política, esta resulta pervertida y desvirtuada. No me queda más remedio que citar otra vez a Ortega y Gasset: «no es eso, no es eso«.

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Despiste de Ryanair en Cagliari

Como epilogo a la historia del vuelo a Girona, al dia siguiente un aviónde Ryanair aterrizó en Cagliari sobre la pista de rodadura en lugar de hacerlo en la pista principal. La autoridad aeronáutica italiana indicó en un comunicado que investigaría el incidente, como por otra parte es normal y la prensa se hizo eco poniendo el acento en la duda sobre la preparación de los pilotos de Ryanair.

A mi me envió la noticia mi vecina Mariona, que había sufrido con nosotros el regreso de Cerdeña según aparecía en El Diari de Girona o en El periodico aunque ahora ninguna búsqyueda en esos diarios permite encontrar la noticia. Tambien se publico en la prensa italiana como la inefable Unione Sarda que nos acompañó e todo nuestro viaje por la isla (¡Cuantos kioscos!)

El caso es que luego leí en algun foro de aviación que la pista de rodadura se había estado usando hasta hacia poco como pista de aterrizaje mientras reparaban la pista prncipal e incluso en algunos foros decían que el NOTAM estaba en vigor o lo había estado hasta el día 9, pocos dias antes del incidente, asi que el error garrafal se convierte en pequeño despiste.

Sin disculpar el despiste de la tripulación, hay que destacar los importantes matices que desprecian la mayor parte de las veces los que relatan estos hechos ya que a veces los matices, estropearían el titular.

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Vuelo desastroso

El vuelo de vuelta desde Calgari (Cerdeña) a Girona del sábado once de abril fue un auténtico desastre. Por suerte, sin víctimas, salvo la profesionalidad y prestigio que pudiera tener la tripulación de cabina que murió ante nuestros ojos en medio de una agonía angustiosa.

Como es costumbre últimamente en esta compañía, tres filas al principio del avión (2,3 y 4) no podían ser ocupadas. Sin embargo un grupo de pasajeros que embarcaron los últimos por la puerta de atrás llegaron hasta ellas sin haber encontrado un lugar donde dejar sus maletas ni donde sentarse a su acomodo (querían ir juntos y, evidentemente, eso no era posible en los asientos que quedaban).

Por el procedimiento de quedarse de pie junto a las filas vacías y protestar (eso si, sin gritar) consiguieron que una sobrecargo evidentemente enferma -tenía claros síntomas de gripe o costipado- y una TCP pusilánime les dejasen, primero acomodar sus maletas en los asientos (en un vuelo pasado a mi me obligaron a bajar mi equipaje de mano a la bodega sin resguardo…) y después acomodarse ellos. ¡Eso si que es prioridad de embarque sin pagar un duro!.

Durante el vuelo se sucedieron los gritos y el escándalo de un grupo que viajaba al final de la cabina y la tripulación desarrolló su tarea con visible nerviosismo, incompetencia y grosería, como cuando la TCP pusilánime le dio a mi mujer que debía poner su chaqueta (con la que se estaba tapando las piernas) debajo del asiento de enfrente y cuando lo hizo la empujó con el pié para ¿encajarla? en ese sitio. Mercedes se indignó, ya que en las filas de los «protestantes» la gente llevaba las chaquetas sobre el asiento de delante, así que ella recuperó la suya e hizo lo mismo. Durante el viaje, cada TCP que pasó por mi lado embistió con su pierna o su trasero mi brazo, que tenia puesto de forma lo más modoso posible sobre el apoyabrazos para intentar sostener la revista que leía.

Cuando llegábamos a Girona se mascaba la tragedia, porque sobre Figueres aún estaban vendiendo cupones y luego pasaron las tarjetas de teléfono (o viceversa).

Una de las TCP iba por la fila cinco ordenando abrocharse los cinturones, subir las mesas y apagar los MP3 cuando la sobrecargo pasó a la carrera, la cogió del brazo y le dijo: «déjalo, siéntate» tirando de ella y lanzándose casi en plancha sobre sus asientos: ya habíamos sobrepasado la cabecera de pista de GRO y a duras penas consiguió apagar las luces antes de tocar la pista.

Al rodar por la pista el «gallinero» empezó a levantarse de sus asientos mientras la sobrecargo berreaba con sus últimos espasmos de voz por el micrófono que se sentasen hasta que el avión se hubiera detenido.

Mientras desembarcábamos, el avión parecía haber soportado una dura batalla: las preciosas revistas de Ryanair, con sus ofertas de ganancias millonarias en Loterias y productos «mas baratos que en su tienda» estaban tiradas por el suelo y la tripulación de cabina estaba descompuesta y desorientada. Al fondo, los del jaleo seguían berreando.

Aeroport de Girona

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Ultimo día en Cerdeña

Nuestro último día en Cerdeña decidimos visitar Iglesias. La lluvia nos acompañó como los otros días y solo impidió volver si haber fotografiado a una mala pecora, ni tampoco una buena, ni un rebaño de ellas.

Sin ambargo el paisaje siguió siendo verde y en Iglesias tuvimos ocasión de ver más ejemplos de la arquitectura mediterránea que nos es tan familiar. A la vuelta a Cagliari pudimos sustraernos momentáneamente de la lluvia, encontrar un restaurante donde comer con fútbol por televisión de fondo y dedicamos el resto del día a las «últimas compras» eso si acompañados de la pertinaz y familiar lluvia mediterránea de abril.

Entre las compras hubo cosas tan variadas como unas flores de calabacin que a Mercedes le parecieron tan tiernas que no se pudo resistir porque dijo que en Figueres no las encontramos de ese tamaño. Mariona se compró una jarra de vidrio para su colección y yo un libro sobre las operaciones aéreas aliadas con base en la isla durante la Segunda Guerra Mundial que comentaré en su momento (cuando lo haya leído).

Y después de pasar hasta por un supermercado, nos fuimos al Aeropuerto, pero esa ya es otra historia.

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La isla verde

Después de la experiencia del viaje a L’Alghero en relación a los kilómetros y la lluvia, se nos quitaron las ganas de volver a ir a la otra punta de la isla. Quizás si el día hubiera tenido mejores perspectivas meteorológicas nos lo habríamos planteado, pero después de ver el pronóstico del tiempo, decidimos hacer una excursión por el suroeste de la isla.

Como el día anterior, el color del paisaje era verde. Cerdeña resulta sorprendentemente verde, al menos en esta época del año.

Nuestras expectativas fueron en exceso optimistas. En principio habíamos pensado en llegar a Sanluri y luego seguir por el oeste hasta la costa, bajar viendo pueblos y parajes de interés, comer en Iglesias y por la tarde visitar el sur de esa zona.

Lo cierto es que aunque el museo que pensábamos ver en Sanluri estaba cerrado (inexplicablemente, abrían después de semana santa), encontramos muchos paisajes interesante y poca lluvia por la mañana. Recorrimos por carreteras que casi no merecían tal nombre paisajes muy hermosos, la región de las viejas minas de Montevecchio que conservaban restos de las explotaciones y llegamos al zenit del día en la playa de Piscinas donde se encuentran las dunas consideradas las segundas mas altas de Europa.


Playa de Piscinas Ver mapa más grande

Ya era la hora de comer y evidentemente no íbamos a completar nuestro ambicioso periplo. Comimos en Buggerru, un curioso puerto deportivo en una cala encajonada en una zona -como no- antiguamente minera. La pitanza no merece comentario y solo haré una breve referencia a que desde entonces Miguel Angel muestra una extraña aversión a los calamares fritos aunque en justicia más atribuible a su abundancia que a otro defecto que pudieran tener.

En estas Mercedes sugirió ir a ver Carbonia, que no es un país vecino de Sylvania en los tebeos (comics) de Tintín, sino una ciudad que fundó Mussolini se supone que apra os obreros del carbón. La guía decía que era un ejemplo de arquitectura fascista y Mercedes pensó en algo grandioso y magnífico, pero resulto ser cutre y pretencioso y escasamente conservado. Salimos de allí sacudiéndonos las zapatillas para ir hacia la Isla de Sant’Antioco a donde curiosamente se llega atravesando un puente. Debido a la hora pensamos que sería un sitio estupendo para ver atardecer y pasando por Calasetta, buscamos la costa occidental.

Llegamos a un hotel perdido del mundo, donde sin embargo no tenían una terraza para tomarnos unas cervezas viendo ponerse el sol, así que seguimos en dirección a los acantilados para encontrar una antigua posición de artillería de la segunda guerra mundial, que constituyó un excelente observatorio.

Acabamos el día viajando hasta Cagliari por el camino más corto y cenando en u lugar que me llamó la atención el primer día por que había bastante gente. Se trata de la Pizzeria-Bistechecheria Il Porcile donde cuentan con un buen repertorio de pizzas y carne y una cerveza holandesa la McFarland, fabricada por Heineken en Holanda con un color oscuro (cerveza roja) y un suave fondo de caramelo y malta ligeramente tostada que es justo lo que me gusta en las cervezas.

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L’Alghero, Paisos Catalans

Hoy ha sido un día de desilusiones. Ni bueno, ni malo, estamos de vacaciones y hay que disfrutar lo que viene, pero uno tiene su corazonzito y estas cosas van dejando su huella.

La primera decepción del día ha sido comprobar que la previsión del tiempo no había errado en el pronóstico de lluvias. La segunda experimentar que la ducha de la habitación es tan pequeña como parecía, la tercera que el frutero del comedor de desayunos era un mero adorno y lo único que había para desayunar era un café, un panecillo con mantequilla y mermelada y unos crosisants aceptables.

No es que la pitanza tuviera defectos, es que esperábamos algo más variado. Pura gula.
Es lo que suele suceder con las decepciones: la mayor parte no son defectos de la realidad sino expectativas falsas que nos creamos sobre la misma. La realidad es la realidad y lo único que deberíamos esperar de ella es apreciarla sin deformaciones.

En la Hertz nos esperaba el coche apalabrado ayer. Un Mercedes Clase A automático al que hemos añadido un GPS para no perdernos del todo. A trompicones por la falta de costumbre de conducir sin cambio y después de alguna vuelta esperando a que el GPS se situase, hemos tomado la autopista que recorre la isla de un extremo al otro.

Nuestra intención principal era visitar l’Alghero o l’Alguer, la parte de Cerdeña donde se habla catalán. Al menos eso dicen y nosotros queríamos comprobarlo.

El viaje ha sido pesado, la mayor parte de él ha estado lloviéndo entre ‘de forma contínua’ y ‘a cántaros’. A la ida hemos decidido tomar el camino de la costa a partir de Bosa, un pueblo precioso a la orilla del río Temo, el único navegable de Cerdeña. Las casas con las fachadas de colores subiendo por la colina hacia el castillo de lo Malaespina de da una vista solo truncada por un par de grúas de construcción. Alli ha aprovechado Mercedes para entrar en tratos comerciales con el sector de la joyeria sarda que tenía fabricados unos pendientes de filigrana esperando su especial visita y claro, ante la proximidad de su cumpleaños, no nos hemos podido resistir.

Como si estuviera preparado, Bosa ha sido el único alto en que ha dejado de llover. Por una carreyera tortuosa de paisajes memorables con calas y acantilados y montañas teñidas de amarillopor la genista y de blanco y verde por el mirto, hemos llegado al Alghero.

La primera necesidad urgente que hemos atendido ha sido la de buscar un restaurante. Queríamos comer la langosta a la catalana que al parecer es típica de esta tierra, pero los hados de la pesca no nos han acompañado y hemos acabado comiendo bien, pero otra cosa.

Nada de gente hablando catalán. Quizás algún de Barcelona, tan intrigado como nosotros. En el restaurante hemos preguntado. En l’Alghero nos han dicho se habla el ctalan del Alghero -diferente del catalán de cataluña, nos han remarcado- en familia y principalmente la gente mayor. La gente joven habla poco catalán. En la escuela se estudia en italiano y también el sardo.

Los nombres de las calles y otros letreros figuran en italiano y en catalán. Con nombres bien diferentes en las calles el antiguo en catalán el moderno en italiano. Hay varios monumentos interesantes, las murallas, la catedral, la iglesia de San Francisco y un antiguo palacio convertido en heladería.

En fin, algo muy normalito en un país de larga tradición artística y historia antigua como Italia, algo previsible en un área turística donde el catalán es una curiosidad más que miman con el mismo cariño que las playas porque atrae a turistas del principado en busca de los límites míticos de los no menos míticos ‘Paisos Catalans», ensoñación febril de algunos folkloristas políticos.

Después del baño de realidad, el chaparrón bajo un cielo negro abierto sobre nosotros nos acompañó toda la tarde en el regreso a Cagliari, donde buscamos refugio para cenar en Jannas, un restaurante próximo al hotel, recomendado con mucho acierto por la guia de El Pais.

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A Cagliari con Ryanair

Después de volar sobre un mar de nubes, el avión ha empezado a descender entre una sopa gris a la que aparentemente no íbamos a encontrar el fondo. Al final, como Rodrigo de Triana, hemos visto Tierra. Tierra y mar, ¡vaya casualidad!: Cerdeña estaba justo debajo del sitio donde hemos bajado de las nubes. El piloto se ha alejado, a mi modo de ver un poco imprudentemente,pues ya que habíamos visto Tierra, no era cosa de perderla de nuevo. Habría dejado una linea de piedrecitas por el camino o algo así porque ha conseguido volver y Cagliari ha aparecido a mi derecha. Una ciudad grande, con muchas cuestas. Es algo que se ve a simple vista y que luego hemos tenido ocasión de experimentar.

Cagliari

El Aeropuerto queda muy cerca de la ciudad y un taxi nos ha dejado en Via Serdegna, frente al Hotel Italia, donde nos alojamos. Tiempo justo de registrarnos, dejar las maletas y salir a tomar contacto con la ciudad. Si, hay muchas cuestas y grandes contrastes. Edificios viejos y viejísimos, rehabilitados y cayendo a pedazos, edificios nuevos vanguardistas, algunos solo con pretensiones y otros sencillamente horrorosos. Mediterráneo. Cerdeña y Cagliari son eminentemente mediterráneas y podríamos estar en Mallorca o en cualquier otra ciudad italiana o del Levante español.

Tengo que buscar la característica que define a Cagliari y a Cerdeña. La arquitecura me recuerda los dibujos de Escher y los cómics del Corto Maltés. La ciudad nos saluda bajo un sol radiante como si se hubiera arreglado para saludarnos. Subimos hacia la catedral echando fotos y descendemos de nuevo buscando un restaurante. Nos encontramos con el Baluarte de San Remy y su impresionante geometria. Sencillez y elegancia de formas. Me dejo el dedo en el disparador echando fotos, muchas de ellas para panorámicas que no podré montar hasta que volvamos a casa.

Comemos por alli cerca. Muy bien, como suele suceder en Italia a poco que tenga uno cuidado al elegir el sitio. Después de la siesta en el Hotel, la bienvenida se ha acabado y el traje de diario es de lluvia intensa, de algunos ratos solo de nublados y a veces suave goteo del cielo.

Mas vueltas a la ciudad. Tiendas. De ropa y bisuteria y muchos kioscos. Aque la gente debe leer mucho la prensa. Se nos hace de noche paseando por la ciudad y acabamos el día cenando en la Tratoria Lepanto, otro acierto de pasta y quesos del país.

Y por fin, la habitación, el descanso y esta crónica que tengo que acabar para mañana poder estar a la hora en la oficina de alquiler de coches donde hemos de recoger el que nos llevará a Alghero, en el norte de la isla.

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Jornada Castellera

Ya había escrito alguna vez en el blog sobre mi admiración por el mundo de los castellers. En Lerida mi hermana y su marido pertenecen a la colla de Castellers de Lleida y el sábado, con motivo del carorce aniversario de la misma, realizaron una actuación junto a la Colla Castellera del Xiquets de Reus y la de los Xicots de Vilafranca.

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Yo me acerqué a la Plaza de la Paheria para verla y con la esperanza de hacer algunas fotos interesantes. No es difícil hacer fotos interesantes ante un espectáculo tan singular. El ambiente era estupendo y después del saludo del Alcalde los «caps de colla» empezaron a organizar a su gente para levantar los castillos. El primero de los de Lleida fué un «cuatre de se amb agulla». Es decir una torre en la que el tronco se levanta con grupos de cuatro personas y sobre cuatro pisos de cuatro personas, «la canalla» (los chiquillos) forma el «pom de dalt» que son los tres últimos pisos, formados por «els dosos» que como su nombre indica son dos, sobre los que se sube «l’acotxador» que se agacha sobre ellos para que el más pequeño, «l’axeneta» ponga sus piernas sobre el como si montase a caballo y levante la mano para hacer «l’aleta» que indica la coronación del castillo y el fin airoso de la primera parte de la operación que no se dará por concluida con éxito hasta que todos hayan vuelto al suelo de forma ordenada, lo que se llama «descarregar» (descargar) el castillo humano.

Si el éxito no acompaña la operación y los componentes del castillo se caen o este se desmorona desordenadamente se dice que han «fet llenya» (hecho leña) y el intento se da por fallido. Es poco frecuente que en las jornadas castelleras haya lesionados. La piña que apoya al base de la torre humana hace de amortiguador y como en el karate, los miembros de la colla tienen entre su entrenamiento la habilidad de caer ‘con cuidado’. No obstante y debido a algún accidente ocurrido hace algunos años, los más pequeños suben ahora siempre con casco.

El «cuatre de set amb agulla» es un castillo precioso. Después de cargar los siete pisos y cuando empiezan a descender sus componentes aparece en el centro de la torre la ‘agulla’ (aguja) una columna de a uno que se mantiene asombrosamente en equilibrio y que se descarga a continuación. Pude recoger todo el proceso en un vídeo que he subido -por primera vez- a Vimeo.


Castellers de Roberto Plà en Vimeo.

Editado el 30/11/2023 para actualizar el sistema de inserción del vídeo

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